Cartas que me han ayudado – W.Q. Judge

Libro I – Parte 7 de 15

Carta VI

Querido Jasper: Es un gran adelanto el hecho de que tú oigas las campanillas que muy pocos captan y es evidente que te encuentras donde puedes oírlas y, en realidad, es algo significativo. No busques la voz de las campanillas, pero considera las ideas que en aquel momento entran en tu cerebro, aplicándoles el criterio de prueba de tu Alma, como le sugeriste a B. El hecho que te sientes “muerto,” es algo acerca de lo cual no deberías preocuparte. Probablemente, estás sujeto a la operación de la ley que prevalece en la naturaleza y a la cual se hace referencia en la página 14 de la revista “Path” de Abril 1886. Lo que llamas “muerte,” es el alma que se dirige a un nuevo sitio, un nuevo medio ambiente donde, permaneciendo silenciosa por un tiempo, acumula fuerza y empieza acostumbrarse a sus nuevos alrededores y después principia a moverse. En el diario vivir, una ilustración de esto es la vergüenza de un niño, que es la timidez sentida en un nuevo medio ambiente y corresponde a lo que acontece al alma cuando va a un nuevo sitio o a nuevos contornos.

Nuestros esfuerzos no pueden perderse ni destruirse. Cada aspiración más elevada ilumina la senda, conectando al ser superior con el inferior. No es lo que se hace lo que cuenta, sino el espíritu con el cual realizamos la cosa más pequeña. Escucha las palabras del Maestro:

“Él que hace todo lo posible, dando lo mejor de sí, hace suficiente para nosotros.”

El simple hecho de que un ser humano aprecie estas verdades y sienta estas aspiraciones, demuestra que se halla en la justa senda. Es bueno recorrerla ahora. No viviremos por siempre. La muerte tiene que llegar. Por lo tanto, ¿cuán mejor sería abrazar la muerte mientras estamos trabajando, más bien que desviarse, sólo para verla emerger repentinamente en vidas futuras? El inmediato renacimiento espera a los que están siempre trabajando con sus corazones concentrados en la obra de los Maestros y exentos de interés personal.

El Espíritu único está en todo, es la propiedad de cada uno, por lo tanto está siempre allí, siempre con nosotros y, al reflexionar sobre esto, no queda mucho espacio para el dolor o la ilusión. Si creemos que la totalidad del Tiempo y no una parte, es lo que mide el alma de todo, entonces no atendamos a estos momentos que se relacionan sólo con nuestro cuerpo. Si vivimos en nuestros corazones, pronto demostraremos que el espacio y el tiempo no existen. Nada de extraño al Maestro entra allí, nuestras limitaciones no están. El corazón Lo alcanza siempre y no cabe duda que El conteste. El responde, yo lo sé. Nos ayuda mientras nos deja a nuestros recursos. El no necesita encorvarse para ver nuestra devoción, ya que ésta es de calidad celestial y alcanza por todos lados.

No, no digo, ni dije, que deberías hacer algo más de lo que haces. Cada uno de nosotros hace lo posible. Nadie puede ser el juez de ninguna criatura existente, por eso no te juzgo para nada. En la gran suma total, tu vida podría ser más grande que alguna otra vida que yo o alguien más hayamos conducido. El hecho de que estés en América, en Europa o en la India, no cambia nada. Esto quiere decir buscar las condiciones. He llegado a la comprensión de que los mismos Maestros se han elevado de condiciones profundamente peores que las nuestras. No importando dónde estemos, el mismo espíritu compenetra a todo y es accesible. Entonces ¿qué necesidad tenemos de cambiar de lugar? No nos transformamos cuando trasladamos el cuerpo a otro sitio, lo sujetamos sólo a una influencia diferente. Para cambiar, debemos haber llegado al punto de detestar el sitio del cual nos movimos. Esto se llama apego mediante los opuestos y puede perjudicar, al igual que todo lo que perturba el equilibrio del alma. Tú sabes que los dos exactos opuestos producen el mismo resultado y por lo tanto los extremos se tocan.

La llama caliente de la cual hablas es una de las experiencias, al igual que los sonidos. Existen tantas, pero tantas de estas cosas. A menudo resultan de extrema tensión o vibración en el aura de un aspirante con una pura devoción. Ellas son él mismo, por lo tanto debería vigilarse para que no las considere maravillas. A menudo son “apariciones en Brahm.” Son como nuevas luces y panoramas para un marinero en una costa desconocida. Continuarán, se alterarán o se detendrán. Debes sólo notarlas cuidadosamente sin “mostrar maravilla y sin asociarte a ellas.”

No puedo decir más. Toda la ayuda que extiendes a otra alma es una ayuda a ti mismo. Es nuestro deber ayudar a todos y debemos empezar con los seres más próximos, ya que dirigirse lejos buscando almas que podríamos posiblemente auxiliar, implica nuevamente abandonar nuestro deber actual. Es mejor morir cumpliendo nuestro deber, por mediocre que sea, que intentar aquel ajeno. Por lo tanto, levanta tu cabeza y considera la cantidad de culpas imaginarias anteriores. Fueron medios y maestros. Elimina toda duda, temor, arrepentimientos y toma libremente de la verdad lo que puedas asimilar a cada paso. Así, será positivo. La Verdad Eterna es una e indivisible y, de vez en cuando, podemos obtener de los Padres (Pitris) vislumbres de lo que es verdadero.

En realidad, según mi punto de vista, las palabras son cosas. En lo que concierne al plano inferior de la relación social son cosas, sin embargo desprovistas de alma y muertas ya que el medio ambiente convencional en el cual nacieron les hizo abortar. Pero, una vez que nos alejamos de tal convencionalidad, las palabras llegan a ser vivas proporcionalmente a la realidad y pureza del pensamiento que las sostiene. Por lo tanto, en la comunicación entre dos estudiantes, desempeñan el papel de cosas y los estudiantes deben tener cuidado de que la base de la relación se haya comprendido totalmente. Usemos con cuidado estos mensajeros vivientes llamados palabras.

Donde considere que te equivocas hablaré, para advertir a mi Hermano quien temporalmente no sabe. Ya que si no tocara el clarín, otras cosas podrían extraviarlo conduciéndolo, momentáneamente, a donde podría estar contento, sin embargo, después se arrepentiría y cuando su error llegara a ser evidente, justamente me susurraría, a través de los obscuros siglos de separación, que no mantuve mi deber de asesorarlo.

Como siempre Z.

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