Taller más vida

TALLER MÁS VIDA-La visita a internos de centros de prisiones como actividad de servicio.

Reflexiones

 

Viernes 9 de febrero

Seguimos reuniéndonos en este nuevo ciclo. Es el quinto viernes que estamos participando de esta experiencia. Cada viernes es una especie de intervalo, de espacio entre días de la semana, de espacio entre actividades, de un momento de silencio entre nuestras muchas ocupaciones. Este intervalo adquiere tintes de sacralidad cuando tomamos conciencia de que es un ir a beber de la fuente, de nuestra naturaleza esencial. Nuestro estar unidos, simplemente acompañándonos, simplemente compartiendo nuestra presencia, simplemente dedicándonos unos a otros nuestra atención es un momento muy particular, muy singular. Profundizar en su sentido y advertir que cada reunión, que cada encuentro es tomar el alimento espiritual que precisamos para afrontar nuestras vidas resulta algo conmovedor. Es algo que está al alcance de todos, este mirar con serenidad, desde la calma, desde este altar de silencio en donde las preguntas y las respuestas son una y todo rebosa de paz y adquiere pleno sentido. Somos ese espíritu presente en todo, somos la Vida que se esparce por doquier y nosotros sólo tenemos que permitir que esa inmutable y eterna presencia se dibuje a sí misma en los lienzos del tiempo. En este reunirnos, en este compartir unidos, en este altar de silencio nos retiramos y aprendemos a hacerlo con un ritmo vivificador. El Amor respira en nosotros y pinta con mano invisible la belleza, la verdad y la bondad. Respirar conscientemente el amor torna visible el lienzo y la pintura, y nos sabemos al tiempo la mano pintora, los pinceles, el lienzo y los colores que juegan y danzan en una fraternal conciencia de unidad.

Viernes 2 de febrero

Hoy es el cuarto día de reuniones en este nuevo grupo de hermanos. Ciertamente en ellos contemplo a los más desfavorecidos, la mayoría enfermos con graves problemas de adicciones. Muchos de ellos no son capaces de acudir a actividades y su mundo es realmente un inframundo. Ellos son un nosotros. Ellos son nosotros mismos. La contemplación del universo nos pone en evidencia, nos muestra cómo cada uno de nosotros vive inmerso en un movimiento de perfección. Pero la perfección que buscamos no se encuentra en cada fotograma del movimiento. Estos fotogramas, instantes de tiempo sólo muestran el momento evolutivo, el tránsito de un crecimiento que en fases primeras o primitivas es tan deficiente que pareciera estar desvinculado de la perfección de lo eterno, de un movimiento eterno que sólo se aprecia cuando en el silencio profundo de nuestro corazón nos abrimos a una comprensión que nada tiene que ver con nuestros credos ni razones. Cuando me hago como un niño en el intento de comprender, veo niños a mi alrededor, todos aprendiendo y todos anhelando el afecto y comprensión de los demás en un mundo que aterra en el mismo instante en que debemos de aprender a caminar solos. Entender que nada camina y que nadie está solo es parte del aprendizaje. En el amor tomamos conciencia de la unidad de la que formamos parte inseparable y que lo único real es la Vida misma que nos da el aliento preciso para vestir nuestros cuerpos viajeros del impulso vital de ser la vida viviendo. Hoy he podido contemplar el amor y sentir y gozar del amor y quietud que en unión con cinco hermanos nos hemos regalado. Ciertamente un oasis de amor es la puerta perfecta al Amor mismo, no importa que los sentidos nos hagan creer que todo el recorrido que nos falta por afrontar sea desierto, porque en el Amor no hay arena sino sólo fuego transformador.

Viernes 26 de enero

En nuestro particular aprendizaje todo tiene un sentido, y siempre la Vida nos invita y nos convoca a descubrir a redescubrir la esencia que somos, nuestra naturaleza real que sustenta nuestras conciencias y territorios por donde transitamos. Estamos invitados por la Vida a un mirar en profundidad, más allá de toda apariencia, de toda memoria, de todo patrón. Estamos invitados a entender cuanto rige en nuestras vidas para liberarnos de las ataduras de un sufrimiento recurrente que se nutre de nuestra propia ignorancia. Es sólo la ignorancia de nuestro linaje divino, la ignorancia de nuestra condición de seres divinos, la ignorancia de los bienes inmortales que conforman y dan sentido a nuestro caminar por el sendero de la evolución, es toda esta ignorancia la única causa de una o mil creencias que no son mapas fiables, que no son brújulas para orientarnos en nuestra noche. Hoy hemos hablado de lo que se ve y de lo que no se ve; de cómo conviven y se concitan ante nuestros sentidos tantas y tantas cosas que nos pasan desapercibidas por nuestra falta de educación en atender, en mostrar interés por quienes conviven a nuestro lado, dando y recibiendo estímulos a los que dar respuesta y completar el círculo de nuestro crecer y madurar. Crecer y madurar es ver la luz que todo lo circunda y compenetra; crecer y madurar es sentir la unidad de la Vida que todo lo abarca y ampara; crecer y madurar es no tener otro propósito que atender el presente que acontece a cada instante en nuestras vidas, porque este propósito no es otro que el de la Voluntad superior que todo lo ordena. Todos estamos en este sagrado aprendizaje porque todos somos las estrellas y soles que danzan en cada pequeño o gran universo. Y este universo es la Vida Una, no importa bien si la etiquetamos o no con nuestras mentes siempre que la sintamos con el Corazón. Este Corazón es la clave de cualquier comprensión y sabiduría de Dios, es su propio latir en nosotros.

Viernes 19 de enero

En nuestra aproximación a este querer entender de la Vida, de participar en ella libre y con determinación apasionada no hay nada mejor que el abandono en ella misma. Es la intención que ocultamente nos gobierna la que dirige nuestros pasos para enseñarnos que no hay otro paso que el del amor, que no hay sendero distinto que el del amor. Y en el amor se descubre el universo que se goza en todo cuanto ante nuestros sentidos se advierte. Y aún más allá, el amor siempre está presente, en donde no vemos, en donde no oímos, en donde no tocamos, en donde todavía no hemos aprendido a percibir. Hoy el encuentro con nueve hermanos es y ha sido testimonio del mismo encuentro con el Dios que todo lo preside, con ese Dios que tiene su santuario en todo lo creado, no importa que a nuestros ojos la creación se nos aparezca en ropajes y rostro de mendigo o de ricas y lustrosas telas de acaudalado comerciante. El vídeo que hoy hemos compartido nos hablaba de lo que no se ve y es mayor que lo que se ve. Nos invitaba a mirar con los ojos del alma compasiva que no se inquieta por las apariencias y que es capaz de contener en sí misma el universo de quienes necesitan aprender a recibir y el universo de quienes necesitan aprender a dar. Hoy hemos podido investigar unidos cómo el universo siendo uno es vasto y múltiple en su relación y matrimonio con la belleza y con la bendición. Hoy hemos aprendido que somos mendigos poseedores del latido del corazón y que somos comerciantes poseedores del latido del corazón que nos hermana más allá de lo aparente de nuestros ropajes. Reconciliarnos con el presente que aparece ante nuestras vidas es darnos la oportunidad de dar para seguir siendo aprendices de un recibir y de un dar mayor, para redescubrir todos los rostros en uno, en la sola faz del amor. Hoy he salido bendecido por mis hermanos cuando al despedirme me expresaron el afecto con sus gestos y con el lenguaje invisible y silencioso de un amor que a todos nos iguala.

Viernes 12 de enero

Retomamos hoy nuestro taller en un nuevo módulo de internos. Cada módulo es independiente de otros, y en cada uno la vida cita y reúne a un número determinado de personas. En este caso aproximadamente cincuenta. Ellos constituyen un pequeño universo formado por cincuenta microuniversos. Ellos son nuestro nuevo regalo, al que atender y del que aprender. He podido percibir un territorio en el que todo está por explorar y descubrir, en donde nosotros pareciésemos un elemento extraño, casi unos advenedizos que se hubieran extraviado allí. Algunos nos miraban con distancia y simplemente no nos dedicaron otra atención; no les interesamos en absoluto. He percibido en el ambiente mucha tristeza y una gran desolación. Es por ello que esta labor adquiere mayor significado. Sin embargo, todo se ha ido desarrollando de manera fluida, y al cabo de un rato estábamos reunidos con nueve hermanos. El lugar donde nos hemos reunido tiene muchas posibilidades, pero era muy frío y muy sombrío. El lugar se asemeja a nuestros interiores faltos de una atención y calor que acerca a las personas a su mejor disposición. Sin embargo está lleno de posibilidades, y en esta ocasión nos sentimos muy afortunados y agradecidos por poder disponer de un ordenador que nos ayudará a presentar temas y hacer más agradable y fácil el taller a estos nuevos hermanos. He sentido que la reunión se hacía a sí misma. Que nada debía de preocuparme, y así hemos comenzado nuestra nueva andadura con una nueva y eterna invitación: la de atender y mirar en profundidad cuanto suceda fuera y dentro de nosotros. Hoy proyectamos un video muy conocido que, en tan solo tres minutos, presenta un viaje al universo y al interior del cuerpo humano. Nos muestra el macrocosmos y el microcosmos y, compenetrando y circundándolo todo, el espacio eterno, el vacío que todo lo preside y que todo lo llena. Les ha gustado mucho y ha servido para que entendamos que según desde el lugar y perspectiva en que miremos podremos ver un tipo u otro de realidad, y que esta realidad es cambiante. Vamos a viajar de la mano, por cada uno de los mundos en los que nos vemos inmersos; vamos a navegar por el mundo del instinto, de la emoción, del intelecto, y por qué no también por los mundos del alma y del espíritu. Vamos a tomar conciencia de este viajero observador, de ese yo que observa inalterado, y a comprender el propósito, el amor y la inteligencia que rigen tanto el sentido mayor de la vida como el de este pequeño microcosmos. Este taller será la nave que nos ayude a comprender el viaje y a los viajeros. Pero lo haremos muy poco a poco, sabiendo que el Universo es el que nos irá mostrando los distintos territorios de la conciencia y el cósmico ballet en el que la Vida danza con nosotros.

Viernes 29 de diciembre

 Hoy hacía siete semanas desde nuestro último encuentro. Uno de los hermanos en su despedida había rogado para que la Vida nos permitiera volver a encontrarnos. Estas fechas navideñas tienen muchos significados y quizás Rocío y yo quisimos entender algo más en qué consiste el regalo de la Vida. Quizás nos quede mucho por entender del misterio de la oración, y cómo en la unidad todo se consagra, y cómo petición y respuesta dan paso a un silencio en el que todo se hace sencillo, adquiere sentido, y la alegría se presenta como testigo de lo divino. Hoy Rocío y yo fuimos a visitar a nuestros hermanos al nuevo centro penitenciario y a todos nos ha invadido la alegría. No sabían que iríamos y al vernos apenas podían dar crédito cuando nos vieron llegar. Sus palabras así lo atestiguaban y nos hacían partícipes de su alegría por no haberles olvidado, por tenerles presentes y porque nuestra visita les hacia sentirse apreciados. Cuando la soledad es compañera no deseada el abandono y la desolación pueden invadirlo todo y, en estas fechas, la distancia de nuestros seres queridos se agranda y el pesar se agudiza. A lo largo de dos años nuestro compartir con nuestros hermanos ha sido un aprendizaje, un intento por ver más allá de lo aparente y de profundizar y tratar de vencer las inercias que nos confinan en nuestras múltiples cárceles y prisiones. Los barrotes invisibles son los más complicados de traspasar, porque las emociones y deseos, las creencias y los prejuicios son los más crueles y desalmados carceleros. Durante este tiempo hemos tratado de vencer inercias y de mirar con los ojos del alma, tratando de aprender a mirar unidos. Este mirar unidos es pura inteligencia divina, y a duras penas tenemos conciencia de ello. Esta inteligencia, presente en todo es nuestra más fiel aliada, y cuando como niños le damos la mano nos sobreponemos a todo cuanto sea un límite o barrera en el espacio y en el tiempo. Hoy hemos constatado cómo la Alegría no es nuestra alegría, cómo la Alegría no tiene causa. Hoy hemos aprendido a ser conducidos por el espíritu de la Alegría, que no requiere de intención ni de estímulo externo. La Alegría se ha presentado como testigo de lo divino en nosotros, y nosotros no éramos sino instrumentos que se gozan en la certidumbre de que el Universo se dona y regala a sí mismo en todo cuanto existe. Quizás hoy hemos estado más cerca del sentir profundo, de un estadio donde la Compasión es Ley de Leyes, donde la Fraternidad es un hecho tan sencillo como inexorable. En esta resolución y propósito Rocío y yo nos aventuramos de nuevo, en los brazos de la Alegría a un compartir con nuevos hermanos. El viernes 12 de enero la Vida nos presentará a nuevos rostros con un mismo y único corazón. Con cada oportunidad la Vida nos intima a recordar de nuevo que cada instante es la puerta de entrada y la comunión con lo Eterno.

Viernes 10 de noviembre. 

Hoy si no hemos rozado la perfección al menos la hemos intuido; hoy hemos vivido otra experiencia enriquecedora que nos estimula a seguir en el abrazo de lo que la Vida quiera proponernos. La noticia se había consumado, y supimos que todos los hermanos partirían hacia otro destino el próximo miércoles, por lo que el taller con ellos terminaba hoy. El taller “Más Vida” cerraba hoy un ciclo, y quedaba abierto a nuevos destinos. Lejos de cualquier sentimiento de tristeza quisimos celebrar nuestro último encuentro como si fuera el primero y el único. Han sido muchos encuentros y todos se resumen en una unidad que da sentido a todo cuanto vivimos todos y cada uno de nosotros. Hoy preparamos una merienda e invitamos a todos a compartir una vez más, con el mismo afecto de siempre, pero sabiendo que el afecto es creciente y nos prepara para los más altos grados del amor. Hemos querido compartir nuestra pequeña comprensión de nuestras pequeñas vidas, pero también que hay algo que nos trasciende y que ha venido haciendo que el camino se iluminara a cada paso y que  ha hecho posible que todos podamos decir que en nosotros hay una mayor presencia de Vida. La merienda fue muy bien acogida por todos y hemos intercambiado palabras de agradecimiento, de los hermanos hacia nosotros y de nosotros hacia nuestros hermanos. Hoy todos tenían un mejor ánimo y ya estaban prestos y dispuestos para el siguiente paso en el camino. En Rocío hoy pude ver no sólo la extraordinaria hermana que ha sido para todos los internos sino una madre que infundiera en todos una esperanzada y desbordante capacidad para enfrentarlo todo. Ella ha sido el ánimo cuando éste faltaba, en ella hay una entrega desde lo profundo que se torna inspiración para todos y esperanza de Vida. Yo se lo agradezco. Rocío y yo nos hemos sentido muy gratificados en las sonrisas de los hermanos, en sus miradas más luminosas porque, aunque desconocedoras del futuro, nos transmitían esperanza. Todos, en nuestra experiencia del compartir y de participar en este taller sin más vestiduras que las del alma, estamos empezando a entender que la Sabiduría de la Vida se pronuncia en el Silencio y desde el Silencio. Pero es un Silencio que se regala y revela en las palabras de lo cotidiano, que es el manto limpio y puro con el que expresarnos en lenguajes distintos, que nacen del mismo manantial y al mismo manantial regresan. Hemos aprendido juntos y unidos y lo seguiremos haciendo, no importan los tiempos y las distancias. Hemos aprendido que hay que permanecer cada vez más atentos a todas las formas y a todos los modos en que la Vida Una se prodiga y se relaciona consigo misma. Hemos aprendido que Dios se viste con infinitos rostros. Hemos aprendido que el mayor de los sufrimientos es semillero de Luz para los humildes que quieran con ella desposarse. Hemos aprendido que nuestra atención como observadores amantes de cuanto sucede dentro y fuera de nosotros nos permite ver a Dios tras el aparente rostro del hermano. Hemos aprendido que la atención, que es amor en acción, nos hace uno con la Vida, y que la Vida Una es el gozo de su expresión en las infinitas formas de belleza, de verdad y de bondad con que juega y nos invita a danzar en el Universo de lo Inefable.

Hoy, tras la merienda, tuvimos también ocasión de una última y compartida reflexión, que nos llevó a transitar apenas en un segundo desde el sufrimiento a la luz. Hubo momentos de una inspiración compartida como yo pocas veces recuerdo. El Silencio estuvo más presente que nunca y me pude percatar de la grandeza de la Voz de lo Eterno presente en aquel breve instante, y aunque mis palabras no sabrán nunca explicar el momento me veo conminado a dar testimonio de ello, porque son mis hermanos los que lo hicieron posible. Hicimos nuestra meditación y todo se llenó de esperanza, de amor por lo inexplicable y de la Luz de la Palabra siempre dispuesta para quien quisiere recibirla. Terminada la meditación uno de los hermanos solicitó hacer una oración en voz alta que yo situaré en el altar del fraternal e imperecedero abrazo del amor: “En el nombre del Padre y de su Hijo Jesucristo pido para que la Luz y la Palabra siempre acompañen a Rocío y Jesús y puedan en el futuro compartirla con otros”. Otro de los hermanos se unió a las plegarias pidiendo que la Vida nos vuelva a permitir encontrarnos. Otro hermano, sin palabras y entre sollozos, en nombre de la Gratitud por los momentos compartidos nos regaló el más maravilloso e interminable de los abrazos.

Viernes 3 de noviembre. 

Hoy todo nos guiaba a hacer una reflexión sobre el cambio y la adaptación. Al parecer todo el módulo de internos va a ser trasladado a otra prisión en otra ciudad. Esta noticia había caído como una losa entre los hermanos. Incluso en las peores condiciones sentimos que el refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer” es cierto. Tememos perder aquello que ahora tenemos y en todo cambio sentimos un miedo profundo y desconcertante que nos inmoviliza y no ayuda a la comprensión del movimiento, a la transformación. Por ello hoy hemos tenido la necesidad de abordar este tema que nos afecta a todos dentro y fuera de nuestras particulares prisiones físicas, emocionales y mentales. La conversación nació como siempre, espontánea. Fueron los mismos hermanos los que una vez iniciada comenzaron a profundizar en lo que significa el cambio y la adaptación. Todos sin excepción nos compartimos nuestras particulares situaciones vividas en el pasado, y todos pudimos comprobar que más allá de los hechos concretos y singulares de cuanto habíamos vivido, todos habíamos experimentado una misma vivencia: El cambio, la transformación, el crecimiento, la evolución en síntesis a través de distintas lecciones de vida. Todos pudimos ver cómo la mayoría de las cosas que creíamos tener hacía veinte o treinta o no importa cuántos años, ya no existía. En ocasiones nuestras familias habían perdido miembros, al igual que algunas relaciones o amistades; los lugares de trabajo donde veníamos ganándonos la vida habían cambiado una y muchas veces, nuestras casas o ciudades donde habíamos habitado habían cambiado. Nada permanecía igual, salvo la conciencia del sujeto que había tenido todas y cada una de esas experiencias. Uno de los hermanos afirmó que nada sucedía sin una razón, lo que nos llevó a mirar el hecho de que desde nuestra capacidad actual de ver que es limitada se nos escapan las razones profundas que otorgan sentido a la vida. Hemos reflexionado cómo son los ojos del alma los que nos permiten avizorar otra realidad más profunda, pero esos ojos del alma se asientan en un corazón universal, que es propio de todos porque en todos habita y a todos nos compenetra.  Convinimos todos que ha de ser esa universalidad de la vida o Vida Una la que explica, la que da sentido a todo, al eterno y permanente cambio en que la Naturaleza se goza, se desenvuelve y donde el misterio de lo eterno se hace visible en el tiempo de cada circunstancia y de cada situación. Hoy hicimos una meditación que nos dejó a todos con la palabra agradecimiento en nuestros labios y el corazón entendió algo más esos cambios que la Vida nos propone y que, en ocasiones, tanto nos cuesta entender. Hemos aceptado en el abrazo que nos dimos al finalizar la sesión que estaremos juntos en nuestro taller por el tiempo que la Vida quiera, pero unidos en lo Eterno de su sabio Plan y de sus invisibles abrazos.

Viernes 27 de octubre. 

El viernes pasado no pudimos tener nuestro taller debido a un acto institucional en el que las familias visitaban a sus familiares internos. No obstante, mantuvimos nuestra conciencia de no estar separados por frontera alguna. Hoy Rocío nos habló de algunas de sus experiencias y vivencias más recientes con ocasión de su asistencia a otro grupo de trabajo en el que estuvieron explorando la mística de todas las tradiciones espirituales y cómo éstas están unidad en un abrazo sagrado. Nos explicó cómo una gota de agua aparentemente se diferencia del agua por el contorno que la delimita, pero cuando la gota se mece en el mar, en el río, en la laguna pierde el contorno y permanece en su esencia de ser lo que es. Ello nos llevó a reflexionar sobre todas las fronteras de todo tipo que mantenemos en nuestras mentes y que nos hace seguir creyendo que somos algo diferente a todo cuanto está más allá de la frontera de nuestra piel. En ocasiones la Vida nos muestra cómo esas fronteras desaparecen y que en realidad no existen, y nos muestra que sólo queda la Vida Una que se expresa, circunstancialmente, en infinitas manifestaciones. Rocío nos compartió cómo en cierta ocasión le regalo a un hermano interno una estampa de un Cristo en el que sólo se representaba su cabeza. El hermano situó la estampa en su celda y allí estuvo mirando a la imagen durante mucho tiempo sin hablarla. Con el pasar de los días el hermano fue estableciendo una comunicación a otros niveles y sintió la necesidad de pintar al Cristo. Una vez lo hubo hecho, creyó que tenía que pintar al Cristo pero de cuerpo entero, y no teniendo un modelo, mirándose en el espejo le prestó su figura al Cristo y así finalmente le dibujo. Cuando Rocío compartió con sus compañeros de grupo esta vivencia, se produjo un gran silencio tras del cual uno de los presentes afirmó: Dios hizo de la cárcel su santuario. Esta es en última instancia nuestra intención y propósito librarnos de los contornos y fronteras que impiden que el Santuario de la Vida sea reconocido por nosotros y que nosotros nos percibamos como el agua sagrada que habita en un mar sin fronteras, allá donde el amor de Cristo está siempre presente, allá donde solo hay una Familia que se relaciona consigo misma en un movimiento incesante, en la Oración del Universo, siempre luminosa, gozosa y armónica. La sesión la hemos terminado con nuestra meditación y con un abrazo en el que hemos perdido totalmente nuestra frontera, nuestro contorno y todos hemos experimentado esa luz, ese gozo y esa armonía.

Viernes 13 de octubre. “Sentido”

Con esta palabra sencilla, sentido, querría contestar a nuestro hermano Marcos, quien hoy de nuevo nos acompañó con su taller “El Reloj de la Vida”. Con la delicadeza que le es propia nos ha presentado y confrontado a la necesidad de entender qué es el perdón. Nadie escapa a la necesidad de perdonar y de ser perdonado, y sobre ello nos ha invitado a reflexionar y a mirar. Al término de la reunión nos pedía a todos los asistentes que con una sola palabra le respondiéramos a su pregunta, ¿cómo te has encontrado en el taller? ¿Qué tipo de sentimientos tienes? ¿qué ha suscitado en ti nuestra sesión de hoy? Quiero dar contestación a su pregunta y expresar en una sola palabra, “sentido” lo percibido desde lo más profundo de mi alma. Y sí, todo adquiere sentido. Todo adquiere sentido cuando alguien, ante nuestros ojos, se convierte en testimonio de la luz y del amor. Todo adquiere sentido cuando alguien olvidándose de sí mismo permite que la luz y el amor nos inunden para sanar nuestras heridas con ungüentos de comprensión. Todo adquiere sentido cuanto tomamos conciencia de que la luz y el amor que el hermano nos prodiga no son sólo un reflejo de la luz ni del amor sino la Luz y el Amor mismos. Todo adquiere sentido cuando comprendemos que también estamos llamados a expresar la Luz y el Amor.  Hoy bien podría decir que Marcos, en su invitación a que recorriéramos el camino entre el sinsentido de la ofensa y el sentido del perdón, ha sido la misma presencia y encarnación de la luz y del amor. Y Marcos nos sitúa con su servicio en esta comprensión, en la de que nuestro prójimo también es luz y amor. Todo adquiere sentido cuando el servicio desinteresado nos permite comprender y abrirnos a espacios más nobles donde seguir investigando y orando. El taller hoy ha dado sentido al instante y a la Vida. Este proceder, este mirar unidos, este querer dar respuesta a tanto dolor es oración. Y esta acción es el movimiento del amor, el único remedio a la ofensa y al dolor infligido en el otro y en nosotros mismos. Y hoy, Marcos nos ha llevado de la mano de la Luz y del Amor a investigar y a orar para entender el perdón. Hoy muchos de mis vacíos han encontrado consuelo y el sentido, el Propósito de la Vida, ha venido a cubrir en mí espacios de dudas y de soledad. El perdón requiere de la comprensión de un camino que hemos de recorrer y enfrentar muy conscientemente, muy atentos, siempre abiertos a la idea de que, tras el perdón, la reconciliación y la paz son hijos del Amor.

Viernes 6 de octubre

En ocasiones cuantas menos palabras mejor. Si prestamos verdadera atención en la vida, estamos repitiendo situaciones, argumentos, estamos dando rienda suelta de manera compulsiva a nuestras apetencias y deseos. Quizás algo que nunca deba dejar de repetirse es que frente a la ilusión de la separatividad la Vida es una y que formamos parte inseparable de Ella. Hoy estuvimos reunidos tres hermanos porque muchos de los internos estaban con covid, pero esto no ha impedido que nos reuniéramos y que reflexionáramos sobre esta idea de la Vida una. Alguien sabio dijo que el Amor es la ausencia del yo, del pequeño ego, de la personalidad. Cambiar el actual paradigma de la ilusión de la separatividad nos exige tomar distancia de este pequeño yo, mirar en perspectiva, desde lo alto, desde los ojos del alma, y una vez hecho esto, permanecer en el Alma, pensar desde el Alma, sentir desde el Alma, pensar desde el Alma, actuar desde el Alma. Y todo ello todo este amor nace del silencio de nuestros atribulados sentimientos y pensamientos. Sólo una mirada distinta puede transformar nuestro pequeño mundo y la percepción de nuestra pequeña célula dentro del sagrado cuerpo del Universo entero.

Viernes 22 de septiembre. Hoy el tiempo ha volado, todos hemos convenido en que pareciera que no había existido. Y todos nos hemos quedado con un sentimiento contradictorio, porque teníamos ganas de más y al tiempo nos sentíamos muy plenos. Confieso que llegué agotado al taller y confieso también que me fui enteramente renovado, alegre, confiado en la Vida. Todos estamos sintiendo que algo sucede más allá de nosotros. Hemos podido reflexionar sobre el proceso de la vida, de la extraordinaria importancia de apercibirnos de cuanto sucede. En otras palabras, muy conocidas por todos, tenemos que conocernos a nosotros mismos y al mundo, tenemos que aprender la Leyes de la Naturaleza que todo lo gobiernan y tenemos que aprender a adaptarnos a ellas. En todo el proceso hay algunas claves sobre las que hemos reflexionado, y en particular sobre dos de ellas que están íntimamente relacionadas. Por un lado, la naturaleza dual de las cosas y las leyes de atracción y repulsión; y por otro lado las cualidades de la naturaleza, en tanto que inercia, ritmo y armonía. Una observación atenta a nosotros mismos nos pondrá ante la rotunda evidencia de que en un primer estadio de nuestras vidas lo que predomina es la atracción o repulsión y nuestras adhesiones a modos de sentir, de pensar y de actuar. Conformamos un mundo en el que tratamos de estar confortables y somos presos de nuestras inercias. Las inercias nos sienten, nos piensan y actúan por nosotros; tenemos un alma de rebaño. En un segundo estadio vamos saliendo del confort debido a situaciones que comúnmente están asociadas a acontecimientos dolorosos y/o dramáticos. Aprendemos a establecer nuevos criterios, distintos de los del rebaño, y nos vamos instalando en un ritmo que permite trascender las inercias. Estos estados son simultáneos, pero la atención sostenida a cuanto nos sucede nos introduce en una nueva confianza en la Vida, en un darnos cuenta de que no podemos controlar los acontecimientos, y que si procuramos entenderlos y amarlos, la armonía aparece como algo nuevo. Permanecer en estado de atención, en un ritmo constante, nos descubre y revela la armonía del universo y de nuestra participación en Él. Es un algo nuevo que siempre estuvo y ha estado presente pero que no podíamos ver porque obedece a un estado que está más allá de las atracciones y repulsiones. Es un estado que nace del silencio y de la atención sostenida a esa Vida que habla en cada instante y cada situación haciéndonos saber que todo consiste en un sencillo observar sin que exista el observador. Cuando el alma es la que observa, no hay juicio ni prejuicio, no hay críticas, no hay sentencias ni condenas. Cuando el alma observa todo es armonía. Hoy hemos sido todos partícipes de esa armonía, que es unión, comunión, hoy hemos sentido esa paz que todo lo trascienda. Y es muy consolador que está ahí, siempre a nuestra entera disposición.

Viernes 15 de septiembre. Nuestra reunión ha sido muy provechosa y reveladora. Comenzamos siendo sólo tres y se unieron más tarde otros dos hermanos. Uno de ellos confesaba que sentía cierta preocupación y tristeza porque acudieran pocos hermanos al taller; en muchas ocasiones hemos llegado a reunirnos hasta doce hermanos. Sin embargo, recordaba que en una ocasión le dije que con que asistiera solo un hermano la reunión tendría sentido y que no hay tarea baldía. Y el mismo hermano dio testimonio de que el sacerdote que da los oficios religiosos en la prisión contó que en una ocasión nadie acudió a celebrar la misa, y que no obstante ofició la misa. Esa es una gran lección de la comunión que existe entre todo cuanto vive. En muchas ocasiones asistimos a las ceremonias religiosas o realizamos nuestras meditaciones sin atención, sin que nos apercibamos de la Sagrada Presencia que todo lo abarca y que nos compenetra a cada uno de nosotros. Cuando el sacerdote ofició la misa sin nadie más que él mismo la Sagrada Presencia permanecía siempre constante, eterna, disponible, irradiando la Vida misma para todo aquel dispuesto a una mayor revelación y compromiso de participación consciente en los tiempos de la vida y en la Eternidad de la Vida. Cuando tomamos consciencia de la Presencia Sagrada, origen de la Vida Una y expresión de la misma vida, la hacemos perceptible en nosotros y una nueva dimensión de la existencia se abre ante nosotros. Podemos ser cauce de la energía, del amor y de la luz de las que nadie podemos prescindir. La toma de conciencia de la Presencia Sagrada nos permite sacralizar cada pequeño instante del tiempo y convertirlo en lo Eterno. Tenemos a nuestra disposición todo el conocimiento para transmutarlo en la sabiduría que nos trasciende, que no es más sabia ni más cierta por el número de seguidores, porque la Sabiduría que a todos nos inspira es solo una. En nuestra meditación de hoy sólo hubo una esplendorosa y única Sagrada Presencia.

Viernes 8 de septiembre. Hoy estuvimos de enhorabuena. Rocío ha sido premiada por su dedicación al servicio y voluntariado en las prisiones. Son más de veintitrés años de continua dedicación sin más propósito que ayudar a hombres y mujeres, tratando de llevarles consuelo, afecto, palabras y sonrisas que son cura para las dolencias del alma. Me confesó que este reconocimiento le ha pillado por sorpresa. Ella nunca ha esperado recompensa salvo el bienestar de los demás. Sin duda es un premio que hacemos nuestro todos quienes tenemos la suerte de estar a su lado, ella es el regalo que como pura donación recibimos de la Vida. Ella es un estímulo para todos los que estamos aprendiendo a servir. Con ella y con su alegría, tras dos semanas sin taller hemos sentido una gran alegría al poder volver a ver a los hermanos. Nadie supo explicarlo, pero todos estábamos muy contentos. En ocasiones el sólo hecho de estar presentes, juntos, reunidos es suficiente para sentir una alegría que nada tiene que ver con los estímulos externos. Hemos charlado ampliamente sobre la felicidad, si es posible, si existe algo como ser felices, o si es un estado de conciencia más allá del deseo. No importa que cada uno exprese una idea, que cada uno tenga una visión o percepción diferente, lo que aquí nos importa es que podemos estar abiertos a la comprensión del otro, a recibir del otro algo de sus experiencias, de su despertar interno, aunque a veces no sepamos muy bien en qué consiste o qué pasos hay que dar. Pareciera que cualquier deseo es un paso hacia una satisfacción que antes o después se torna en infelicidad, en cuanto se desvanece el sentir externo que nos hacía sentirnos bien internamente. Por eso nuestra intención es la de mostrar que existe un escenario distinto, más profundo, donde la fuente de la felicidad es, y que no depende de estímulos o conquistas externas. En nuestra meditación siempre tratamos de situarnos en esa dimensión de silencio que es al tiempo energía, que es amor y que es inteligencia. Sabemos que un vislumbre de ello es importante, y que una vez percibida o intuida una chispa de esa dimensión, hay que ir hacia ella continuamente, como si no hubiera otra tarea, y entonces, la tarea de permanecer en la consciencia de esa luz, de ese amor y de esa energía que ES y en la que vivimos, nos movemos y tenemos el Ser. 

Viernes 25 de agosto

Unas breves palabras para atestiguar que el tiempo y la distancia no existen. Me separaban hoy más de 1000 kilómetros del abrazo de mis hermanos. Sin embargo, otros hermanos me acompañaban en otro singular abrazo, el del corazón que se prodiga por todos los rincones del sendero. Quizás la Vida me diera en este instante la gracia de ser consciente de la comunión en el abrazo a todos los hermanos a través del abrazo a un sólo hermano. Todos los hermanos tenían un mismo rostro, todos tenían en mi corazón un solo nombre, el que la Vida nos otorga más allá de nuestras apariencias. Ha sido un abrazo sostenido, compasivo, silente, omniabarcante, profundo, integrador, ha sido un abrazo nacido de un silencio que nos ha tocado el alma a todos, y todos nos hemos sentido inspirados a continuar en nuestras pequeñas labores. Todos nos hemos sentido partícipes de ese Silencio que nos canta con Voz clara, con músicas de color, armonía y aprecio. Pocas palabras podrán expresar el misterio, quizás una de ella la eterna gratitud.

Viernes 18 de agosto

Uno de los hermanos se me acercó antes de empezar el taller. Se encontraba muy decaído, había tenido una disputa con otro interno y todo su panorama de vida aparecía en su imaginación como un tormento. Esto es algo muy habitual entre nosotros, pero más en un régimen carcelario. Lo emocional nos arrastra y nos impide ver el futuro. Nuestro hermano se veía apesadumbrado por haber sido rechazado por otro hermano. Me decía que fuera de prisión no tenía ni familia ni trabajo, y que le era insufrible soportar el abandono también en prisión. Ante las dificultades emocionales graves todo se ve muy sombrío, nos falta el aliento y sentimos un tremendo ahogo; cualquier situación se nos hace un mundo y no sabemos cómo podremos afrontar nuestras tribulaciones y retos de vida. Le dije que trataríamos de abordar el tema de las dificultades y cómo encontrar el perdón en el otro. En realidad, uno de los propósitos del taller es la reconciliación interna con nosotros mismos y con el otro. Sin saber cómo la comunicación entre todos comenzó a fluir y otros dos hermanos empezaron a comentar que esa misma mañana habían estado hablando sobre la posibilidad de la transformación, que ellos mismos en su vida habían experimentado un profundo cambio y que sus familias ni siquiera les reconocían. Habían pasado de una vida turbulenta y llena de peligros de todo orden a lograr una paz y estabilidad internas. Esto quizás no sea muy común, pero en definitiva es el reto de todos nosotros, lograr la transformación interna, trascender el mundo de lo personal y vivir desde lo impersonal, en el amor. Uno de ellos comenzó a citar el evangelio de Juan y cómo las palabras de Jesús a Nicodemo le habían ayudado en su proceso de renovación. Hemos de nacer de nuevo a una realidad espiritual, hemos de dejar atrás al hombre viejo y hacer que nazca el hombre nuevo. Trate de enfatizar que aquello que llamamos el hombre nuevo ya está en nosotros, que es la naturaleza espiritual siempre presente, pero que hay que cuidar y alimentar como una semilla ha de ser tratada para que su potencialidad se convierta en una realidad. Hoy nuestro hermano encontró algo de consuelo en sus propios hermanos, y todos en nuestra meditación hemos invocado ayuda para ser liberados de lo que nos aflige, para sentirnos fortalecidos en el espíritu y saber permanecer en la verdad y en la justicia.  

Viernes 25 de agosto

Unas breves palabras para atestiguar que el tiempo y la distancia no existen. Me separaban hoy más de 1000 kilómetros del abrazo de mis hermanos. Sin embargo, otros hermanos me acompañaban en otro singular abrazo, el del corazón que se prodiga por todos los rincones del sendero. Quizás la Vida me diera en este instante la gracia de ser consciente de la comunión en el abrazo a todos los hermanos a través del abrazo a un sólo hermano. Todos los hermanos tenían un mismo rostro, todos tenían en mi corazón un solo nombre, el que la Vida nos otorga más allá de nuestras apariencias. Ha sido un abrazo sostenido, compasivo, silente, omniabarcante, profundo, integrador, ha sido un abrazo nacido de un silencio que nos ha tocado el alma a todos, y todos nos hemos sentido inspirados a continuar en nuestras pequeñas labores. Todos nos hemos sentido partícipes de ese Silencio que nos canta con Voz clara, con músicas de color, armonía y aprecio. Pocas palabras podrán expresar el misterio, quizás una de ella la eterna gratitud.

Viernes 18 de agosto

Uno de los hermanos se me acercó antes de empezar el taller. Se encontraba muy decaído, había tenido una disputa con otro interno y todo su panorama de vida aparecía en su imaginación como un tormento. Esto es algo muy habitual entre nosotros, pero más en un régimen carcelario. Lo emocional nos arrastra y nos impide ver el futuro. Nuestro hermano se veía apesadumbrado por haber sido rechazado por otro hermano. Me decía que fuera de prisión no tenía ni familia ni trabajo, y que le era insufrible soportar el abandono también en prisión. Ante las dificultades emocionales graves todo se ve muy sombrío, nos falta el aliento y sentimos un tremendo ahogo; cualquier situación se nos hace un mundo y no sabemos cómo podremos afrontar nuestras tribulaciones y retos de vida. Le dije que trataríamos de abordar el tema de las dificultades y cómo encontrar el perdón en el otro. En realidad, uno de los propósitos del taller es la reconciliación interna con nosotros mismos y con el otro. Sin saber cómo la comunicación entre todos comenzó a fluir y otros dos hermanos empezaron a comentar que esa misma mañana habían estado hablando sobre la posibilidad de la transformación, que ellos mismos en su vida habían experimentado un profundo cambio y que sus familias ni siquiera les reconocían. Habían pasado de una vida turbulenta y llena de peligros de todo orden a lograr una paz y estabilidad internas. Esto quizás no sea muy común, pero en definitiva es el reto de todos nosotros, lograr la transformación interna, trascender el mundo de lo personal y vivir desde lo impersonal, en el amor. Uno de ellos comenzó a citar el evangelio de Juan y cómo las palabras de Jesús a Nicodemo le habían ayudado en su proceso de renovación. Hemos de nacer de nuevo a una realidad espiritual, hemos de dejar atrás al hombre viejo y hacer que nazca el hombre nuevo. Trate de enfatizar que aquello que llamamos el hombre nuevo ya está en nosotros, que es la naturaleza espiritual siempre presente, pero que hay que cuidar y alimentar como una semilla ha de ser tratada para que su potencialidad se convierta en una realidad. Hoy nuestro hermano encontró algo de consuelo en sus propios hermanos, y todos en nuestra meditación hemos invocado ayuda para ser liberados de lo que nos aflige, para sentirnos fortalecidos en el espíritu y saber permanecer en la verdad y en la justicia.  

Viernes 11 de agosto

Hoy mi encuentro vuelve a ser desde a distancia, desde una distancia que trato de acortar por medio de mi mente y corazón. Estoy de viaje, y siempre que viajo tengo la sensación de pequeñez, de gran desconocimiento del lugar al que me aproximo, de la existencia de infinitas vidas de las que apenas tengo conciencia. Los viajes nos acercan y nos permiten tomar conciencia de que somos todos uno evolucionando en diferentes lugares, cada cual con su propia idiosincrasia. Cuanto más nos acercamos más nos damos cuenta de que sólo necesitamos el contacto para profundizar y sabernos parte de un mismo proceso y ente evolucionante viajero. El viaje es la eterna alegoría de nuestra estancia en éste nuestro pequeño universo, un universo que se expande con el contacto con nuevas realidades, con nuevas personas, con otros modos de entender y vivir. Cada persona es una invitación al viaje en profundidad, a los lugares recónditos del alma, donde tras el esfuerzo y sufrimiento del camino se encuentra reposo. El alma es lugar de reposo y también la fuente de nuevas energías con las que proseguir nuestro acercamiento al mundo, a un mundo que está siempre a nuestro lado y al que hay que atender necesariamente como el viaje más necesario. La mirada del alma es la mirada de otro paradigma por ir conquistando. Hay un lenguaje común a todo territorio, a toda nación, a todos los seres ni importa de qué continente o país, el lenguaje del corazón, es una mirada sin tiempos ni distancias, un lenguaje que es al tiempo lugar de partida, sendero y lugar de llegada. Estos días de viaje me asombraba ante el logro y realizaciones de otros seres de otras nacionalidades, pero todos parte de esta humana fraternidad que se va fraguando en el tiempo y que arriba a cada instante a nuevos espacios y tiempos en los que las diferencias se comprenden, valoran y aman. 

Viernes 4 de agosto

Nuestro encuentro de hoy ha sido otra invitación a mirar más allá de las escrituras. Conocedor de que uno de los hermanos es un enamorado de Jesús, le llevé un libro de un escritor hindú sobre el Yoga de Jesús. Este escritor nos mostraba a un Jesús Universal, a un Jesús sin otra posibilidad de ser nombrado más que con la Palabra del Amor, Palabra de Vida que Él encarnó para ser testimonio de un sendero, y la luz misma del sendero de regreso a nuestro común origen, al Padre. Jesús nos muestra qué es exactamente eso de “convertirnos en el sendero”.  Hemos reflexionado sobre Jesús, su historia, nos hemos preguntado sobre su identidad, sobre su naturaleza humana y divina. No hemos puesto nada en cuestión, y desde el más absoluto respeto a todas las visiones y creencias, nos hemos determinado a sentir a Jesús en lo más profundo de nuestro corazón, a ver quién es Jesús para nosotros, y qué representa realmente en nuestras vidas. Hemos asistido a una clase práctica en la que el conocimiento y la erudición se desnudan de sus ropajes y queda a la luz de nuestra conciencia lo esencial, la sabiduría. Esta sabiduría, auténtica revelación de lo divino y de lo humano está escrita a fuego en nuestros corazones. Nuestro corazón es una auténtica llama de fuego del Amor divino. En nuestro taller hemos desistido de buscar resultados, pero inevitablemente éstos aparecen, surgen, porque la propia Ley Natural consiste en la actualización de lo que es potencial y su manifestación en lo que también a un tiempo ES en esencia. Cuando a cada paso advertimos que existe una conciencia en nosotros que se torna en testigo de lo que ES, esta conciencia se expande en un proceso natural e inevitable y entonces tal como explican el evangelio, “lo demás se nos da por añadidura”. Nos contaba nuestro hermano enamorado de Jesús que vivió momentos muy trágicos y difíciles en su vida. Lo había perdido todo, nada le quedaba salvo un miedo atroz a ver cómo podría seguir viviendo. Se encontraba desamparado, angustiado, y entonces la solución se la proporcionó un amigo budista quien le dijo. La solución a todos tus problemas es muy sencilla. Mateo 6. Nuestro hermano se quedó perplejo, un budista le citaba como solución a sus problemas un pasaje del evangelio.

Mateo 6. 25-34. Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? 26 Fijaos en las aves del Cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre Celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? 27 ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? 28 Y acerca del vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, 29 y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. 30 Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! 31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer, ¿qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? 32 Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre Celestial que de todo eso estáis necesitados. 33 Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. 34 Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su propio afán.”

Desde entonces, confiesa nuestro hermano, la sencillez ha vuelto a su vida, la claridad, todo se ordena sin necesidad de que su mente otorgue el carácter de verdad o no a las cosas. Jesús está presente en él, y todos en nuestra meditación compartida nos hemos comprometido a ser encarnación viva de su mensaje universal del Amor. Hoy verdaderamente Jesús ha estado entre nosotros y en nosotros.

Viernes 28 de julio

Hoy nuestro encuentro permitió que el abrazo fuera físico, pero también sentido en la mente y el corazón. Marcos ha seguido compartiendo su labor entre nosotros y lo ha hecho de manera muy amorosa e inteligente. En ocasiones el servidor no necesita de grandes palabras ni actos y su sola presencia ya irradia y transforma desde el silencio y desde los planos internos. Pero a veces, además, tenemos la gran fortuna de que la presencia viene acompañada de un hacer inteligente y amoroso. La sesión práctica consistió en lo siguiente. Atrajo nuestra atención cuando comenzó a vestirse con una chaquetilla de Chef y fue repartiendo unas hojas a modo de menú gastronómico que constaba de un primer plato, un segundo plato y el postre. Pero cada comensal tenía que escribir en el menú una petición, sólo una por plato, la más importante. El primer plato representaba nuestro mayor deseo en estos momentos, y debíamos reflexionar y escribirlo en el menú; el segundo plato representaba qué exactamente estábamos deseando de estos talleres, qué esperábamos de ellos; y el postre estaba reservado para aquél otro deseo que pudiera compensar si los otros dos anteriores no se realizaban enteramente. Cada uno tuvimos unos minutos de reflexión para escribir nuestro particular menú. No resultaba fácil escribir un solo deseo, pero al poco cada uno expusimos nuestro sentir en aquellos menús. El taller tenía por objeto analizar el deseo, su naturaleza, ver porqué es causa y origen del sufrimiento y frustración cuando no se cumplen. Ya escritos los menús, Marcos los recogío y empezó a leerlos, empezamos a compartir unos y otros los platos y menús que habíamos confeccionado. Seguidamente Marcos propuso que nos relajáramos y que entráramos en una actitud de silencio, meditativa, y que imagináramos y sintiéramos como si los deseos se hubieran cumplido. Estábamos pasando de unas reflexiones y compartir del plano mental, a un silencio de la mente, y con ello acallando el deseo y viéndolo realizado. Estábamos pasando a otro nivel, a un plano del sentir. Empezamos a compartir qué habíamos experimentado, cuál era nuestro sentir, y varios compartieron que se sentían en paz y serenidad y capaces de ver y percibir un estado de comprensión del deseo y de lo deseado, y de liberarnos en cierta forma de la esclavitud y condicionamientos del deseo no cumplido. Se trataba de ver que son posibles otras soluciones y alternativas al deseo, sobre todo a través de la comprensión de lo que nos sucede y la adaptación a un nuevo modo de encarar y proceder en nuestra vida cotidiana. Hemos podido ver, a través de esta dinámica de trabajo en grupo, cómo lo esencial nos conducía claramente a que la salida del sufrimiento tenía mucho que ver con dejar de cocinar para uno mismo y empezar a cocinar para los demás. Hemos visto que todos somos los cocineros y que había una misma alma grupal la que ahora reemplazaba las voluntades individuales, un alma que nos ofrecía la seguridad frente a la soledad, un alma que se goza en el trabajo bien hecho, en el servicio sagrado de cualquier pequeño plato de comida, porque alimentar a un ser humano es alimentar un universo entero. El amor es el mejor manjar que podemos ofrecer. Nos toca aprender a ser cocineros de nuestras realidades y saber con ello que formamos parte de una Vida que a todos sustenta y que sólo nos pide que estemos disponibles para saber alimentar a todos aquellos que Ella misma, la Inteligencia del Universo, siente a nuestra mesa, sin perder de vista que la Vida es en sí misma quién nos nutre y sustenta.

Viernes 21 de Julio

Hoy no hemos podido reunirnos físicamente con los hermanos. Ya se lo habíamos comunicado que no podríamos, pero nos habíamos dicho mutuamente que nos tendríamos presentes y que como cada viernes nos abrazaríamos mentalmente y con el corazón. He aprendido de hermanos más sabios que la fraternidad es un hecho, que es algo cierto y real, que es una realidad más allá de todo pensamiento y de toda opinión, más allá de toda utopía. La fraternidad es la expresión de una Ley inmutable y eterna. Esta misma ley y fraternidad también la he descubierto y he despertado a ella gracias a mis hermanos en prisión. Ellos con sus abrazos me han dado lo mejor de sí mismos, la verdad escrita y revelada en sus corazones, me han dado su esencia eterna, aunque ellos no lo supieran. Yo así lo he percibido porque el abrazo es el símbolo del encuentro en lo eterno, más allá de nuestro tiempo. En los talleres, en cualquier circunstancia de la vida diaria, en cualquier situación que el dharma nos regale podemos estar atentos a esta Realidad que nos trasciende, que nos nutre, que nos compenetra, que nos une, una Realidad que es lo único, el Uno que ES. Porque unos hermanos y otros, todos hermanos al fin y no importa donde se encuentren, si en una pantalla de zoom o en la prisión, todos llevan en su corazón la Sabiduría Divina. Y todos somos latidos de este mismo Corazón, de este Uno que ES. Esta Sabiduría Divina se prodiga en formas infinitas a cuál más bella, verdadera y buena a los sentidos del alma. Qué afortunados somos cuando tomamos conciencia de que estamos rodeados y abrazados de los infinitos brazos de la Vida que se hace presente a través de cada hermano, de cada criatura viviente, de cada situación y circunstancia. La Vida, me gusta decir que es el encuentro y el reencuentro en el abrazo. ¡Qué símbolos tan espléndidos son el abrazo, el encuentro!! Y cuanto iluminan e inspiran.

Viernes 14 de julio

En estos días el calor ha vuelto a ser extremo con temperaturas medias durante la semana de 40 grados centígrados. Los hermanos internos sufren esta pena añadida a la de privación de libertad. En ocasiones son muchas las causas que a todos nos hacen sufrir, pero bien vistas, con la mirada y perspectiva del alma, todas pueden ser sanadas y trascendidas. Hoy Marcos nos acompañó de nuevo porque quería conocer de primera mano cómo es la vida en prisión, cómo la viven los internos. Su intención es aprender de ellos para luego poder adaptar su taller, el Reloj de la Vida, a las necesidades particulares de este grupo humano. Por eso, todos le hemos abierto nuestros brazos y nuestro corazón, el taller ahora es su taller, y todos nos sentimos partícipes de su servicio y de su anhelo de sanar el sufrimiento. Dirigidos por Marcos hemos vivido una sesión en la que hemos investigado las causas del sufrimiento y la diferencia con el dolor. La manera sencilla y franca en cómo se desenvuelve el taller es la primera garantía de éxito. Hoy preguntó Marcos cuáles eran las causas del sufrimiento de quienes están en prisión. De manera práctica, el taller pedía que cada uno que escribiera las diferentes causas del sufrir en la prisión, así que cada uno escribía cada motivo en una pegatina. Un motivo en una pegatina; otro motivo otra pegatina, y otra, y otra… al final muchos motivos y muchas pegatinas. Cada hermano fue dando testimonio de cuánto para él era origen o causa de sufrimiento. Cada motivo escrito en una pegatina era el dolor de un ser humano, la historia personal de un ser sintiente luchando por escapar de la cárcel del sufrimiento. Se fueron colocando todas y cada una de las pegatinas en una pizarra. Marcos las agrupaba por familias de dolor, por tipos. Los testimonios dejaron patentes las múltiples circunstancias de la vida y cómo cada cual se encontró con el sufrimiento. Cada pegatina un universo que hablaba de dolor. En la pared podíamos observar el gran padecimiento, la suma de tanta herida por curar. En realidad, ahora podíamos contemplar y asistir al dolor de la humanidad escrita en pegatinas; estaba allí, a nuestra vista, invitándonos a hacer algo, a sanarlo. Por ahora, explicaba Marcos, lo primero es mirar este sufrimiento, no rechazarlo, comprenderlo, entender nuestra relación con cuanto nos sucede. El compartir ha resultado terapéutico. En la próxima sesión intentaremos investigar modos y maneras de trascender el sufrimiento, proponiendo un sendero de sanación, un sendero en el que la plenitud no excluya el pasado de nuestras vidas, un sendero en el que el presente se colme de amorosa acción, un sendero en el que la voluntad respire aires de verdad y libertad no importe dónde nos encontremos. Sí, queremos ser partícipes de este sendero que la Vida nos invita a vivir y a Ser, queremos aprender a no olvidarnos de nadie… Cuánto por aprender.

Viernes 7 de julio

La Vida nos sigue regalando. Hoy nos ha traído a Marcos. Es un trabajador social, pero yo me atrevería a decir que es un trabajador del amor, del corazón, como a mi me gusta decir. Los trabajadores sociales son una especie de ángeles guardianes, compañeros en toda situación y ante no importa qué clase de dolor o tribulación. Siempre están dispuestos, serviciales. Su dedicación a cada ser es como la dedicación al universo entero. En su vida la dinámica ha sido la asistencia a los necesitados, a los ancianos, a los disminuidos, a los que ha sufrido trágicas enfermedades que los han incapacitado. Además de este servicio dedicado a esta profesión del amor, su vocación abarca todo su tiempo en el que como voluntario participa de un programa espiritual de ayuda que se conoce con el nombre de “El Reloj de la Vida”. Imparte estos talleres en parroquias y centros distintos para personas mayores de 65 años, y en grupos de 10 a 15 personas les asisten en la tarea de reconocer y aceptar las situaciones que son causa de dolor, de soledad, de limitaciones, de falta de recursos, de ausencia de un proyecto de vida que permita trascendiendo el dolor participar de una vida plena, consciente. En estos talleres se preparan también a voluntarios para que el trabajo se pueda expandir y llevar a todos los rincones. Marcos quería conocer nuestro taller y hoy ha venido a dar un abrazo a los hermanos internos y a aproximarse a su realidad para poder ofrecerles su taller. Los hermanos han seguido con gran atención las palabras de Marcos y todos nos hemos sentido llamados a ser ayudados para aprendiendo capacitarnos para una vida más plena. La Vida nos sigue regalando y ahora nos propone participar en la labor de acercar el taller del Reloj de la Vida a nuestros hermanos en prisión. Con Marcos aprenderemos del agradecimiento y la aceptación, de la apertura a los demás, del momento del perdón a los otros y a nosotros mismos, del reconocimiento de cuanto sucede para poder tomar más sabias decisiones, del redescubrimiento del sentido de la vida, en definitiva, de poner en hora el reloj de nuestra Vida, en armonía con el Reloj y Corazón de la Vida que nos regala cada segundo. Qué gran regalo poder aprender de nuevos compañeros de camino. Gracias Marcos.

Viernes 30 de junio

Hoy nos hemos reunidos seis hermanos. En estos dos últimos meses otros ocho hermanos de los que acudían regularmente al taller han vuelto a sus hogares. Secretamente nos confiesan que todos empiezan a pensar que quienes acuden al taller acaban por salir antes. No puedo decir que eso sea cierto, pero es posible que a ellos les ayude. Cuando pienso en cada hermano que ha recobrado la libertad los veo como un universo. Como incontables son los granos de arena de una playa así de incontables son las vivencias, las emociones, los pensamientos, los estímulos vividos por cada uno de nosotros a lo largo de los años. Desde que nacemos hasta la edad adulta estamos sometidos a una infinidad de estímulos externos de toda naturaleza y orden. Son estos estímulos que concebimos como situaciones y relaciones con el mundo, los que ha de hacer brotar de nosotros las respuestas acordes a nuestra naturaleza esencia y profunda. Nuestra naturaleza es Energía o Voluntad, Amor-Sabiduría e Inteligencia Activa. Cada hermano que pasa por el taller, por nuestro punto de encuentro en el espacio-tiempo que la Vida nos ha invitado a compartir, es un misterio, es un profundísimo y complejo conglomerado de energías en manifestación. Por ello, se me hace claro, es tan imprescindible el silencio para no juzgar a nadie. Por ello, es tan esencial el respeto por no pronunciarnos frente al prójimo de una u otra manera tan irresponsablemente como normalmente estamos habituados a hacerlo. Cada ser es el hermano eterno que desenvolviéndose en el tiempo aprende las lecciones de la Vida, hasta lograr entender que no hay nada sino la Vida, que nada permanece sino la Vida, y que más allá de cualquier forma o vehículo de conciencia donde experimentamos, lo que somos es la Conciencia siempre en evolución del Universo. Somos hijos de esa Conciencia Una, y en la manifestación adivinamos tras comprender nuestra naturaleza que somos hermanos. Hoy hemos vivido testimonio de varios hermanos que han aprendido en sus carnes y espíritus la esencia de esa regla y principio universal que llamamos la “regla de oro” y que en sencillas palabras están contenidas en todas las tradiciones espirituales: “Trata a los demás como querrías que te trataran a ti” o “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Todos estamos en este mismo aprendizaje, y ellos y nosotros, Rocío y yo, nos sabemos aprendices hermanados en esta sagrada labor de ver la divinidad donde sólo parece que penuria y dolor. En este intento dedicado y atento el permanecer en la conciencia de lo que somos, la Voluntad, el Amor y la Luz se halla el sentido de la Vida y da sentido a cada uno de los infinitos estímulos que vivimos. Seguiremos atentos y dedicados a este permanecer serenos en la paz que nos confiere la Vida, cuando vivimos lo pequeño como si fuera lo único que merece ser vivido.

Viernes 23 de junio

Cada seis meses hacemos una merienda con los internos. Llevamos unas cuantas viandas y todos, los que acuden regularmente a los talleres y los que no lo hacen, compartimos un rato. En estas ocasiones no hay taller ni meditación propiamente dicha. Hay un sencillo compartir, pero que a ojos de los hermanos es un gran detalle y regalo que agradecen y que les conmueve. En estas ocasiones se producen muchos testimonios. Uno de los hermanos terminaba su condena y se dirigió a todos comentando que siempre había intentado ayudar a los demás y que si en alguna ocasión no lo había hecho o si había ofendido a alguien que le pedía perdón. Al terminar sus palabras todos aplaudieron emocionados como una sola persona, como una familia. En mi experiencia he encontrado que siempre hay personas que actúan como ángeles protectores de los demás. Este hermano claramente estaba dedicado a servir a sus compañeros, especialmente a todos los que entraban nuevos. Hoy también todos tuvieron palabras para otro interno llegado apenas hace dos semanas. Sin familia, sin vivienda, apenas con ropa, un brote psicótico le condujo hacia donde hoy todos nos encontramos. En apenas dos semanas todos se cuidan de él, le han regalados zapatos y ropas de las que él carecía. Todos le respetan y le aprecian porque es pura bondad al tiempo que agradecimiento; no deja de dar continuamente las gracias por cualquier pequeño detalle. Desde que llegó no ha dejado de trabajar por todos y de colaborar en todo lo que afecta al trabajo de los demás compañeros. Se ha hecho querer como todos queremos a un niño pequeño. Rocío y yo nos maravillamos ante su presencia. Nos miramos y convinimos en que la palabra que le define es inocencia. Una inocencia que no se advierte en la calle, en nuestras vidas ordinarias. Él es inocencia, y si alguien se preguntara porqué está en prisión, hay muchas respuestas. La primera que se me ocurre es ¿quién pregunta y qué motivos nos inducen a preguntar? Y mi respuesta es ¿quién podrá soportar el Juicio de la Verdad? Cuando el corazón percibe las palabras sobran. La vida sigue latiendo y dando oportunidades de nuevos aprendizajes, de conciliación interna y de reconciliación externa. El Señor del Karma, en su infinita Justicia nos invita a la continua toma de conciencia y a la reconciliación con el hermano. Todo me invita a pensar que sólo en el amor reside la libertad del silencio, de la no pregunta, del saberse uno con la familia del universo. Hoy ha sido uno de los días más especiales de entre los que recuerdo, mi cuerpo vibraba al salir y creo que era de puro agradecimiento ante lo vivido.

Viernes 16 de junio

Hoy hemos iniciado el taller de un modo diferente. En vez de charlar y comentar acerca de cualquier cuestión hemos empezado con la meditación. Seguidamente hemos charlado. Estamos habituados a hacer las cosas de determinada manera, y cualquier cambio nos resulta una dificultad. Sin embargo, no debería de haber diferencia en nuestro hacer si nuestra conciencia estuviera presente, no importa si en lo externo o en lo interno. Hoy hemos resaltado nuevamente, una vez más, y nunca serán suficientes las repeticiones, que somos la belleza, la verdad y la bondad, y que si no fuera así no podríamos reconocerlas en el mundo. Hoy hemos mirado y profundizado en la idea de que también somos el mundo y que, reconociendo la belleza, la verdad y la bondad que hay en nosotros reconocemos la que hay en el mundo, y asimismo que reconociendo la que hay en el mundo nos sentimos uno en la Realidad de lo que Es: Belleza, Verdad y Bondad. Insistimos una y otra vez, de muchas maneras diferente, en la necesidad de mirar cuanto nos rodea, nuestro entorno y nuestro interior, pero mirarlo sin juzgarlo, mirarlo como un observador ajeno a nosotros mismos. Cuando nos situamos y permanecemos en esa conciencia de observador, todo adquiere sentido, luminosidad, coherencia, unidad. Estamos aprendiendo y mirar que el aprendizaje es bello resulta reconfortante, porque es parte de lo natural, del modo en que la Vida se desenvuelve, y nosotros podemos aprender que todo tiene una inercia, pero también un ritmo e inevitablemente un equilibrio y armonía final. Entender la naturaleza nos permite instalarnos en la armonía en el mismo instante que silenciamos cualquier modo o forma habitual de comportamiento. El silencio de nuestros modos y maneras es la apertura a que la Vida se realice en nosotros. Y en esa apertura hay un abrazo eterno que todo lo bendice.

Viernes 9 de junio. 

Estamos llamados a realizar un trabajo que podríamos resumir en unas breves palabras “el despertar a la divinidad esencial”. Todo es espíritu y todo está compenetrado por el espíritu. Este reconocimiento es parte de la propia experiencia vital de cada uno. Y es la experiencia la que nos provee al mismo tiempo de una nueva visión. Una visión iluminada, amorosa y con sentido pleno de todo lo que existe y nos circunda. En esta tarea todo es cooperación armoniosa en el Universo y en nuestro pequeño y particular universo. Esta analogía de la verdad está impresa en el libro de la Vida. Puede leerse aprendiendo el lenguaje de la atención, del mirar sencillo y sincero. Esta verdad impresa en las páginas de cuanto vivimos constituye el libro de nuestra vida, siendo nosotros apenas unos versos de un libro mayor. Pero cada letra es parte del libro y nada sobra, porque cada letra contiene en sí la esencia del lenguaje universal, del universo, o único verso: la fraternidad, palabra de Vida. En nuestro pequeño y particular universo estamos creando nuestra biblioteca teosófica y en nuestras charlas y talleres aprendemos todos a leer en las experiencias compartidas de cada uno y también en los libros, en esos tesoros que nos informan de un Tesoro Mayor, el del propio Corazón, verdadero contenedor universal de todo cuando pueda ser proclamado, revelado y vivido. De vez en cuando algún hermano nos confiesa cómo estos libros, estos regalos, le llegan al alma y le hacen comprender que hay un sentido en ellos, una lógica nueva que les aclara, que les ilumina, que les orienta y guía hacia un nuevo entendimiento de la vida. Y eso significa el nacimiento a un nuevo modo de relacionarnos, el de la colaboración, el de la cooperación, el de la fraternidad, todos ellos capítulos Eternos del Libro de la Vida. Podemos así advertir cómo el trabajo se realiza sólo, en nosotros y en nuestros hermanos, en todo cuanto la Naturaleza nos provee como Presente, como Regalo, como Vida.

Viernes 2 de junio

Hay una idea central alrededor de la cual giran todas las demás: La Vida es Una y se manifiesta en forma de cooperación universal: la fraternidad. La idea puede ser tan sólo una formulación mental que intente expresar lo que todo ser conoce en lo más profundo de sí mismo. La idea es solo la vestimenta de la Vida, que es experiencia, que es vivencia. Si sólo lográramos captar intuitivamente esta Ley Universal nuestra existencia sería radicalmente diferente. Cada ser, en función de su evolución y de su grado de desarrollo podrá ser capaz de expresar conciencia o por ser más precisos distintos tipos o grados de conciencia, desde la instintiva a la intelectual y a la intuitiva. Cuando visito a los hermanos miro atentamente y veo cómo muchos de ellos se comportan muy fraternalmente con sus compañeros. Se ve y se percibe en pequeños gestos, pero yo veo que empiezan a ser la tónica, la nota distintiva de sus comportamientos. Veo en sus rostros una paz y serenidad que antes no tenían. Ellos mismos lo comentan y son el testimonio vivo de que podemos elevar nuestro grado de conciencia y vivir nuestro presente en las pequeñas relaciones con las que la Vida nos une y en las que nos invita a vivir. Las llamadas correctas relaciones son sólo la expresión de esa unidad fundamental, primigenia, original. Todo cuanto podamos hacer por pensar en esta Unidad y todo cuanto podamos hacer por intuirla nos conducirá a una frecuencia más elevada, a la sintonía con el Alma Una. De todo ello hemos hablado, y en especial resaltando que más allá de cualquier juicio, más allá de cualquier forma o vehículo de conciencia está nuestra divinidad esencial, habitando todos nuestros cuerpos, como también todo cuanto existe en la manifestación. Esta hermosísima idea es, cuando se intuye levemente, la antesala de la belleza, de la verdad, de la bondad. Y más allá, acá o donde queramos mirar, esa Realidad es nuestra realidad.

Viernes 26 de mayo

 Hoy nos hemos reunidos diez hermanos. En nuestro pequeño grupo se produce una renovación constante. Unos hermanos se van y otros vienen. Al igual que en la vida, podríamos observar cómo todo se produce en un ir y venir, en una constante relación entre lo que hemos creado y lo que está por crear, entre el alma que habita en la semilla y la materialidad que ella nos invita a crear. En cada hermano que llega nuevo, hoy conocía a tres de ellos, dos que vinieron al taller y uno que no se decidió a hacerlo, me veo a mí mismo. Me veo en todos los posibles estados de conciencia. Me veo perdido, abrumado, triste y sin brújula. También me veo en la aceptación del presente que se impone frente a toda otra irrealidad y fantasía. También me veo en la alegría de una libertad que es fruto de un amor que nos trasciende y que hermana la voluntad y la inteligencia de las cosas. Hoy hemos hablado de que hemos de amar el presente, lo cual quiere decir que hemos de comprenderlo previamente. Este presente es parte de una evolución, de un sendero de reconocimientos, que fruto de nuestra experiencia, y que conduce a la revelación de lo que, estando oculto, siempre está presente.  En este presente el acercamiento a cuanto sucede es fruto de una visión, de una toma de conciencia que nos indica la dirección, el camino, la ruta a seguir aunque el destino quede muy lejos, porque intuyamos que no hay otro destino que el mismo presente. En este presente la luz nos dirige y nos hace partícipes de una voluntad mayor. Así, la Voluntad, el Amor y la Luz vienen y van en oleadas casi imperceptibles, nada hay en donde no estén presentes. Cuando un hermano nuevo viene por primera vez al taller, todos renacemos a este Presente sin tiempo, a una renacida oportunidad que es la respiración misma de la Vida. Cada hermano es la Vida recorriendo el sendero, haciéndose uno con él. Reconocerlo nos llena de amor.V

Viernes 19 de mayo

Los días maravillosos se repiten. Hoy por distintas circunstancias y también por las mismas. En realidad, lo pasamos muy bien, nos reímos, nos divertimos y aprendemos. No cambiamos este rato por ningún otro. Siempre hay quien con sus preguntas e intervenciones nos anima y suscita temas de conversación. Hoy uno de los hermanos que tan sólo lleva dos semanas con nosotros nos preguntó ¿Cómo se puede obtener el perdón? No le preocupaba tanto su situación de privación de libertad como el hecho de sentirse muy culpable y necesitar el perdón. Hemos reflexionado en torno del perdón, pero la sugerencia principal es que miráramos desapasionadamente y sin juzgar todo cuanto involucra a la situación, al sentimiento de culpa que experimentamos y a nosotros mismos como sujeto que vive la situación y experimenta el sentimiento. Siempre intentamos situar la circunstancia en una perspectiva amplia, cuanto más amplia mejor,  para escapar de la creencia y sensación de que vivimos fragmentados y separados de los otros, y para escapar también de nuestra visión superficial. Siempre sugerimos que le podemos llamar a esta visión panorámica evolución, a este marco vivencial donde todo se produce. Hemos hablado de esta Ley y de la ley del karma, para entender que nuestro presente es nuestra propia creación y que lo que tenemos, no importa si lo llamamos bueno o malo, es la única realidad a la que prestar toda la atención. Hemos hablado de las infinitas relaciones que vamos teniendo a lo largo de nuestra particular evolución y de la evolución general de la que todos formamos parte. Todos aprendemos, nos caemos y levantamos. La culpa es un freno psicológico que impide una visión panorámica y el dinamismo de la propia acción. Aprender que somos aprendice nos sitúa en un plano de silencio y humildad desde el que podemos permitir que esta visión panorámica y lúcida nos visite o más bien se torne presente, porque siempre está presente, aunque la desatendamos o ignoremos. Las reflexiones nos han llevado a tomar conciencia de que nos debemos el perdón a nosotros mismos, porque con ello nos capacitamos para perdonar al otro, a los otros que son parte de nosotros mismos y que, aunque no lo sepamos o sintamos, todos sin excepción estamos transitando el camino del reconocimiento de la unidad de la Vida. Hemos convenido todos que necesitamos ser compasivos con nosotros mismos y entender que la Vida nos está dando una oportunidad en cada latido de nuestro corazón y en cada respiración. No debemos negar lo que la Vida nos regala, porque perdonándonos, somos la gracia que redime la situación errónea. Siendo la gracia, somos la bendición para el hermano, para el prójimo, para reconocer que el otro es yo mismo al que me voy acercando, sin que para al Amor, que es la experiencia íntima de la unidad, le podemos poner ningún límite. Finalmente, hemos hablado de la necesidad de ser libres, de una libertad que, vivida en el Amor, no tiene ni barrotes ni fronteras, donde la culpa se ha desvanecido y el juicio y la condena no existen. Hoy también nos hemos sentido muy afortunados de poder aprender juntos sobre la unidad de la Vida y de cómo enfrentar el siguiente paso en el camino.

Viernes 12 de mayo

Hoy ha sido un día maravilloso. Y la pregunta que nos hicimos fue: ¿acaso cada día no es realmente y en verdad una maravilla? Y nos seguimos preguntando, si en verdad la Vida en sí es maravillosa y puede ser percibida de ese modo ¿qué ojos o qué sentidos son los que así pueden percibirla y cuáles no? En nuestro aprendizaje, y nada en la Vida no deja de ser puro aprendizaje, tomamos razón y nos damos cuenta de que en función del foco de conciencia en el que estemos instalados y desde el que vivamos podremos comprender cada elemento y circunstancia de la Vida como algo inseparable, como algo que, siendo una unidad en sí mismo, es parte de un todo mayor. Hoy, en verdad, todos hemos sentido la maravilla de un encuentro que fue vivido como el único encuentro, como el primer y último encuentro, como algo irrepetible, como algo totalmente nuevo. Y las cosas sucedieron porque asistiendo al taller un hermano por vez primera empezamos el taller como si fuera la primera vez para todos. Y sucedió que la atención nos cautivó a todos, la expectación fue tan grande y tan profunda que todos nos perdimos en un espacio sin dueño, si fronteras, sin muros, sin lamentos, sin deseos, sin creencias. Es este silencio que se produce por la reverencia y solemnidad con que abrazamos el presente que permitió entender nuestro encuentro pleno de sentido. Een este silencio todo cobra protagonismo al tiempo que cada uno de nosotros desaparece de la escena. Y en este silencio de creencias y de deseos se hace patente que es la Vida la que nos da la energía, la que nos respira, la que nos nutre, la que nos permite realizarnos en el Ser que es Ella misma. Es en este silencio en el que el Amor disipa el maya, el espejismo y la ilusión, y nos hace reconocer que Somos uno y que nuestro origen y destino es común a todo y a todos. Es en este silencio en el que la Inteligencia ilumina, alumbra y hace de nuestras pequeñas verdades una Verdad incontrovertible, plena de confianza, conocedora de las Leyes de la Naturaleza, una Inteligencia que se goza en la Unidad y en el Ser. Sí, hoy un hermano nuevo me dio el abrazo más profundo, hermoso y pleno que jamás haya recibido, un abrazo que era la Vida abrazando y bendiciendo, tal y como fue nuestro encuentro, una bendición. Qué afortunados somos todos porque inevitablemente este modo de mirar, que algunas veces nos alcanza, es nuestro único destino, un Ser en la Unidad y en la Luz que no importa qué modo adopte, siempre es pura bendición.

Viernes 5 de mayo

Rocío estuvo estos días atrás haciendo el “Camino de Santiago” y teniéndonos en la memoria, nos trajo un regalo: un pequeño bordado en tela en forma de cuadrado de dos centímetros cuadrados, de color azul, y sobre el que figuraban dos símbolos “la concha del peregrino” y una flecha con la punta hacia arriba, señalando el camino. Por ello hoy hemos hablado, aunque brevemente, de los símbolos, de su significado y de la posibilidad que nos ofrece la Vida de entender la simbología como parte del Lenguaje de la Vida, como parte de lo que algunos de nuestros hermanos llaman, con todo acierto, el Lenguaje del Alma. Este símbolo de la concha y la flecha podemos encontrarlo a lo largo de todas las rutas que conforman el “Camino de Santiago”. Es un símbolo muy conocido y todo el mundo lo entiende fácilmente. Sin embargo, Rocío nos lo trajo como símbolo de la bendición que todos compartimos por poder reunirnos y aprender juntos y unidos de la Vida, del propio sendero de realización. Este precioso trozo de tela bordado contiene muchas otras posibles significaciones: Se trata, en primer lugar, de un cuadrado, sobre el que aparecen la figura de la concha, pero el modo en que está bordado nos hace ver un círculo que en seguida identificamos como el Sol y unos rayos de luz que se desprenden del mismo, y un triángulo en la parte superior de la flecha que indica dirección, pero también propósito y resolución, camino y meta. Pero, además, siendo hoy un día tan singular en todo oriente debido a la celebración de la festividad de Wesak hemos hablado del Buddha, de quien fuera 2.500 años atrás el príncipe Siddhartha Gautama. Hablamos a grandes trazos de su figura histórica, pero sobre todo de su trabajo de iluminación y de bendición para todos los seres humanos. Hoy nos hemos unido en una improvisada, profunda y maravillosa meditación con todos los seres que en oriente celebran esta festividad, y hemos querido comprender que nosotros, no importa donde estemos ni en qué cultura nos hayamos educado somos seres en los que la luz es parte intrínseca, inseparable y esencial, y que el propósito y dirección que nos marcan las flechas del camino son el Alma y a la vez el sendero del Alma, y su Lenguaje es ser la expresión de la luz, iluminando y formando un haz de luz que también oriente a los peregrinos que junto a nosotros encontramos en cada recodo del sendero. Todos nos hemos quedado sorprendidos del silencio logrado en nuestra meditación, todos estábamos hasta asombrados por el sentimiento de unidad logrado con tantos millones de fieles a los que nunca hemos conocido, y nos hemos confesado que sabemos muy poco de los hermanos de otras religiones o de otras confesiones. Apenas hoy hemos rozado el manto sagrado de una enseñanza que el Buddha regaló con su inmenso sacrificio a todos los seres humanos sin excepción. A buen seguro que en próximas fechas profundizaremos en las certezas que nuestros corazones reconocerán y darán a la luz cuando, sin palabras, y sentiremos más cerca a los hermanos de cualquier lugar del mundo. Será una forma de compartir una bendición universal, la bendición de la Fraternidad de Almas, siempre presente en el Cosmos en el que habitamos, nos movemos y tenemos el Ser. Bendiciones.

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Viernes 28 de abril

En el taller de hoy hemos hablado sobre nuestro modo de comportarnos ante los estímulos externos. Un familiar me había advertido del peligro de acudir a una prisión y no aprobaba lo que hacía. Nada le había dicho yo sobre esta cuestión, pero alguien de mi círculo más cercano se lo habría dicho. Su comentario me indignó y pensé qué no sabía nada de lo que estaba hablando, que su ignorancia le impedía ver otras posibilidades. Mi indignación y mi pensamiento fueron una forma de reacción automática, de reproche también hacia él, nada amorosa y muy poco comprensiva con mi familiar. Mi malestar y mi contrariedad apenas duró un rato, y mientras me dirigía en el coche a la prisión me reproché a mí mismo por haberme enzarzado y enredado conmigo mismo en tales pensamientos. Cuando llegué a la prisión y se inició el taller sentí una gran paz. Sin habérnoslo propuesto la paz es un estado que a todos nos circunda y todos la experimentamos en cuanto estamos reunidos. La necesidad de comprensión y de afecto de los hermanos es tan grande que hace que su propia demanda se convierta en una evocación de lo superior, y ello propicia nuestra mejor disposición para ayudarnos mutuamente, para simplemente estar reunidos y unidos dar nuestras respuestas a lo que sucede desde nuestra más elevada conciencia. En ocasiones no sabemos muy bien cómo sucede, pero las circunstancias nos invitan a participar, a comunicar lo que estamos viviendo. Y surgió así la importancia de observar en perspectiva, como un observador imparcial, lo que estamos viviendo y nuestros modos de reaccionar o de responder compasiva y lúcidamente ante una situación determinada. Este es un tema que venimos tratando en casi todos los talleres. Es esencial la comprensión del modo y el porqué pensamos como lo hacemos porque ello nos libera de nosotros mismos, de nuestra conciencia enfocada en cualquier forma del egoísmo que permanezca todavía en nosotros y que se activa en forma de automatismo. Cuando nuestra mente se dispara y reacciona automáticamente hemos de mirar por qué sucedió. ¿Qué parte de mi se sintió herida, negada?  En mi caso me sentí contrariado, lo que en sí mismo fue una total falta de visión y de respeto por quien me hacía el reproche. Hay que estar muy atento y permanecer en esta atención, hay que mirar muy en profundidad porque, aunque pensemos que hemos vencido ciertas inercias, la vida nos pone a prueba y nos deja en evidencia ante nosotros mismos. Así me sucedió. Uno de los hermanos, que apenas lleva viniendo tres sesiones y de mentalidad muy científica nos dijo, siempre puede haber una manera mejor de responder que la reacción. Podrías, me dijo, haberle preguntado por las razones de su forma de pensar, y podrías haberle explicado tu experiencia, de modo que un hablar tranquilo y sosegado le hubiera podido hacer reflexionar y eventualmente modificar su forma rígida de pensar. Mis hermanos corroboraron lo que yo ya sabía, pero no había puesto en práctica. La lección es que la atención ha de ser soberana, que no podemos bajar la guardia, y que nuestro nivel de respeto, amor y compasión por quienes nos juzgan y no aprueban lo que hacemos ha de ser sin condiciones. El Amor no tiene condiciones, y si es verdadero amor, es amor iluminado, porque nuestra mente iluminada es el Amor en manifestación y siempre es pura y sabia expresión de lo más elevado. Me sentí muy agradecido por la inspiración y ayuda de mis hermanos y muy fortalecido para seguir en el aprendizaje, sabiendo que la Vida nos asiste y está presente en cada una de sus creaciones. Cuánto por aprender…

Viernes 21 de abril

 

Permanecemos, permanecemos, permanecemos gozosos en nuestra atención. Unos hermanos se van y otros vienen, pero todos, como un grupo, como un solo ser, permanecemos en nuestro encuentro de los viernes. No sabemos con todo rigor cómo se originan en nosotros las ideas, los pensamientos que acaban por fraguar en una acción. Es posible que creamos que sí lo supiéramos, o quizás no. Mirar con detenimiento nos da luz, la luz que siempre ha estado presente, tanto en un pasado que parece que quedó atrás y en el que surgieron los primeros atisbos de la idea, hasta el momento presente en el que la luz pareciera que ha alcanzado otro nivel de intensidad mayor. Es en este momento tranquilo y sereno, cuando advertimos que no importa nuestro nivel de conciencia de aquello que nos ha venido motivando y moviendo, porque ahora, en el amar el presente, se torna claro. Quizás ya no haya que razonar nada; quizás la luz es tan clara que no necesite ser expresada o formulada en palabras, o apenas resulte que ni siquiera sepamos cómo hacerlo.  El propósito que siempre estuvo presente, se torna ahora transparente a Su Presencia, y lo que en un momento era un presentimiento ahora acaba por cobrar total sentido. En el gozo de este descubrimiento, sencillamente hemos de abrazar el encuentro con el hermano, de quererlo con sencillez y asumir que amar significa permanecer en el abrazo, en el encuentro que la Vida nos regala.  Permanecer, permanecer, permanecer hasta que el mismo propósito en su movimiento nos invite a dar un nuevo paso. Este nuevo paso no ha de preocuparnos porque ya sabemos que, no importa la forma que adopte, será el Amar de la Voluntad mayor que siempre estuvo, está y estará en el Presente del Universo, y que ahora, en nuestros pequeños pasos se hace regalo para un caminar consciente, para el fundirnos con el sendero, para unificados con la Vida Una no ser sino sendero mismo.

Viernes 14 de abril

Rocío no pudo asistir hoy, pero ha estado presente. Algunos hermanos hoy tampoco asistieron y otros lo hicieron por vez primera. Sin embargo, hay una presencia constante que ya no nos abandona. Hoy hemos hablado de ello. Cuando iniciamos un camino es posible que las más de las veces no sepamos a ciencia cierta porqué lo emprendemos. Apenas están claras en nuestra mente y corazón los porqués o verdaderos motivos de nuestro actuar. Pero el alma, esa sagrada presencia, siempre está presente, lo sepamos o no, seamos conscientes de ello o no. La verdad nos atrae, el alma nos atrae hacia sí, cuando perdidos no encontramos sentido a lo que hacemos, al vivir una vida que nos circunda y abruma. Apenas se origina un movimiento sincero, por pequeño que sea que el Alma, siempre atenta, se manifiesta en forma de respuesta. A nuestro invocar ella es la evocación. La Vida nos alecciona por medio de nuestra alma, y ella como parte del Alma Una se viste de los rostros de cada uno de nuestros prójimos, se muestra en múltiples lecciones de los más insospechados o inadvertidos maestros: un niño pequeño, un gesto en la vida diaria, una imagen de una película, un verso, un libro, cualquier cosa es la Vida anunciándose y proclamando que en semilla hay revelación, que todo paso del camino es realización. La sinceridad siempre es permanencia, abrazo sostenido en la luz, en el amor y en la voluntad de ser y de realizarse. Nuestra sinceridad es el propio movimiento del corazón que danza en el movimiento natural de la evolución. Nuestra mente quizás no lo perciba, pero si la atención es firme, la serena expectación a lo que acontece se torna en nuestra forma de mirar, y si nuestra adaptabilidad y disponibilidad se acrecienta para abandonarnos en el presente de la Vida, los pasos ya son conscientes, y el milagro se ha producido. Ya nada será igual. Un nuevo camino y sendero se abre ante nosotros. En realidad, es el mismo camino y sendero, pero las dimensiones y profundidades que adquiere son enormes. Ahora el camino es el presente. No hay necesidad de proyecciones en el futuro. Ahora el camino es el dharma, que se ve como la única realidad que merece ser atendida, amada. Ahora el camino adquiere todo el sentido, no importa que un paso no conduzca a ninguna parte, porque cada paso es el alfa y el omega, uno con el Todo. En lo pequeño alcanzamos lo grande. En el instante vivimos lo eterno. En el momento está contenido el universo entero. Y por eso es tan atractivo el Amor, porque todo lo une, a todo le da sentido, y apertura al espacio infinito. Y lo más inquietante y maravilloso es que no hay que  hacer por llegar, que la quietud y el abandono son el dinamismo poderoso con que la Vida juega el Eterno juego de la Creación.

Viernes 7 de abril

 Esta noche tuve un sueño. Mecido en los brazos de un ángel, volaba sobre mundos de anhelos repletos.  Suavemente fui posado en las calles y en las plazas de nuestras ciudades y pueblos. Estábamos presentes en un tiempo sin tiempo, presentes en todo rincón, terraza y balcón. Miles de hermanos portaban unos insignias, otros estandartes, los más velas encendidas, otros tantos cruces y algún que otro humeantes inciensos.  Desfilaban todos en devota estación de penitencia. Acompañados al son de músicas sacras portaban pasos y tronos adornados de las más bellas flores; y sobre éstos imágenes de Cristos dolientes, clavados en cruces y coronados de espinas. Sintiendo el dolor del Nazareno yo lloraba, imploraba, y en mi desconsuelo preguntaba ¿Cuándo le bajaremos de la cruz? ¿No supisteis que el Cristo resucitó y está vivo? El ángel suavemente, acariciando mi rostro me dijo: No llores, puedes encontrarle entre quienes tienen hambre y le dan de comer, entre quienes tienen sed y le dan de beber, entre quienes son forasteros y le acogen, entre quienes estando desnudos le visten; entre quienes estando enfermos le curan, y entre quienes estando presos le visitan. Confortado le dije: Sé que este viernes santo no pude estar entre mis hermanos pero sé que Él nunca falta a la cita, porque es el pan que nutre el alma y el agua de vida eterna, la túnica sagrada que ilumina, el abrazo amoroso que acoge, la bendición confiada que sana y la verdad que acompaña y libera. Me he despertado escuchando: En cada hermano un Cristo, y en el Corazón del Cristo todos los hermanos.

Viernes 31 de marzo

Nuestras súplicas, nuestros ruegos, nuestras invocaciones siempre son contestadas. Este “pedid y se os dará” forma parte de esas leyes del Universo que establecen el sagrado modo en que la Vida se da a sí misma y a Sí misma se recibe. Sí, hoy se ha cumplido la petición que todos los hermanos rogaron a una para que Rosina volviera a visitarles. Y sí Rosina, atendiendo al sonido de los no presentes, se ha vuelto a hacer presente entre los hermanos, nos ha vuelto a abrazar y a traernos regalos a todos nosotros. Y hoy todos nosotros tenemos una mayor y más profunda conciencia de cómo Dios ES, de cómo Dios está presente fuera y dentro de nosotros, de cómo Dios es la propia Vida que todo lo sustenta, de cómo la Presencia de Dios no deja nada al azar. Hoy arde en nuestros corazones el fuego del amor de manera más confiada, más intensa, más poderosa. Estar con Rosina es estar en oración. Durante una hora y media nos ha seguido explicando cómo es la vida en el país africano que le dio acogida y en el que Rosina ha resucitado y, en palabras de Pablo de Tarso, se hizo una mujer nueva. Nos ha contado Rosina con su singular talante y sonrisa, cómo vive en “Mwetu D. Bosco”.  Así se llama el centro religioso que toma el nombre del sacerdote Salesiano canonizado por el Papa Pio XI y que fuera llamado “Padre, Maestro y Amigo de los jóvenes”. Pero también el centro religioso toma el nombre, en el dialecto “Shiluba” de “lo nuestro”, porque “mwetu” significa lo nuestro. Así el centro es esa Morada del Padre, que allí todos conocen como “DON BOSCO NUESTRA CASA”. Allí, las monjas son las Madres, las Maestras y las Amigas de los jóvenes. Allí el Padre está presente en el amor y en el corazón de Rosina que, renunciando a sí misma, se convirtió en la experiencia misma del amor, sin otros aditamentos, calificativos o teologías que el sencillo y puro amor que, sin límites ni condiciones, une, acerca, consuela, renueva, redime, ilumina, transforma, cuida y educa a más de doscientos niños y niñas rechazados por sus familias o que simplemente carecen de ellas. Ser un huérfano allí donde la familia es el centro y lo único que da sentido a un mísero malvivir es casi el peor de los infiernos. Pero allí, en “Mwetu D.Bosco”, el espíritu de la Vida Una se cuida de todos. Reciben a los desvalidos y menesterosos, a las criaturas más indefensas y vulnerables y a todos sin excepción les curan, les arropan, les nutren, les consuelan, les educan hasta que alcanzan los dieciocho años. Cumplida esta edad, “bien amados” regresan, vuelven a otro mundo, pero ahora con un Corazón pleno, rebosante de los valores de la unidad, del amor fraterno, de la atención y servicio al próximo, porque esto es lo que han aprendido en “Mwetu D.Bosco” porque éste y no otro es el sagrado oficio, que no sacrificio, al que la Vida invitó a realizar a Rosina, “MUSIBWE”, que ella, “LA BIEN AMADA”, abrazó para descender de la cruz a todos los cristos niños africanos y recogerlos en su bien amado corazón. La congregación le otorgó a Rosina este nombre en shiluba, un nombre que sólo es concedido cuando las obras y el amor a los demás lo revelan y acreditan. Así es llamada Rosina en esa Casa del Padre, “MUSIBWE” la “LA BIEN AMADA”, y quienes tenemos la ventura y el regalo de haberla conocido damos testimonio de que su nombre no pudo ser mejor elegido. Rosina es “bien amada de Dios” porque siendo amor, en sus obras se hizo uno con sus amados hermanos. Rosina que es puro corazón, nos ha enseñado algunas palabras en shiluba, y todo nos hace comprender que su lenguaje es el “Lenguaje del Corazón”. Sí nos ha enseñado que “Moyo” es un modo de saludo entre los nativos, y que significa precisamente “CORAZÓN”. “LA BIEN AMADA” espera regresar pronto a “Mwetu D. Bosco” para seguir haciendo honor a su nombre y volver a bendecir con su saludo y su corazón al África que la necesita y por ella ruega. “Twa sakidila ya bunyi Musibwe”, muchas gracias Rosina.

Viernes 24 de marzo

Cada instante parece irrepetible y sin embargo también parece que pretendemos que se repita en nuestras vidas sólo aquello que nos fue grato, motivo de alegría y de gozo. Este buscar ansioso impide que veamos la simplicidad y la belleza del momento, del instante presente. Estamos aprendiendo en nuestro taller a no pedir nada y a que lo que haya de suceder suceda, así sin más pretensión. Esto en un régimen carcelario parece imposible, pero ¿acaso en nuestras vidas no estamos prisioneros de nosotros mismos? Hay cárceles de muros y piedras y también las hay de credos y deseos. ¿quién está libre de su propia cárcel, de sus propios modos y maneras? Y lo cierto es que la sesión de una hora y media se convierte en tan poco tiempo que no sabríamos medirlo. Es en este no-tiempo que nuestros silencios abrazan nuestros corazones y no importa qué se diga el resultado siempre es el mismo, una sagrada comunión y confraternización que a todos nos asombra. Hoy hemos realizado nuestra meditación y todos sin excepción nos hemos quedado maravillados, todos hemos sentido al Cristo presente, muy presente, muy real. Esta realidad de la Conciencia Crística es algo que redescubrir porque es algo que ya ES y que sin embargo no vemos. Pretendemos ver con unos sentidos que no están capacitados para este ver en profundidad. Es el silencio de nuestros modos y maneras y el mirar con los ojos del Alma lo que nos permite la toma de conciencia profunda de nuestra naturaleza esencial. Esta es una Verdad que equivale a Libertad. Y disfrutar, aunque sólo sea por un instante, de esta verdad, de esta libertad, de este gozo maravilloso de la unidad no tiene comparación con ningún deseo, con ninguna pretensión de que la vida sea de una manera o de otra. La Vida ya Es, y se realiza en nosotros y nuestra apertura de mente y de corazón a la Realidad hace que el Cristo interno vibre y se irradie. Hoy hemos vivido al Cristo en un abrazo que es y será por siempre. Hemos sido realmente bendecidos; ahora nos toca ser portadores y dadores de esa misma bendición a la que bien podríamos llamar la Vida Una.

Viernes 17 de marzo

Hoy hemos hablado de la sabiduría eterna, de la sabiduría sin edades, de la filosofía perenne, de la teosofía, del espíritu de la filosofía, de la religión y de la ciencia. Y lo hemos hecho sin otro nombre y otras formas que las del Corazón. Quizás sea éste el trascendental descubrimiento que el ser humano haya de hacer en el peregrinaje de su vida. Hemos hablado de la verdad, de una Verdad que como el Maestro nos dijo nos hará libres. Y en este hacernos e ir haciéndonos poco a poco, la Libertad está siempre presente. Porque Verdad, Libertad y Presente, quizás sean sólo distintos nombres con los que podamos hacer una pequeña formulación mental de lo que Es. Hemos hablado de cómo la meditación nos conduce a un mundo sin forma, en el que los apellidos y las etiquetas se desdibujan solas, sin esfuerzo. Hemos hablado de que hay que tomar conciencia de la Consciencia, y ello significa darse cuenta. Un darse cuenta que es vivir con los ojos del Alma, de un Alma que presentimos y que hemos de llegar a sentir, para que ella simple y sencillamente Viva sin un yo, sin un nosotros. Los pronombres personales son sólo ideas, tras de las cuales el Alma y el Espíritu todo lo informan. Las ideas son sólo modos en los que la Libertad nos permite expresar la Verdad. Y es tan verdad la idea del creer como la del no creer. Las ideas no hacen al Ser, más bien intentan de manera ciertamente muy limitada describirle, y en la propia descripción ya hay una prisión. Liberarnos de nuestras prisiones es hacer del otro un yo, y del prójimo la Vida. El Presente nos invita a ver en profundidad, a entender que la comprensión del ser humano es la comprensión del universo mismo. El Presente nos invita a mirar con los ojos del Alma, para ver que todos somos el único Espíritu que ve. Es maravilloso apercibirse de que la Vida respira y que respira en nosotros y en todo cuanto existe. Y lo que podemos entender es que la respiración y lo que respiramos es la propia Energía, el Amor y la Inteligencia de la Vida. Es la Energía el Movimiento Eterno que nos lleva de la mano. Es maravilloso tomar conciencia de que no existe tal cosa como la soledad. Es maravilloso saber que no hay otro paso que dar que el que el Presente nos regala en forma de sagrado deber. Y este sagrado deber se torna en la Consciencia del Alma en el aire que respiramos, en el agua que sacia nuestra sed y en el alimento que nutre el propio movimiento de la Vida. Hemos terminado como siempre con un ejercicio meditativo, con ese abrazarnos como Almas sin nombres ni apellidos, y sumergidos en una bendición que está siempre al alcance nuestro porque es así como la Vida juega el eterno juego de las Bendiciones sin fin.

Viernes 10 de marzo

No podemos hacer planes sobre la vida. No podemos hurtarle a la Vida sus prerrogativas. Nuestras agendas no son nuestras, aunque así lo pretendamos, son las páginas de la Vida en las que nos invita al conocimiento, al acercamiento, al hermanamiento con ella misma. La Vida nos invita a que escribamos en este calendario perpetuo todo, todo, todo cuanto es posible, y así lo hacemos aún desde la ignorancia. Hoy ha sido un día muy triste… Uno de los hermanos se ha despedido. Su corazón se ha roto, quién sabe si de tanto dolor o de tanto amor; quizás de ambos. Él no sabía de su partida, pero quizás si lo supiera su alma.  Y nosotros, Rocío y yo, hemos asistido con ojos abiertos a un instante en el que sus ojos también abiertos ya no veían. No podemos amar aquello a lo que nunca nos acercamos, pero no dejaremos de hacerlo si el abrazo, no importa en qué momento o trance de nuestros días, hizo de nosotros uno en el sentir, en la Vida. Su partida nos acerca también a él, a cuánto nos compartió abierta o calladamente, de su propia boca o por la de los hermanos. Perdemos nuestra propia identidad cuando en comunión con quién nos habla somos atenta escucha, respetuosa, y contemplamos la grandeza que nos circunda. Nadie se va por entero, porque no hay un lugar al que ir en el no resida el amor, y en el amor fuimos, somos y seguiremos siendo la Vida Una. Sentados en el patio hemos hecho unos minutos de silencio, hemos orado por la vida y sus designios siempre bellos a los ojos del hermano eterno, del alma siempre presente. Ahora liberada de estos muros seguirá liberándose hasta la libertad primera y última. Allí sentados en el patio un hermano decía, mira, mira los pajaritos que vienen a vernos, los alimento cada día y son la alegría de la vida, de estos minutos en que ellos y yo volamos a una más allá de cualquier página de la vida, más allá de todo calendario, más allá de todo posible futuro. Y este volar sencillo es amar, un amar al que estamos invitados, a una boda en la que todos somos la esposa enamorada que nunca será viuda, a una boda en la que se sientan los hijos del tiempo, que volverán a abrazarse por siempre con su padre en el misterio de la Vida Una. Con reverencia y amor a la Vida que nada nos quita, que siempre invita a prender a volar con las alas de sus hijos y hermanos.

Viernes 2 de marzo

 Cómo explicar este movimiento de la conciencia… cómo explicar la Eternidad sin tiempo…Me parece como si estas letras estuvieran ya escritas y que al tiempo se reescriben a cada momento. Es la Conciencia, y su movimiento, Quien las ordena en el papel y en mi corazón. Ayer estuvimos compartiendo entre los hermanos muchas de nuestras experiencias vitales, para acabar dándonos cuenta de que todas son conciencia, que surgen en una Conciencia presente en cada instante, en cada situación vivida; nos invitábamos a ver que todas ellas desaparecieron y que sólo perdura el Yo que las experimentó. Hemos estado hablando de la forma, de cómo todo se aparece ante nuestras limitadas conciencias como formas separadas. Las formas adoptan numerosas variaciones como notas multicolores de una belleza que apenas vislumbramos y aún menos entendemos. Son el tiempo, un tiempo no separado de lo Eterno. Sentimos, percibimos, pensamos, creemos, actuamos sin tomar conciencia de que todo ello surge en la sola conciencia de un Yo que es el único que subsiste a cada experiencia. Nos hemos enzarzado abiertamente, y hemos discutido si unas formas eran mejores o más apropiadas, si otras eran fruto de una ignorancia de la que somos prisioneros y de la que todos queremos escapar. Ya finalizando la tarde vivimos, como si de una clase práctica se tratara, la experiencia de las formas no deseadas. Uno de los hermanos expresaba casi con llanto su incapacidad para seguir soportando, y otro hermano se confesaba angustiado y profundamente deprimido. La situación invitaba a afrontarla de cara, a no rehuirla y a mirarla muy sentida y profundamente, como niños indefensos que imploran un remedio.  Elegimos el camino de quien no sabe cómo, pero se abandona en manos de la Vida; elegimos trascender las formas del dolor y de la depresión y elevar una súplica desde el silencio. Esta era una oración espontánea que se ahogaba en lágrimas, pero al tiempo poderosa, redentora.  Y desapareció el tiempo, todos nos hemos sentido en el hermano dolorido y en el hermano angustiado, y todos hemos sentido una profunda paz que viniera en forma de aliento, la dulzura de la mano maestra que nos decía que es amando cómo trascenderemos la forma.  Fuimos testigos de la conciencia y de su movimiento, o quizás fuera mejor decir que fuimos conscientes de Ser Conciencia sin forma, y de que es posible vivir en la Eternidad, el momento y lo eterno. Y en este movimiento de la conciencia desperté a la mañana con dulces palabras en mi mente. “La Verdad está delante”. Y en este anhelo de trascender las formas, de entenderlas llegaron a mi corazón las palabras del poeta John Keats que nos invita a una visión total cuando afirma: “La Verdad es la Belleza y la Belleza es la Verdad”, y como quiera que la invocación perduraba, la evocación iluminó las formas, cuando otra voz recordara que la voz sánscrita “rupa” tiene dos acepciones, una “forma” y otra “belleza”. El movimiento ordenó todas las letras en estas reflexiones que se escriben solas porque la Vida las regala, porque los hermanos nos hemos regalado un pedacito de cielo que sabe a Eternidad.

Viernes 24 de febrero. La gripe ha hecho presencia estos días y varios hermanos no pudieron asistir, pero su aparente falta de presencia no es ausencia. Otro nos ha dejado, en su transitar ya no ha de estar más entre estos muros, y eso, en este mundo es buena nueva, una gran alegría, la de saber que las almas se encuentran más libres, más capaces de compartir sus experiencias ganadas como pequeña gota de agua en el mar sin fronteras de la vida. Esto nos hace reflexionar, nos preguntamos si hay un dentro y un afuera, y qué formas revisten estos campos de conciencia. Decían los sabios que la idea de una gota no moja, ni la de comida sacia el hambre. Las ideas son meras formulaciones con las que nuestra mente interpreta lo que percibe. Hemos hablado hoy de que lo que percibe en mayor amplitud no es la mente, es el Corazón. Y el Corazón es el centro de tensión espiritual donde la vida es vida, donde lo que Es se manifiesta en oración expansiva. Este Corazón podrá hablar en palabras, pero su lenguaje es otro en verdad más abarcante, el del silencio. Y aquí silencio es también sinónimo de Amor, nunca de erudición. Por eso la Vida en plenitud es posible para todos sin excepción porque como gotas somos mar y como latido somos corazón. Otros sabios nos dijeron que la palabra (logoi) está unida, ligada al Verbo (Logos). Sí, podemos constatar esa invitación en cada uno de nosotros. La palabra, nuestra razón es un afuera, pero animada por el espíritu inmanente en la misma. Y cuando el Verbo se hace carne, se expresa como el más sagrado de los lenguajes, como la Verdad misma, que a mí me gusta llamar el Lenguaje del Corazón. Otro sabio dijo que la Verdad ha de presentarse de manera que atraiga sin convencer y que convenza sin atar, y eso sólo lo puede lograr el Lenguaje del Corazón. Y es que la Verdad, el Verbo, perteneciendo a los mundos sutiles y más elevados campos de conciencia, compenetra alumbra a la palabra, y aunque ésta apenas sepa interpretar los destellos que la nutren, se siente atraía y aprende a guardar silencio de sí misma. Y también sucede que la Verdad libera y por ello nunca una presentación de la Verdad podrá atar. Su convencimiento es el Amor incondicional que nada pide porque nada necesita para ser completo. Rocío y yo compartimos que este dentro y afuera se desdibuja, el Verbo se hace presencia intemporal, por eso el comentario final al taller era de incredulidad, cómo habían transcurrido casi dos horas, un tiempo sin tiempo, apenas un instante pleno de felicidad compartida. Somos muy afortunados de poder experimentar este pequeño foco de tensión espiritual donde todos aprendemos que somos gotas de un mismo mar, que somos espacios dentro del único espacio y que somos conciencia indiferenciadas en la Conciencia Una. A esto bien podríamos llamarlo fraternidad, y aprenderlo es en sí mismo la palabra que a ello invita y se transmuta en el gozo de la experiencia que, como Verbo, todo lo hermana.
 
 
 

Viernes 17 de febrero. Hoy los nueve hermanos que nos hemos reunido nos hemos reído mucho, muchísimo. Y como uno de ellos dijo al terminar la sesión, la risa también es una forma de meditación. Otro hermano dijo que había sido el mejor taller de cuantos había participado. Y es muy comprensible. Por un rato hemos dejado atrás el mundo de nuestras tristezas y pensamientos agobiados, y nos hemos elevado a la alegría del Corazón, desde donde nacen los mejores regalos, los mejores presentes. Todo es espontáneo, y la risa también ha querido ser la espontánea protagonista que unificara nuestras vidas y propósitos, aunque fuera por unos instantes. Estos pequeños instantes empiezan a parecernos los más importantes, sagrados. Hoy les llevamos la obra completa en tres volúmenes del escritor y poeta Libanés Khalil Gibran y el libro “Iniciación. El hombre perfecto” de Annie Besant. Nuestra biblioteca va creciendo y con ella nosotros. Comenzamos hablando de la atención. Les compartí un folio con distintas frases sobre la atención para que reflexionemos sobre qué es la atención y su importancia. “Como es arriba así es abajo y como es abajo así es arriba”. Este axioma nos abre la posibilidad a que utilicemos la analogía como modo de comprensión y acercamiento a la misma Vida, a una Vida no ya de la que formamos parte sino de una Vida que es nuestra vida, que Nos Es. Nosotros en nuestro taller intentamos por medios gráficos y ejemplos muy concretos de nuestra vida cotidiana profundizar y conocer lo que está más allá de lo aparente. La participación hoy fue muy intensa por parte de todos. Estuvimos intentando explicar cómo cada uno realizaba su práctica meditativa. Ello llevo a diferentes opiniones e intercambios que parecían muy distantes y hasta contrarios. En el momento más álgido de las conversaciones, cuando todos empezaron hablar a la vez y ya ni nos escuchábamos, les pedí que hicieran silencio, y sin nadie que replicara, se produjo un silencio tan penetrante que las voces e ideas, y hasta nuestras personas desaparecieron por completo. El silencio tan profundo hizo que comprendiéramos que en el Silencio todos éramos el Ser, sin diferencias. Fuera del silencio éramos nuestros distintos modos de ser unos discutiendo su mejor valor frente al ser del otro. Nos quedamos todos fascinados por cómo de manera práctica fue explicitado en la experiencia vivida lo que con palabras y nuestras mentes apenas podíamos explicar. Simplemente fuimos conscientes. Varios de los hermanos comentaron la dificultad de lograr estados de paz y de quietud en la meditación que realizan a solas, y que en grupo alcanzaban otros estados de mayor paz, serenidad y alegría. Les pedí que reflexionaran y vieran que no hay que preocuparse, que simplemente hay que trabajar. El mejor ejemplo de ello de que simplemente hay que dar un paso tras otro lo teníamos a la vista. Era el lugar donde nos reunimos. Hacía unos meses era un simple cuarto con mesas y sillas y unas estanterías con libros amontonados y desordenados. Ahora se entra en un espacio al que todos calificaríamos como una biblioteca ordenada, limpia, atractiva, sugerente. De hecho, ha sido reconocida y elogiada por la Dirección del Centro. El hermano encargado de su transformación inició una labor atenta, dedicada, altruista, y poco a poco catalogó, clasificó y ordenó los libros. Todo invita ahora a la lectura. Le pregunté si cuando puso el primer libro la biblioteca parecía ordenada, y si cuando puso el segundo, y el tercero, y le volví a preguntar cómo estaba la biblioteca después de haber ordenado todos los libros. Cada libro es un paso, y una vez dado, siempre viene a nosotros la oportunidad de otro libro, otra experiencia, otro paso más que el Presente nos invita a escribir, y poner en el anaquel del Universo cada palabra, cada letra, cada obra de realización, donde escribimos el libro de nuestra común Vida,  en donde todos los libros son solamente el Libro de la Vida, la expresión una de un compartir iluminado, amoroso y compasivo.

   

Viernes 10 de febrero

Hoy vino un hermano nuevo y todo el grupo comenzamos el taller y nuestra reunión como si fuera la primera entre todos. Hoy hemos vivido un silencio y una expectación que eran pura meditación. Pareciera que la Vida nos insiste a un comenzar a cada nuevo día, a cada nuevo instante. Hay en la Vida una constante Presencia que el ser humano apenas percibe, que la desdibujamos entre nuestras preocupaciones y deseos, entre nuestros credos y formas de identidad. Por eso, quizás, como siempre, sin pretender nada todo ha fluido en nuestro abrazo de los viernes. Hemos hablado de la Conciencia, pero también podríamos decir que hoy todos hemos estado escuchando a la Conciencia. Hemos podido entender de sus palabras y silencios cómo sólo hay Una Conciencia. El propósito de las palabras que fueron surgiendo en la reunión eran el que nos diéramos cuenta de que entre nuestra particular conciencia y la Conciencia sólo dista la distancia de un silencio. No hay camino que recorrer entre nosotros y la Identidad Primordial que somos. No hay distancia entre la dualidad y la no dualidad, entre nuestra creencia de lo que somos y lo que Somos. Tan sólo hay un artificio mental que nos sitúa en un campo donde todo aparece fragmentado. Sin embargo, la experiencia común a todos es que no importa cuantas vivencias o experiencias hayamos vivido, lo único común a todas ellas y a todos nosotros es nuestro sentido de Ser, eso que llamamos yo. La Conciencia en su fluir nos indica que somos el espacio donde las experiencias surgen, y que las experiencias pasan y la conciencia del yo que experimenta permanece. Al igual que entre experiencia y experiencia permanece un yo presente en todo instante, el yo también está presente entre pensamiento y pensamiento. Podemos encontrar ese yo cuando prestamos atención al pensamiento que aparece y desaparece. En ese silencio podemos reposar, aquietarnos, serenarnos, contemplar. Ese silencio es la Conciencia Absoluta, Conciencia que cuando tratamos de explicarla la entendemos como Energía, como Amor y como Inteligencia. En esa Conciencia que es Presencia podemos sentir la Paz y la Libertad. Qué extraordinaria atención y silencio se ha producido cuando la palabra Libertad fue pronunciada. Esa Conciencia nos ha dicho y nos dice que ya somos la paz y la libertad, y que por eso en nuestros anhelos está el sentir la paz y la libertad. Nos ha dicho la Conciencia que no podríamos ansiar la paz y la libertad si en nosotros no fuéramos la Paz y la Libertad misma. La buscamos fuera de nosotros, pero nunca ha estado ni dentro ni fuera, porque es esencialmente lo que ya somos. Por eso esta Conciencia nos invita a desnudarnos de lo que la oculta, a silenciar los modos del ser, para acabar entendiendo que somos Ser, y que podemos adoptar cualquier modo de ser, el que al Presente convenga. Y es ese Presente y lo que acontece a cada instante en nuestra vida, lo que es en sí mismo la Vida. Nos hace partícipes de Sí misma a través del milagro de la existencia en la que Ella se prodiga en donaciones de Sí misma, por eso baila consigo misma en una oración que es música celestial. A cada donación que surge en el movimiento de la existencia le ponemos nombre y rostro, pero si miramos en los ojos de cuanto existe y con los ojos del alma que nos es común a todos y a todo, tomamos clara conciencia de que sólo hay Una Vida y que nosotros, como hijos pródigos, podemos abrazarla en el Presente, a cada momento. Entonces, nuestro viaje, el de la conciencia hasta la Conciencia habrá concluido. Todo territorio es sagrado. En el Silencio, en la Conciencia que trasciende la vivencia misma está la plenitud de cada instante, la del yo que se ha diluido en el Yo Universal. Cada momento es la puerta al Eterno Ahora. Ya sólo restará permanecer despierto a esta conciencia que es Conciencia y en ella descansar, un descanso que es pura acción. He aquí uno de los misterios en que se goza el Universo.

Viernes 3 de febrero

Cualquier viernes, cualquier día en el calendario podría parecer igual, pero también muy distinto, tan variado y diverso como el universo mismo, que siendo Uno, desde cada uno de sus átomos puede advertirse una perspectiva diferente. En la intención de nuestro taller está llegar al centro común de cada uno de esos átomos; nos asiste el propósito de entender mejor la relación entre todo los que coexiste, y consiguientemente las circunstancias en que cada uno de nosotros nos desenvolvemos y maduramos. Hoy vino un hermano nuevo. Se acercó al taller después de varios meses. Nos damos cuenta de que son los propios internos los que se animan entre sí a participar de esta experiencia del compartir consciente. No sabemos muy bien cómo la Vida nos reúne en la misma celda del vivir cotidiano. Cada vez que un hermano asiste por primera vez al taller todos asistimos por vez primera también. Sin saber bien cómo sucede, las palabras son siempre nuevas, y aunque parecieran distintas o las mismas, siempre están cargadas de una idéntica intención que en sí misma es renovadora. Y lo mejor es que las palabras no son de nadie, y sin embargo los silencios son de todos. Es este silencio tan espectacular que se produce en el taller, el que nos ofrece un manantial de agua viva siempre accesible a nuestra presencia. A lo largo de un año de taller podemos percibir un movimiento que, lejos de ser algo pretendido o creado por nosotros, es algo natural, muy fresco y cálido a la vez. No es fácilmente definible; fraternidad podría ser la palabra que mejor lo describa. Este movimiento fraterno es el de la Vida misma, movimiento siempre presente, incesante. Si llegamos a percibirlo, siquiera a vislumbrarlo, quedamos invitados a ser parte de su aroma y fragancia. Cada día es la sagrada oportunidad de unir lo distante a lo presente, de ser parte del movimiento consciente. Y no importa en qué medida cada cual se exprese ya no habrá separación más que en lo aparente.

Viernes 27 de enero.

Nos reunimos hoy doce almas. El vínculo entre nosotros es cada día o cada semana más estrecho y cercano, más amigable, más entrañable. Nos abrimos todos al reconocimiento de lo que es común a todos nosotros: la Vida misma. Estamos aprendiendo a ser fraternos y para ello el hermano es la piedra angular de toda la experiencia. Cuando reconozco al otro como parte de mí y a mí y a nosotros como parte de un Todo mayor empezamos a abrir un portal que nos lleva a una felicidad que apenas podemos nombrar o identificar. La Vida se expresa en sus múltiples dimensiones y profundidades y nosotros reverentemente y de manera humilde nos abrimos a Ella. Tomamos conciencia de lo que no comprendemos y de lo que no alcanzamos a interpretar con nuestra mente y nuestros sentidos.  Sin embargo, en este vacío en el que se intuyen los misterios, la Vida regala aromas de presencia que son en sí mismos las claves de una comprensión mayor. Hoy les habíamos llevado dos libros para su biblioteca, su autor era el Dalai Lama y trataban sobre la felicidad en la vida diaria y sobre la felicidad en el trabajo. Y causalmente, sin que ellos supieran que les habíamos llevado esos libros, surgió el tema de la felicidad. Surgió una reflexión y una pregunta: ¿Se puede ser feliz en la cárcel? ¿Se puede ser feliz ante una limitación a nuestra libertad de ser y de realizar? Las respuestas fueron varias. Algunos de los hermanos sostenían una posición, muy común por lo general a la mayoría de las personas, la que niega la felicidad, y sólo acepta un cierto estado de alegría cuando alcanzamos un logro u obtenemos un bien o algo deseado, si bien es transitorio y es seguido de un estado de tristeza cuando se pierde. Otros afirmaron que sí que es posible un cierto estado que, si no se atrevían a calificar como felicidad, sí lo asociaban a la armonía y a la paz interior. En particular hubo varios testimonios de hermanos que afirmaron estar en paz y en armonía, en un estado que desconocían en sus vidas previas. Se trataba de un estado que no cambiarían por la libertad de la que antes gozaban. Para ellos había sido toda una conquista o descubrimiento. Afirmaban que lo más importante de la vida era gratis, que no se podía comprar con dinero. La Vida ya nos proporcionaba lo que necesitamos y todo está a nuestro alcance en la medida que abrimos nuestros sentidos internos hacia ello. Esto nos llevó a considerar que lo que nos produce la alegría cuando alcanzamos un logro u obtenemos un bien no es sino un reflejo de un estado interior. Aunque no supimos muy bien ponerle el nombre había un reconocimiento de que esa alegría era un reflejo de algo interno que ya poseemos. Esta es la explicación de que buscamos la belleza, la verdad, la bondad porque ya somos en nuestra esencia la belleza, la verdad y la bondad. Es nuestra alma la que nos impele a completarnos a través de nuestras experiencias y son nuestras experiencias las que nos permiten tomar conciencia y actualizar lo que en potencia aguarda para ser realizado. Todos convinimos que a lo largo de nuestras vidas hemos experimentado un estado de plenitud, de armonía, de un estado completo al que no le falta nada. Y aunque esta experiencia sea momentánea o transitoria, y aunque esta experiencia no sea registrada por nosotros con el nombre de felicidad o plenitud, ello nos acerca a nuestra esencia: un estado de armonía que se extiende más allá de los límites y de las circunstancias, un estado de armonía que surge de la atención y aceptación de un presente que es un vacío de todo lo que sobra y es un lleno que no necesita ser completado.

Viernes 18 de enero

El aroma y la fragancia de Rosina ha estado presente durante toda la semana. Así me lo han hecho saber los hermanos. Querían saber más de ella y cuándo podría volver a estar entre nosotros. El estímulo de un servidor nos hace crecer. Nos hace cuestionarnos nuestro modo de vivir y qué y quién es este sujeto que vive las experiencias, su lugar en el mundo y el sentido del mismo. Algunas de estas preguntas surgieron poderosas e inquietantes en nuestra reunión de hoy. La visión que Rosina nos diera del país donde ella se ha entregado en vida, no importa su nombre, es el retrato de una parte del mundo que habitamos; es un retazo de realidad. Podría ofrecernos una visión pesimista y desesperanzadora porque no sabemos bien cómo poder transformar un inframundo en un mundo armónico. A tal pregunta mi respuesta fue qué no sabía cómo podríamos cambiar ese mundo, que tenemos pocas respuestas, que el ser humano es extremadamente complejo y estamos por descubrir nuestra verdadera naturaleza y capacidades potenciales. Pero precisamente es eso lo que nos trae a estas reuniones, a estos emprendimientos y al encuentro con la vida misma: descubrir lo que es nuestra verdadera naturaleza y ver más allá de lo aparente. Porque en el inframundo donde Rosina servía, también había un cielo, el que ella encarnaba con su presencia sagrada. Y Rosina y el néctar que ella extraía de cada uno de sus actos ha evocado en nosotros que quizás haya una respuesta: la del colibrí. Cuenta la leyenda o el cuento que ante un gigantesco incendio en la selva se hallaba el pequeño colibrí portando en su pico una gotita de agua, e iba y venía al río a por una gota, y otra gota, y otra gota, incansable, tratando de apagar el fuego, cuando el león advirtiendo el peligro le llamó necio al colibrí y le invitó a que huyera, pero ante la insistencia del león, el colibrí le contestó:  sólo hago mi deber. Gota a gota, incansable al desaliento es la labor de los servidores consagrados que, no importa en las circunstancias que el karma les ha procurado, se afanan en hacer su dharma, se consagran a transfigurar la materia y traer a nuestros sentidos el espíritu que la habita. Les hice ver que la foto o el retrato, un momento particular de nuestra vida o de la de la humanidad, no ofrece nada más que lo que ofrece eso, una instantánea, que no es una película que pudiere ofrecernos su historia desde el principio hasta el final. Cada uno de nosotros, como el colibrí escribimos unas letras apenas de ese libro de la vida, y si apenas escribiéramos sólo cuatro letras, las del amor, seríamos héroes o heroínas como el colibrí o Rosina. Les he hablado de la intuición de un mundo inefable al que no podemos referirnos con palabras, pero que está presente en el alma del colibrí y en nuestros corazones, y que aún a pesar de nuestra aparente pequeñez y falta de madurez ya portamos en nuestro interior ese néctar y esa agua de vida, y que bien vale dejar a la Vida que ella nos hable y aliente, descansando en lo invisible, confiados, sabedores que nada permanece sino la Vida.

   

Viernes 13 de enero

Hoy nos ha visitado el cielo, o un ángel, lo que para mí es lo mismo. Rocío desde sus silencios invoca y las respuestas del cielo llegan a nosotros en formas variadas de presentes. En sus causales contactos conoció a Rosina. Sí, hoy nos ha visitado un ángel, a la que sus padres llamaron Rosa, pero a quien por su pequeña estatura y complexión de niña le cambiaron el nombre por Rosina, porque tan pequeña era que no alcanzaba a ser una Rosa. Pero la presencia de Rosina revela algo muy distinto, un ser que tiene la estatura del Cristo. Apenas la vi, y ahora que escribo estas líneas, tengo la convicción de conocerla de siempre. Ahora pesa 43 kilos, ha recuperado 12 kilos desde una terrible enfermedad contraída en el país africano donde realiza su labor evangelizadora como hermana misionera Mercedaria. Este néctar de los dioses que es Rosina vino a visitar y a endulzar la vida de nuestros hermanos internos. Ella es pura esencia de amor y compasión, pero también valor y arrojo innegables para enfrentar lo que haga falta, así se percibe, no sólo por su obra sino por su mera presencia porque, aunque no hable, sus silencios y sus ojos son puro fuego, balsámico y abrazador. Durante una hora y media estuvo explicando y compartiendo sus vivencias de más de treinta años de donación ininterrumpida a los desheredados de la tierra, a quienes viven sin agua y no conocen la electricidad, a quienes con suerte comen una vez al día y no saben lo que es una vivienda o trabajo. Un inframundo en el que la supervivencia es la única sinrazón, porque apenas no hay otras razones para vivir. Allí Rosina ha vivido hasta que su enfermedad derivó en un coma por nueve días, y cuando pensaban ya en la repatriación de su cadáver, abrió los ojos para asombro de todos. Ella había vivido durante estos días un encuentro con lo más inefable de sí misma. Como nada es casual algo me llevó a preguntarle y ella me reveló con la dulzura de sus ojos y la humildad de un corazón que no cabe en su pequeño cuerpo, haber vivido durante ese proceso una revelación, una comunión tan profunda con la vida que ya no desea nada, apenas su único deseo que mantenga sea el de volver a la tierra donde su alma se ha entregado por completo, hasta vaciarse tan enteramente de sí misma que se ha llenado de Cristo, de Dios y de bienaventuranza para todos los que ahora tenemos el regalo de su presencia, aunque sea por escasos instantes. Rocío y yo en nuestras aproximaciones a nuestros hermanos cosechamos abrazos, Rosina los habrá de cosechar del mismo Dios. Nos contaba cómo en las cárceles que ella frecuenta la más habitual de sus tareas era retirar los cadáveres de los presos. Seres humanos tratados como bestias, todavía hoy en día con grilletes, sin agua ni comida, que han de pagar por su estancia aun cuando tampoco dispongan de celdas, y a los que sin las ayudas de sus familias mueren sin más remedio. Rosina nos quiere hacer ver que ella nunca hizo nada, que sólo asumió la tarea que la Vida le fue presentando y que aprendió a amar a cada trago de la amargura y desesperanza que intercambiara con sus hermanos pobres, con los cristos invisibles, con los crucificados a quienes ofreciera el néctar de la dulzura del que su corazón es sagrado venero. Sí, hoy hemos visto a Dios en forma de pequeña gran mujer. Cuánta entrega y servicio, cuán estimable ejemplo del que aprender. Hoy somos todo agradecimiento, y sin excepción hubo un ruego de todos los hermanos presentes, por favor Rosina vuelve pronto, te necesitamos.

Viernes 6 de enero. 

Hoy es un día de fiesta que, entre los cristianos, se conoce como la “Epifanía del Señor”. Se nos dice que etimológicamente significa “manifestación” y si lo referimos al Señor, estamos aludiendo a los momentos en que Jesús se manifiesta o revela al mundo. Por ser hoy viernes festivo, entre los hermanos habían hecho apuestas sobre si iríamos a la prisión a compartir con ellos. Y las apuestas, aunque no eran coincidentes, todas estaban revestidas de un anhelo muy sincero: todos estaban deseando vernos, abrazarnos y compartir un sencillo rato, al que hemos llamado taller. Como reyes magos Rocío y yo les hemos llevado tres regalos, unos pocos caramelos, un calendario con todos los santos del año y un corazón en madera.  Hoy he sentido que con muy poco se puede endulzar un rato, que todos los días son santos y que en un pequeño corazón de madera palpita y late el amor de la Vida. Hoy he sentido que, en cierta manera, en nuestro taller todos estamos siendo carpinteros de nuestro destino, tallando con atención e intención la noble madera de nuestros cuerpos groseros para delinear primero y manifestar después el espíritu que la habita, noble y bello. Cuando aparecimos hubo quien se sintió vencedor en su apuesta, pero todos sin excepción compartimos la misma alegría, el don del regalo. Si esperamos pasivos a que Jesús, la verdad o el amor, se manifiesten y presenten ante nosotros nos estaremos perdiendo el verdadero mensaje de Jesús, su regalo porque Él, como avatar, siempre es presente en el cíclico tallar de la Vida. Si Él es palabra viva, no puede no estar presente vivificando cada instante, cada átomo, cada corazón. Sabemos que incluso lo manifiesto puede ser, y de hecho, es negado por nuestros sentidos, por ello no es de extrañar que si sólo nos relacionamos con lo más externo y superficial, con el dolor de las briznas de madera que la Vida cincela, no seamos capaces de ver la transparencia y gozo de su presencia, no es de extrañar que no vislumbremos ni intuyamos que en cada madero existe sagrada figura, piedad eterna que como madre nos recoge en sus brazos en cada morir de nuestros sentidos. La belleza siempre está y estará presente. En mis conversaciones interiores con el Alma acerca de lo que acontece, encuentro que Jesús no se entristece por nuestra escasa visión y destreza, no le entristece, aunque le duela, nuestro lento tallar, porque Él, como buen Maestro y carpintero del Alma, aún antes de tallarla ve la obra acabada. Jesús representa y es la manifestación de la Vida o la Vida en plenitud manifestada. Jesús es movimiento, oración universal que al microcosmos de nuestras pequeñas vidas se regala, en un renacer de avatares de Amor que dan continuidad a Jesús en un Presente sin tiempo.

Viernes 30 de diciembre.

El pasado viernes 23 no asistí al taller por estar de viaje, pero Rocío estuvo por los dos. Cuando uno no puede el otro puede por los dos. Estamos llegando a un grado de comunión entre nosotros y con nuestros hermanos que es un muy preciado regalo. En estas fechas se suelen hacer regalos para demostrar nuestro afecto y nuestra unión, y no nos importa que estos regalos suelan venir revestidos de materialidad porque los envolvemos con nuestro mejor aprecio. Si, más allá de la materialidad, podemos ver en todo cuanto nos circunda un alma que da sentido a lo que hacemos, al cómo vivimos. A pesar del desvarío del ser humano, y aunque las más de las veces no seamos capaces de percibirlo, el Alma controla la forma externa, incluso el desvarío, y es portadora de la luz y del amor que subyace a cuanto acontece. Si, como decíamos un corazón lúcido y una mente amorosa pueden afrontar el mundo y redimirlo de sí mismo. Hoy 30 de diciembre, cuando termina un año y los seres humanos hacemos balance todos nosotros nos sentimos inmensamente regalados por la Vida que quiso hacernos partícipes de esta experiencia sagrada que es conocer en profundidad nuestra condición, la condición de nuestra naturaleza humana, siempre acompañada de la sagrada revelación de la esencia divina de la que está conformada, en la que vive y de la que es parte inseparable. Aprendemos en nuestras cárceles personales la libertad interior que posibilita la expansión de la conciencia y el eterno abrazo de amor, de luz y de poder que comporta. Esta libertad es la Verdad misma. Vivir la verdad es ser libres y nosotros estamos aprendiendo a vivir la verdad de la Unidad de todo cuanto existe, estamos aprendiendo a vivir la fraternidad, estamos aprendiendo como infantes el Lenguaje del Corazón, estamos aprendiendo a leer como infantes las letras de sabiduría con que el Cosmos entero escribe sus mejores sinfonías y entre todas la más necesaria, la del Amor.

Viernes 16 de diciembre.

Se acerca la navidad. Los hermanos nos habían pedido si podíamos llevarles películas de temas navideños para poder proyectarlas en la sesión dominical de que disponen para visionado de películas. El sentimiento de tristeza y soledad es aun mayor en estas fechas. Pudimos acercarles algo de la navidad gracias a varias películas muy apropiadas para estos días. Las reflexiones de la semana anterior nos invitaron a ahondar sobre la necesidad de la confianza, de fortalecer en lo más posible la intuición de nuestra naturaleza divina, de toda la potencialidad que anida en nosotros y que tan desapercibida está ante nuestros sentidos poco desarrollados. Si la semana pasada hablamos de supervivencia y de la dificultad máxima de “ser nuestra mejor versión” y de los abismos que nos acechan aun cuando queramos vivir con presencia y consciencia, esta semana nos ha puesto a prueba a todos. Previamente a iniciar el taller pude observar un incidente entre dos internos, uno de los cuales suele asistir regularmente; un enfrentamiento que pareció no tendría mayor transcendencia. El taller comenzó recordando a Rocío y su presencia entre nosotros, y como a ella le gusta, lo iniciamos con unos minutos de silencio que, además, esperaba yo en lo más interno de mí mismo pudiera contribuir a sosegar y serenar el ambiente. Por espacio de una media hora hablamos de la posibilidad de utilizar mantrams para permanecer en la luz, en la consciencia de lo que vivimos en el día a día, para permanecer en la conciencia de unidad. En hoja impresa les escribí varios mantrams cuyo nexo es la afirmación de la naturaleza interna en sus aspectos de luz, amor y voluntad, y la reconexión con nuestro Ser y sus potencialidades. Durante el silencio y esta primera media hora el grado de atención y de serenidad llegó a ser sobresaliente, al menos así me lo parecía… sin embargo sin saberlo estábamos viviendo a un tiempo el cielo y el infierno, el infierno y el cielo, dos estados de conciencia curiosamente tan distantes pero también tan próximos. Y justo cuando nos referíamos a la necesidad imperiosa de intentar dar lo mejor de nosotros mismos, el abismo desató una tormenta y sus peores energías… Asistimos a un episodio de violencia inesperado que precisó de la intervención de todos. En primera persona pudimos ver cómo uno de nuestro hermano estaba tan descentrado de sí mismo que perdió toda conciencia de lógica y de realidad. La cooperación de todos permitió devolver al hermano la calma y como si de una montaña rusa se tratara nos vimos en un momento en lo más alto y en otro en lo más bajo. Un solo instante de amargura y de miedo descontrolado nos lleva al abismo y a una guerra que siempre dejará secuelas difíciles de curar. En cada uno conviven todas las posibilidades, la guerra y la paz. En cada uno y en todos. Cada uno es el reflejo del mundo, somos el mundo a escala, y cada uno necesitamos del otro el mayor aprecio y comprensión, del afecto y la inteligencia de los demás. Pude ver en los ojos del hermano el miedo, la angustia, la soledad y la ausencia de brújula, vi también el miedo, la angustia y la soledad del mundo y nada me era ajeno. Cuánto nos necesitamos de esta nuestra única brújula, la fraternidad, cuanto necesitamos esta fraternidad a la que le debemos toda nuestra energía, amor y luz, a la que le debemos toda nuestra mente y corazón. Que la personalidad no se desanime, que la personalidad se desnude de sus pobres ropajes y se vista sólo de Alma, porque lo que imposible para la personalidad no lo es para un corazón lúcido y una mente amorosa.

Viernes 9 de diciembre

Hoy nos hemos encontrado diez hermanos. Tenemos la sensación, y por qué no también decirlo, la certeza de que estamos haciendo nuestra particular sinapsis en el Corazón grupal. Nuestro particular latido es el latido del Corazón y cada encuentro fortalece la relación. Hoy hemos compartido reflexiones sobre la fortaleza. Rocío trajo un libro muy a propósito. Tan a propósito que como sabemos que nada es casual, el libro “Tenía que sobrevivir” de Roberto Canessa venía a ser el estímulo preciso que todos necesitamos. En este libro este médico y exjugador de rugby uruguayo narra la historia que vivió cuando el avión en el que viajaba el equipo sufrió un accidente cayendo en medio de la Cordillera de los Andes. Este es a buen seguro un libro diferente sobre aquella tragedia de los Andes. Nos ofrece su visión psicológica del percance y cómo este “accidente” le inspiró su vocación para salvar vidas. Hemos profundizado en los atributos que son parte de la esencia de todo ser viviente en la naturaleza: Voluntad o Energía, Amor-Sabiduría e Inteligencia. Nos hemos detenido en este primer aspecto de la fortaleza o poder del que disponemos en cantidades sin límites. La Vida nos va procurando a cada cual el “accidente” conveniente o necesario en la ruta hacia el despertar consciente a nuestra naturaleza divina. En ocasiones podrá ser una montaña nevada, en otras una pequeña colina, nos toparemos con barrancos en apariencia infranqueables, con una cuenca, quizás con una cuesta al final de la cual hallaremos acuíferos, arroyos, cascadas o lagos. El Río de la Vida nos transporta y aunque pueda discurrir a veces sereno y tranquilo otras lo hará en forma de peligrosos rápidos. Sin embargo, en cualquier parte del viaje, el agua estará en una u otra forma presente: El Agua de la Vida más abundante, que está presente como potencia impulsora y sanadora. Los hermanos nos han dado hoy testimonio de la dureza del “accidente” que la Vida les ha traído a su particular peregrinaje. La dureza del día a día aún vivido con presencia y consciencia se torna en abismos que quisieran tirar por tierra todo el camino recorrido. Agradecen estos encuentros y estos pequeños ratos como si fueran remansos, manantiales de paz, pero tan efímeros que la realidad del medio les sobrecoge tan pronto como retornan a ella. Les animamos a que no se desanimen. El alma ha de estar presente y todo nuestro afán deberá ser el de permanecer en el estado del alma, donde hay luz y por tanto perspectiva para intuir que nos espera otro paso en el que tendremos conciencia de ser llevados de la mano. Hoy nos vamos, como siempre entre abrazos abrazados, pero también con un sentir y honda pena por la frustración que sienten en la lucha por la supervivencia; y es que, nos relatan y nosotros comprendemos, no todos hemos percibido todavía la realidad de una unidad que subyace y entreteje cada particular “accidente” del sendero, una unidad que hace de cada parte del camino la trama de la misma Vida.

Viernes 2 de diciembre

Hemos comenzado un nuevo mes, una nueva oportunidad. La visión que tenemos de la vida y de lo que acontece varía enormemente en función de nuestro estado de conciencia, y éste, las más de las veces, está condicionado por las circunstancias que vivimos. Un hermano me decía antes de comenzar nuestro habitual encuentro. Mañana es sábado, y pasado es sábado y el siguiente es sábado… todos los días eran el mismo día. La meditación y el centramiento en lo esencial de cada uno puede llevarnos a liberarnos de las circunstancias y a comprender lo que vivimos, a sentir que lo único, inmutable y esencial en nuestras vidas no es susceptible de ser condicionado ni nuestra visión de ello limitada. El mirar más atenta y profundamente a la Vida nos permite liberarnos de lo que hasta ahora consideramos como circunstancias condicionantes, y a sentir que éstas tienen una función y un sentido. Hoy hablamos de que existen distintos estadios en nuestra manera de encarar la vida profesional, pero que es aplicable a cualquier faceta de nuestra realización. En un primer momento trabajamos para obtener un dinero y poder subsistir; después pasamos a hacer las cosas bien para obtener reconocimiento y un mejor salario; un estadio más avanzado o superior sería el siguiente en el que tomamos conciencia de que, además, el trabajo sirve para sentirnos bien o realizados; en un paso más podemos percibir que, además, hay un sentido de utilidad, de servicio a los demás, y que formamos parte de una interminable cadena de donaciones, del entramado en cómo el universo se despliega ofreciendo sus dones. Un último y más elevado estadio sería aquel en que tomamos conciencia profunda de que nosotros nunca hemos hecho nada, no somos el protagonista de ninguna acción y que ha sido la Vida quien en su Inteligencia se ha sido la única y auténtica protagonista. Este último estadio es pura contemplación en la acción, y no sólo es posible sino inevitable en el tiempo. Pero antes de poder llegar a este estado meditativo, hemos de comprender bien los procesos en los que estamos inmersos, sin juzgarlos, mirándolos en un afán de investigar y de sondear territorios de la conciencia que ahora presentimos, que luego sentiremos para, finalmente simplemente tener conciencia del Ser presente en todas las formas de existencia.

Viernes 25 de noviembre. 

Hoy empezaremos por el final. Tras nuestro encuentro quedó en el aire, a modo de síntesis, la siguiente reflexión: “Menos mente, más Corazón”. Escribimos mente con minúsculas y Corazón con mayúsculas. Nuestro mundo mental cuando no está iluminado por la Luz del Corazón se convierte en un círculo vicioso de palabras, de ruidos, de condicionantes, de limitaciones. Esto no lo advierte la mente concreta, pues ella sólo responde a su propia naturaleza y finalidad. Es un instrumento, pero ella no lo sabe, ha de aprenderlo, pero mientras lo hace o no, ella se cree soberana, rey y dominadora de su mundo. El sufrimiento lo concibe como cosa ajena, pues es su capacidad de escapar de la culpa la misma que la de la supervivencia de quién no entiende que es eterna y que nada permanece sino la Vida. La expectación que se genera en nuestros encuentros llega a una atención serena, que es madre del silencio y que en el silencio es Vida. Tenemos que aprender a mirar esa expectación, esa serenidad, ese silencio, esa Vida, porque nada hay que no sea la misma y única Vida. Vida que es inefable, eterna, sin límites. Esta conciencia de Verdad, de Libertad cuando se vislumbra aunque sea mínimamente en un centro de reclusión adquiere una importancia extrema, porque es autogeneradora de todas nuestras potencias, de nuestra Energía, de nuestro Amor y de nuestra Inteligencia. Si por un instante nos damos cuenta de que nuestras personalidades han quedado diluidas en esta armonía del encuentro, no importa el contenido de las palabras, entonces la Vida se abre paso entre nuestra torturada mente, y la consuela, la ilumina, le otorga una dimensión nueva porque haciéndose niña encuentra su casa en lo divino, más allá de sus ruidos, condicionantes y limitaciones. Sí, hay que empezar siempre por el final que es el principio, porque no hay otro paso: Un solo Corazón y muchos latidos. Que nuestra percepción del latido da la Vida nos haga reposar en el abrazo del Corazón Uno, y con Él ser dueños de la bendición Universal que se goza en todas sus creaciones.

Viernes 18 de noviembre.

Al llegar hoy al centro los hermanos estaban disfrutando de una merienda que, una vez al año, les ofrece la pastoral penitenciaria. Tuve la oportunidad de compartir con ellos la merienda y de conocer a tres de sus voluntarios, todos ellos jubilados, que realizan allí distintas actividades, algunos con más de veinte años de experiencia. Son muchas las personas que donan parte de su tiempo y de sus vidas, y de las que todos podemos aprender mucho. Estas personas, sin duda, y desde su servicio constituyen sus pequeños núcleos de fraternidad. Veinte años de dedicación desinteresada son la muestra de que hay un alma a la que no le están vedados ningún espacio o lugar, y que son testimonio de una fraternidad que existe, que es real, aunque muchos estemos empezando a descubrirla y otros no la perciban o incluso la nieguen. También tuve la ocasión de compartir con un hermano que no suele participar del taller de meditación. Su testimonio de vida, relatado en apenas quince minutos me pareció que, en cierta forma, era el de la humanidad en su conjunto, el del ser humano que transita por territorios de luz y de sombras, de éxitos y fracasos. Relataba que, aun sin tener estudios, pudo hace carrera para auxiliar a su madre viuda y con muchos hijos y carente de recursos. Me contó como casi sin darse cuenta cayó en la adicción del alcohol y sufrió un auténtico infierno del que no sabía salir. Gracias a 5 años de terapia consiguió rehabilitarse y dedicarse al voluntariado en muchas actividades relacionadas con la ayuda a la superación de adicciones; pudo reconciliarse con su familia a la que no abrazaba hacía años. Fatalmente por causa que no comentó ni jamás preguntamos, había ingresado en prisión. Entre sus prácticas habituales estaban la de ser muy disciplinado y la de hacer mandalas, a través de los cuales comentaba, una vez terminados, le hablaban de su mundo emocional y de cómo superar sus dificultades. Había aprendido por si mismo cómo sólo desde el nivel mental era posible sanar los niveles emocionales. Le pedí que a modo de mandala escribiera su relato. Quizás lo haga. Entre tanto seguiremos haciendo silencio y escuchando a la Vida muy atentamente, a todas las voces que Ella nos regala.

Viernes 11 de noviembre. 

Hoy ha sido un día memorable, inscrito ya en la memoria de lo eterno, sin tiempo. Hoy hemos aprendido todos juntos a ser algo más libres y agradecidos. Las palabras no bastarán para expresar la libertad sentida, pero en cada una de sus letras y entre el silencio que a cada una alumbra reside el Amor que las inspira. Un mismo Amor que a todos nos abraza, unifica, relaciona y se goza en el juego de la Vida. Uno de los hermanos salía hoy de la prisión, pero su libertad interior había sido ya anuncio durante su internamiento entre estos muros de su verdadera condición. El testimonio de sus hermanos ha sido un testimonio pleno de autenticidad y de un sentir profundo alumbrado desde mucho más allá de las lágrimas y de los abrazos. Estas lágrimas y abrazos han sido sólo la muestra o el modo en que resonaron nuestros corazones. Un sentir profundo que es amor incondicional. Esto es libertad. La que este hermano nos ha sabido enseñar durante su internamiento. La disponibilidad, la sonrisa, la apertura a la necesidad del compañero, su presencia serena y atenta en nuestros encuentros. El agradecimiento de sus propios compañeros ha sido el mejor de los posibles regalos, porque ha sido el reconocimiento de la visión lúcida de una esperanza que todo lo hace posible y realizable, aún entre muros no deseados. Nuestra conversión no es sólo posible sino una evidencia. Todo y mucho más ha sido lo compartido, el fruto de una experiencia que nos demuestra que somos más allá de lo aparente, de lo que nosotros y los demás podamos pensar de nosotros mismos y de los demás. Somos Amor y Luz para aquellos con quienes la Vida nos ha alineado. En nuestro viaje de la conciencia surfeamos las olas de la paradoja de la vida y arribamos a las playas donde la libertad y el amor no encuentran fronteras. En este espacio sin tiempo podemos darle sentido a un tiempo psicológico que no alcanzamos a aceptar. En este tiempo sin espacio hemos aprendido lo unidos que estamos, porque no hay muros que separen la conciencia del Ser que es Amor y Luz. Un Amor y una Luz que se expresan como Atención sagrada al pequeño instante que surge ante nosotros, como la ola que no hay que rechazar porque es la que nos aproxima al destino, a un Origen que se sabe también Camino, a un Camino que es el Destino Eterno sin tiempo. Hoy y mañana y a cada instante cuando evoquemos el rostro del hermano, su sonrisa y ojos azules, cuando evoquemos al hermano que ya no está entre muros, nos sabremos todos libres en la Conciencia que traspasa nuestras propias fronteras. Ahí donde todo es Libertad, ahí nos encontramos. La dicha quiso regalarnos también el instante cuando nuestro hermano se abrazaba a su familia en los aledaños donde la espera se disuelve en un abrazo inenarrable. Cinco seres se fundieron en este abrazo en el que ya no podíamos distinguir una figura de la otra porque sólo había el Alma Una de todos ellos, la ternura de una madre que nunca estuvo separada de su hijo, los corazones de su hijo y de su hija que siempre fueron sustento, la alegría incontenida de su hermano, que nos hizo también sentirnos a todos Hermanos Uno. Gracias Hermano.

Viernes 4 de noviembre. 

En ocasiones nuestra presencia no es posible y transcurren dos semanas entre encuentro y encuentro. Se nos antoja que es mucho tiempo. Un voluntario, cuya actividad se prolongaba en el tiempo por más de treinta años visitando cárceles y atendiendo a sus internos, me confesó su creencia de que somos como pequeñas plantas, que han de ser atendidas y regadas, cuidadas y alimentadas cada día, al menos cada semana, en este caso. La presencia cuando participa de la naturalidad y sinceridad de lo interno escapa al tiempo. Esto en cierta forma nos consuela, porque crea lazos o más bien habría que decir que los saca a la luz, los alumbra. Nuestras separaciones son más fruto de una visión corta, miope, inexperta que fruto de la Realidad que Es. Todo acercamiento entre personas no es, en última instancia, sino el diálogo de la Vida consigo misma. Todos formamos parte de esa Vida Una y este es el descubrimiento a realizar. Realizado el descubrimiento se produce la Realización. En este acercamiento, hoy hemos hablado del silencio, porque un retiro de silencio había sido la causa de nuestra ausencia la semana anterior. Explicar lo que es el silencio, lo que el silencio es para cada uno de nosotros es tarea imposible, porque el silencio no es una idea, ni una creencia; es por el contrario una experiencia y, como tal, ha de ser experimentado. Todo acercamiento mediante el estudio encaminada a la comprensión de nuestra naturaleza, expande nuestra conciencia y nos acerca al silencio. Todo acercamiento mediante la oración contemplativa o la meditación, sin otra pretensión que la de abrirse al Ser que somos, nos sumerge en la profundidad de la Realidad que somos. La vida espiritual está llena de paradojas. La mente no comprende lo que en el Corazón es luz. Cuando la voz del Corazón se expresa lo hace como luz silente que no precisa de palabras ni de signos externos. Esta luz bien puede ser denominada como silencio, pero hay mucho más porque hay muchos grados de percepción de la luz y del silencio. No hay muchos silencios, pero sí muchos estados de conciencia desde donde se percibe o no el silencio. Entre nuestras primeras conclusiones cuando nos aproximamos a la vida espiritual es que nos sobra de todo, y que sólo en la ausencia de todo lo que es ruido, lo que es superfluo, se abren nuevos campos de cognición y percepción. Es entonces cuando descubrimos una nueva sintonía que es común a todo cuanto existe, porque es la propia comunión del universo consigo mismo. Hoy hemos hecho un silencio al comienzo y al final de nuestro encuentro. El grado de profundidad alcanzado no puedo explicarlo, tan sólo decir que han sobrado palabras finales que se tornaron en tantos abrazos como hermanos allí estuvimos compartiendo el regalo del Silencio.

Viernes 21 de octubre

Se cumplen nueve meses de nuestra presencia en el centro y de la actividad del taller de meditación. Quizás convendría preguntarse si tras este tiempo de gestación algo ha sido dado a luz. Quizás no sea tan importante la respuesta como el hecho de la sola presencia, como el hecho de permanecer disponibles y atentos a lo que esa Presencia mayor nos regale a todos, a ellos y a nosotros, a todos en definitiva porque la Presencia, a través de nuestra presencia, disuelve nuestras pequeñas identidades en la Identidad Una del Amor. A lo largo de este tiempo hemos visto como ciertas cosas van cambiando y otras son aparentemente las mismas. Rocío me dijo en cierta ocasión: El año tiene 365 días; en la cárcel los 365 días son iguales y el mismo. Hemos tenido la oportunidad de conocer a muchos hermanos, unos vienen al taller y dejan de venir por distintas circunstancias, algunos porque por fin terminan su reclusión. A lo largo del tiempo unos hermanos invitan a otros sin que por nuestra parte fuera necesaria ninguna invitación más. Hemos podido observar que cuando se encuentran mal dejan de asistir y cuando lo comentamos con ellos les hacemos ver que lo importante no es que puedan o no atender o entender sino el mero hecho de estar allí todos juntos unidos, sin más. No decimos nada nuevo, porque nada nuevo hay que decir que no esté en nuestros corazones, en el de cada uno de nosotros. Tratamos de compartir que el Corazón es ya el asiento de la verdad, de la belleza, de la bondad, y que es allí donde cada uno ha de centrarse y desde donde ha de mirar y encontrar o más bien redescubrir. Pocas son las ideas que hay que presentar, no importa sin con iguales o parecidas o distintas palabras, ejemplos, analogías, ejercicios, prácticas, pero lo que no ha de faltar nunca es el acercamiento, el amor que da testimonio de lo esencial: de la Vida Una que a todos nos anima y de la que formamos parte inseparable. Por eso trataremos de seguir intuyendo cualquier modo que nos lleve a la esencia, a nuestro común origen y que nos explique nuestro común peregrinar por cuantos caminos o senderos se presenten ante nuestros pies. Aquí, donde el tiempo parece que no pase nos parece esencial hacer ver que todo forma parte de la evolución. Que la evolución de la que todo participa es movimiento. Es gratificante ver cómo ciertas reflexiones nacidas de los más profundo de su necesidad están llenas de sabiduría. Todo pasa, todo pasa, todo pasa, nos dicen. Queremos que este pasar sea lo más consciente posible, lo más pleno, lo más sereno posible, y que esta serenidad partícipe de la luz nos enseñe a todos a crear mejores condiciones de vida. Vivir desde el Alma y como Almas es nuestro reto, el de “ellos” y el “nuestro”, sabiendo que sólo el amor nos libera. Seguiremos con nuestra presencia abiertos a la Presencia, al regalo de su Presente.

Viernes 14 de octubre

Hoy ha sido un día especial. En realidad, cada día es singular y único, pero poder percibirlo cuesta mucho, a veces resulta aparentemente imposible. Para amar hay que estar dispuesto a darlo todo. Pero darlo todo implica no quedarse nada para uno mismo. La lección siempre tiene ciertos aditamentos con que aderezar la receta: atención, disponibilidad y adaptabilidad. Quizás sean necesarias otras muchas cosas, pero si no hay atención no podremos percibir más allá de nuestros sentidos ordinarios, no podremos captar el espíritu de la Vida. Si no hay disponibilidad careceremos de la humildad para saber que no somos nosotros quienes hacemos, para entender que nuestras pequeñas formas son sólo un instrumento al servicio de la Vida mayor. Si no hay adaptabilidad no será posible la acción acorde a la necesidad del momento, la necesidad del hermano. Para amarlo todo no podemos tener nada. Esta gran paradoja es la que nos invita la Vida a que escudriñemos. Cuando creemos tener algo, ese algo es acaba configurándose como un mundo de espejismos al que nos agarramos para sentirnos seguros y, curiosamente, es esa falsa seguridad la que nos impide el movimiento continuo. Amar nos ha de llevar a comprender este movimiento de la oración universal que todo lo envuelve y ordena. El Dios, la Naturaleza, el Cosmos, el Universo, la Nada quien en su sagrada Ley todo lo contempla, todo lo realiza. Cuando descansamos en Dios, el esfuerzo deviene inútil, todo es pura armonía, todo responde a la naturaleza de su propio Ser y creación. Quisiéramos comprender la perfección de todo, pero sólo resulta accesible a través de la perfección de lo pequeño. Lo pequeño se muestra ante nosotros como la única realidad y presente que acontece y al que hay que prestarle verdadera atención. Atender se torna en Amar, y Amar es atender a Dios en lo pequeño. Lo pequeño no demanda el conocimiento de lo universal, tan sólo requiera la sabiduría de un corazón sencillo que se entrega a lo pequeño como lo único que existe, sabiendo que uno no es nada, que uno no ha de controlar ni cambiar nada. Hoy ha sido un día especial porque la Verdad se ha hecho presente tal como Ella quiso manifestarse y no como nuestra idea pudiera haber configurado las cosas. Ojalá que siempre podamos ver más allá de nuestros sentidos, que el silencio nos regale sus dádivas cuando el Universo así lo decida, y entre tanto bendigamos lo mucho en lo poco.

Viernes 30 de septiembre

Nos reunimos hoy con nueve hermanos. Dos asisten hoy por vez primera, y como si fuera el primer día iniciamos nuestra charla como si fuera el primer día de todos. Siempre estamos en el primer paso, o quizás sea en el único paso que nos capacita para el siguiente. No tenemos ninguna prisa; no buscamos ningún resultado. La Vida ya nos provee de cuanto necesitamos en nuestro momento presente. Nuestro momento presente es siempre el paso a dar, sabiendo que no se trata de llegar a ningún sitio, porque el Amor está en todo y Es todos los pasos de cualquier camino. El Amor es el camino, pero también el caminante y el acto de caminar. A la pregunta de sobre qué íbamos a conversar hoy surgió de la espontaneidad que habláramos de la experiencia que nos había llevado a estas reuniones. Inevitablemente había que partir desde el principio, pero siempre planteándolo todo desde el terreno de la hipótesis, sin querer dar nada por absoluto o por cierto. La hipótesis nos sugería que miráramos los pasos dados atrás en el tiempo; nos sugería que, para salir de lo recurrente y mecánico de nuestra vida, habría que suspender el juicio y la creencia, y aventurarnos a intuir que existen otros pasos que dar, otros territorios de la conciencia por explorar. Este impulso natural de ir más allá es el impulso del alma, de nuestra naturaleza superior que sabiéndose “Hijo pródigo” ansía por regresar junto al “Padre”. Esta verdad como la Verdad de que todo está ya en nuestro corazón nos invita a mirar en profundidad y trocar lo inconsciente en consciente. En este hacer consciente nuestro caminar, el propio impulso natural nos provee de la lucidez para ver el paso en el presente y el presente en el paso. La toma de conciencia nos dinamiza para un paso más y con ello para la expansión de la propia conciencia hasta nuevos límites y territorios donde el conflicto se torna en armonía, donde la belleza de lo particular nos muestra la Belleza de la Vida, donde lo pequeño contiene la Vida del Todo y donde el Todo se percibe ahora en lo pequeño. En nuestro viaje de la conciencia este mirar es esencial. Es la meditación misma, es la actitud meditativa la que se sintoniza con la Vida, y el libro de la Vida se hace inteligible a nuestros sorprendidos ojos. Lo que antes no se percibía ahora es claridad y luz, es sentido de vida. Todo adquiere nueva dimensión y la fortaleza para amando el vislumbre convertirlo en la luz de cada día. Así que hoy como ayer la Luz está presente y en nosotros se despierta la comprensión de que cada paso, ayer como hoy, es sagrado y bien merece ser andado el camino.

Viernes 23 de septiembre

La ocasión nos reúne con nueve internos y con el Cristo interno que nunca falta a nuestras reuniones. Por eso, quizás hoy hemos hablado sobre la doctrina del corazón. De manera muy fluida surgen las palabras y es porque la atención con que nos reunimos y nos esperan cada viernes hacen del momento algo muy singular. Un hermano había comentado que estaba leyendo un libro interesantísimo y que ya había varios compañeros a la cola esperando su lectura. Este libro no era otro que “La Teosofía en el Siglo XXI” de Carlos Pérez. Comentaba que había muchas cosas del libro que se parecían a muchas de las reflexiones que venimos compartiendo desde hace meses. Le hice ver que el libro, igual que otros de temática espiritual y de distintas tradiciones, se los habíamos llevado nosotros, y que la idea era que los compartieran en la medida que les pareciera oportuno. Motu propio han elegido a un coordinador de la biblioteca, que se encargará de organizar una sección de libros de espiritualidad, religiones, psicología etc. Cuando la apertura existe, la verdad, les explicaba, aparece en sus múltiples formas, esta vez como libros, pero lo más importante es que ellos comprendieran que la Verdad ya se asienta en el Corazón de cada uno de nosotros, y que como dijera el Buda y otros insignes maestros no creamos en algo porque otros lo crean, o porque se nos digan que ha sido inspirado por ángeles, o porque pertenezca a libros considerados sagrados, sino que lo creamos después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia. Reflexiono con ellos para que, al menos como hipótesis de trabajo, consideren si cualquier verdad que se les presente, no importa cómo ni a través de quién, encuentra en su corazón algún asentimiento, algún viso de certeza, aunque no sepamos explicarlo con nuestra mente. Les hacemos el planteamiento de que la Verdad ya es parte de nosotros como lo es la propia Vida. La Verdad nos habla de la Vida, y siendo nosotros parte inseparable de la Vida, la Verdad se revela a sí misma en un movimiento eterno que me gusta llamar la oración del universo. Hemos hablado de que tenemos ante nosotros un sagrado deber, que no es otro que el de tomar conciencia del presente que acontece a cada instante. Ello es y significa un gran acto de amor que se sustenta en un complejo equilibrio. Previamente habremos vivido las innumerables vicisitudes y experiencias de la vida siguiendo la línea de menor resistencia, viviendo en la inercia que el mundo que nos rodea proporciona. Pero esta inercia ha de traducirse, por el amor y la razón, en movimiento y el movimiento tornará, con el tiempo, en el sagrado equilibrio. Mientras tanto podemos amar intensamente el presente que acontece a cada instante. Esta frase la aceptan con esperanza y con luz en los ojos. Y mientras les observo me digo a mí mismo cuán difícil es esta tarea, no sólo para ellos sino para todos los que padecemos nuestros particulares tipos de prisiones.

Viernes 16 de septiembre:

Volvemos a reunirnos. La semana ha pasado volando, lo comentamos. La percepción del tiempo es singularmente relativa en función de dónde tengamos situados nuestro foco de conciencia y si el tipo de conciencia que está funcionando en nosotros es más periférica (la conciencia del deseo y de la mente) o más central (la conciencia del amor). Hemos repasado alguna de las citas (o voces del universo) que las tarjetas nos regalaron la semana pasada. Hemos podido observar que en todas las tarjetas está presente la Unidad de la Vida y se nos invita a un modo de mirar y vivir que es pura oración contemplativa.

“Hasta que el hombre no amplíe el círculo de su compasión a todas las cosas vivas no hallará la paz” – Albert Schweitezer.

“Si de verdad quiero hacer realidad la unidad de todas las cosas, tengo que vivir de tal modo que esté constantemente afirmando dicha unidad, con mi amabilidad hacia todos los seres, con compasión, con amor” J.Donald Walters.

¡Ah, estos días de montaña, amplios, llenos de calma, ilimitados… Días a cuya luz todo aparece igualmente divino, como si se abrieran miles de ventanas para mostrarnos a Dios!. John Muir

Son sólo algunas de las citas u oraciones que el viento nos regala, un viento que podría más bien ser llamado el aliento de lo divino, que sopla donde quiere y que, si estamos receptivos a ello, puede ser comprendido como la misma fuente de la Vida de la que procede. Seguimos insistiendo en nuestra doble condición humana y divina. Seguimos haciendo ver que es posible vivir en los mundos de la personalidad donde todo es conflicto, dolor y búsqueda estéril de una felicidad que nos propia de ese mundo, o vivir en los mundos del alma, que son “centro, morada y reino de Dios”, en palabras de Miguel de Molinos. Este centrarnos en el alma es verdadera garantía de felicidad, de la tan ansiada libertad por todo los seres, cada uno preso de sus propias cadenas y prisiones. Es nuestra tarea la de liberarnos de nuestras fronteras y de todo cuanto confronta la paz de un yugo que es suave y ligero, no sólo porque es promesa de Cristo, sino porque como él es camino, verdad y vida.

Viernes 9 de septiembre:

Hoy la sesión nos trajo un regalo. Así lo anticipó Rocío y como si de niños chicos se tratara se iluminaron rostros y sonrisas que nos pedían que sin más dilación les explicáramos de qué se trataba. En realidad, el regalo es la Vida misma, pero antes de que podamos apreciarla en toda profundad debemos estar atentos a esos otros pequeños regalos del día a día, no tanto por su aparente gran o pequeña importancia sino por lo que de cierto significan. Hacía unas semanas que quien escribe había participado en la Escuela de Verano de la ST y tenido la oportunidad de aprender en sus talleres. En uno de ellos se nos regalaron unas pequeñas tarjetas, hechas por manos de ángeles, con preciosas frases de distintos autores que invitaban a mirar y comprender el regalo de la Vida, la unidad de la Vida y la belleza de sus manifestaciones. Así las pequeñas tarjetas de vivos colores y con preciosos motivos adornaban estas frases, verdaderos pensamientos semilla para la meditación. Habíamos fotocopiado e impreso a color 24 de estas tarjetas que repartimos entre los hermanos. La idea como siempre es la de facilitarles motivos para la reflexión profunda, para intentar ver un poco más allá de lo aparente. Aceptaron el regalo con una gran sonrisa y como siempre con mucho agradecimiento. Hoy también tuvimos la oportunidad de recibir a otro hermano recién ingresado. Son los participantes en el taller quienes cuando alguien nuevo aparece en sus vidas le toman de la mano y le atraen al taller. Uno de ellos afirmó con cierta pena que todos deberían asistir al taller. En esta ocasión hemos tomado razón de que tras de aquella figura humana llena de tristeza se albergaba todo un universo en plena expresión y aprendizaje. Se trata de una persona con grandes dotes de artista. Por eso las reflexionen hoy tomaron forma de marco en el que poder pintar entre todos la belleza, la verdad y la bondad que nuestros sentidos poseen y también merecen. Entre todos estamos dando pinceladas de distintos tonos y matices, y entre todos vamos comprendiendo que cada trazo es camino, y que no debemos quedarnos confinados en el sentir de un pequeño instante. Queremos enseñar y aprender juntos que es la suma de los pequeños instantes, cada uno un regalo de por sí, los que hacen unidos el verdadero Regalo de la Vida. Esta mirada en perspectiva, desde el Alma, permite avizorar una fuente donde los bienes inmortales son nuestros e imperecederos. Seguiremos trabajando poco a poco aprendiendo a ir a la Fuente de donde todo Amor surge, donde toda Energía nos nutre y donde la Luz predica la unidad de todas las pinceladas de la vida en una imagen limpia, sencilla y serena para los ojos del Alma.

Viernes 2 de septiembre:

El calor ha remitido y cuando nos encontramos con nuestros hermanos (hoy han asistido seis de ellos) esta pena adicional parece que ha desaparecido. De hecho, aunque un hermano nos ha obsequiado con una botella de agua fría, apenas hemos tenido necesidad de hacer uso de ella. Sin embargo, sí hemos podido degustar un agua más viva y abundante, a la que el Cristo se refería, cuando hemos vuelvo a reunirnos en su nombre porque, lo que hacemos, intuimos que es parte del mensaje de Amor que nos transmitió: “Que nos amáramos como Él nos amó”. Al menos en el intento nos movemos y actuamos. Hoy hemos hablado de la Ley del Corazón, del Lenguaje del Corazón, que no estando referido a términos sensibleros o poéticos sí están conectados con la enseñanza oculta de que todos formamos parte de la Vida Una y que Ésta se haya asentada en este centro, en este principio que llamamos Bhúdico o Crístico. Hemos recalcado la idea de que cuando nos centramos estamos haciendo residir nuestra conciencia en este principio crístico o dimensión humana. El Corazón hemos reflexionado nos permite la conexión interna y traer a la expresión el sagrado e inefable lenguaje de lo superior, aunque nuestra mente concreta no sepa dar mayor razón de ello y apenas siquiera explicarlo. Es precisamente el silencio, entendido como el silencio de nuestro instinto, de nuestras emociones y deseos, y de nuestras creencias – de nuestra mente-, lo que posibilita que el centro del Corazón se revele y se haga presente, como Centro de percepción de lo superior y Centro rector de nuestro sentir, pensar y actuar. Hemos hablado de que “el Amor es la ausencia del yo”, otra forma de entender que cuando hacemos silencio de nuestra personalidad se manifiesta el Alma, el Corazón, con su Voluntad, Amor e Inteligencia superiores. El ejercicio de centramiento, que no sólo ha de ser una técnica meditativa sino una actitud vital meditativa, nos hace estar en nuestro centro en contraposición con los estados propios del devenir de la personalidad que describen frases tales como “estoy descentrado”…, o “estaba fuera de sí”… Para seguir con nuestras dinámicas de trabajar a lo largo de toda la semana y poner en común los días de reunión, Rocío ha propuesto la siguiente frase: ¿Qué aprendo de mi en cada situación? Ello está conectado con esa sagrada y tradicional máxima: “Conócete a ti mismo y conocerás a Dios y al universo”, inscrita en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos. Ya Platón dio mayor difusión a esta frase de alto valor ético y reflexivo a través de sus diálogos, recordándonos la importancia de mirar hacia dentro antes de tomar cualquier decisión, antes de dar cualquier paso. Este mirar hacia dentro nos capacita para ser nosotros mismos, y eventual y en su momento para silenciando nuestros modos de ser, encarnar los valores inmortales del SER que, como belleza, verdad, bondad, justicia, libertad, residen en nuestro Corazón y que son al tiempo el legado de los dioses y el baluarte y fundamentos de nuestras humanas conquistas. Estamos aprendiendo a situarnos en una zona de la conciencia a la que llamamos el alma y mirar desde ella, a sentirnos uno, y quizás sea esta la razón del porqué nuestros hermanos nos insisten al término de cada reunión en darnos las gracias por nuestro compartir, pidiendo que por favor no dejemos de hacerlo. Hoy uno de ellos nos dijo: “Rezo para que tengáis la gracia y podáis seguir compartiéndola con nosotros”. Todavía no nos hemos hecho conscientes de que la Gracia es común a todos, y que cuando cualquiera damos algo de nosotros lo inevitable es la correspondencia con un “gracias”, que no es sino el reconocimiento más o menos consciente de que participamos de esa Gracia Una o la Vida Una.

Viernes 12 de agosto:

Sigue haciendo un calor sofocante. En un centro de esta naturaleza este calor es una pena añadida a otra pena. Para su infortunio una avería les ha privado de la única posibilidad de entretenimiento de que disponían en estas fechas y la piscina no funciona. Me comentan los hermanos que esta, la nuestra, es la única actividad con que cuentan en este mes de agosto, y que el resto han sido suspendidas hasta septiembre. A pesar de todo, hoy nos hemos reído y reído y reído. El ser humano es capaz de adaptarse y sacar lo mejor de sí para sobreponerse a las circunstancias. Las bromas hicieron acto de presencia y nos dio a todos un ataque de risa y no había manera de iniciar la sesión. Si a veces iniciamos con un silencio, hoy las risas fueron el modo de bendecir y compartir. Hoy por primera vez se ha pronunciado la palabra teosofía. Las explicaciones siempre son sencillas, porque no hay otra manera mejor que despistar a esa mente que todo lo analiza, y permitir que las certezas del corazón afloren en un sencillo acto de reconocimiento de lo que a todos nos es propio: la belleza, la verdad y la bondad. Las reflexiones que comparto desde una perspectiva teosófica nunca están aderezadas de nombres sánscritos, más bien de miradas abiertas que, como hipótesis, nos permiten que los silencios y el corazón de cada uno se pronuncie en un acto que es una comunión con la Vida. Este sentido de unidad siempre está presente, como siempre lo está el énfasis en que todos entendamos que cuanto vivimos tiene un sentido, y que con nuestras meditaciones vamos a entenderlo. La aceptación del vivir de cada uno cada día y cada instante es imposible si no se hace con perspectiva, con la que es patrimonio del alma. Vamos señalando como podemos afrontar cada acto como personalidades o bien como almas. La atención siempre aparece y nos recuerda que es la llave de la consciencia. Nos hemos despedido por dos semanas en las que estaremos ausentes, pero muy presentes, allá donde no hay ni tiempo ni espacio y ellos y nosotros somos siempre más libres. Nunca estarán solos, el Cristo camina silente entre ellos y nos invita a todos a seguir en cada vez más perfecta comunión de hermanos.

Viernes 5 de agosto:

No tenemos un guión. Esto pareciera ser una falta de previsión, pero quizás no lo sea. La sesión ha tenido lugar de forma espontánea con comentarios a una película muy conocida en cuyo final un personaje le pregunta al protagonista después de muy azarosas peripecias ¿Y ahora cómo vas a vivir? Y la respuesta fue “día a día”. Esta frase es algo que los internos me comentan que es algo que hay que asumir, que sólo se puede vivir el aquí y el ahora. Hemos reflexionado sobre esta frase y nos hemos preguntado ¿qué podría significar vivir el aquí y el ahora? Para mejor comprender este aquí y ahora, hay que preguntarse ¿quién es el que vive el aquí y el ahora?, y también qué es este aquí y qué es este ahora? En todo el proceso de nuestras meditaciones, hemos de ir tomando clara conciencia de que no hacemos otra cosa que intentar descubrir quién o Quien es el que vive, el que observa y finalmente qué dimensiones o profundidades son percibidas por el perceptor. Una de las aseveraciones a las que más fácilmente se llega cuando la vida nos detiene y nos hace conscientes de que no somos libres, de que en una u otra manera estamos prisioneros y condicionados, es que básica y fundamentalmente todo aquello en que pusimos nuestras esperanzas y expectativas es hoy y deja de ser mañana. Lo transitivo y contingente son atributos de lo aparente, de una vida cuya conciencia está asentada en la periferia de nuestros mundos. En la superficie todo muda, todo cambia, nada permanece. Y tampoco nuestra felicidad puede asentarse en la conquista de lo que, por definición, es inestable. Esta reflexión, cuando se asume y forma parte de nuestra visión, permite el ahondar, el profundizar y, en la línea del trabajo de meditación, de oración, de contemplación, descubrir que hay un Yo que trasciende el yo personal al que todos estamos habituados y con el que nos identificamos. El centramiento en nuestro Yo, nos permite tomar conciencia de que todo cuanto acontece responde a determinadas causas y leyes, y que desde la conciencia de Realidad del Yo todo adquiere una dimensión y comprensión renovadas. Se percibe y se sabe, más allá de todo razonamiento, que el Yo es algo permanente, inexpugnable, eterno, también indescriptible, pero no por ello no dejan de estar presentes sus atributos. Se siente la fortaleza, el amor, la inteligencia, la serenidad y la paz, y todo encaja en una certidumbre de que este Yo es algo incardinado en lo Eterno de lo que participa. En un momento dado se suscitó la pregunta ¿y cuál sería la recomendación para llegar a esta plenitud? Aunque las respuestas puedan ser variadas, nos atrevemos a sugerir que la clave está en la atención, en un mirar que permite, desde el silencio de todo cuanto conforma al yo personal, un descubrir que el Presente que acontece a cada instante es lo único que merece ser atendido con todas nuestras capacidades, con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón. Esta atención al presente nos enlaza con el Presente, es decir con la Presencia de la Vida. Este Presente es el ahora. El ahora no es un tiempo psicológico. En este ahora no hay pasado ni memoria que nos lastre ni condiciones. No hay juicio. En este ahora no hay deseo ni temor. En este ahora no hay proyección al futuro, a un futuro al que escapamos huyendo de un presente al que no queremos atender porque queremos que sea de un tenor diferente. El aceptar el Presente es piedra angular del trabajo de transformación, del viaje de la conciencia del yo al YO eterno. En Dios, en la Naturaleza no hay un tiempo o un no tiempo, simplemente conviven múltiples estados de conciencia por lo que no hay que despreciar el tiempo lineal, sino que amarlo. Amarlo como si fuera en único tiempo porque nace y renace del no tiempo. Cada pequeña cosa es el fruto de un instante, que tiene su amparo en lo Eterno. Cada pequeña cosa es la puerta de entrada al universo Entero. Cada pequeña cosa es la puerta de entrada a lo Eterno. Quizás nuestra única tarea, como sugería la Madre Teresa, sea la de hacer las pequeñas cosas con todo el amor del que seamos capaces. Podremos vivir el día a día, de instante en instante en la medida de que tomemos conciencia de esta realidad mayor que nos trasciende, pero que también nos abraza y nutre. Esto no es un reto aunque somos libres de así encararlo; es más bien un mirar sencillo que conecta con la Vida y que se explica así misma en lo cotidiano, en lo sencillo y particular, pero también en lo complejo y universal. ¿Quizás no tengamos un guión, pero por qué no acercarnos a esa Realidad que nos ofrece como regalo el qué hacer y el que vivir cada día, simplemente con una reverente y amorosa e inteligente atención al día a día?

Viernes 15 de julio:

Hoy, si nos permitimos la metáfora, hemos vivido la experiencia de la “Almendra”, una experiencia de unidad a través de un texto de uno de los hermanos, cuyo título era “Todo por una almendra”. Se trataba del relato de una historia personal de amor que transcurría desde el enamoramiento a primera vista de dos adolescentes hasta el compartir veinticinco años de matrimonio y cuatro hijos. Como tantas historias terminó en ruptura matrimonial, pero no en ruptura. Nuestra capacidad de respuesta es total y los modos de responder también variados, desde la agresividad y el conflicto hasta el afecto y la armonía. En esta historia sus protagonistas eligieron un compartir en el tiempo y también a la postre una distancia, pero vivida desde el respeto y la libertad, por tanto, desde la comprensión y el amor. Hemos podido reflexionar cómo cada uno de nosotros es un universo completo, en el que conviven y coexisten infinitas experiencias de relación a través de las emociones y de las creencias y que, con la evolución, devienen en un Sentir y en un Saber. Nuestro viaje de la consciencia individual a la Conciencia Absoluta está jalonado de infinitos instantes que se ofrecen como la semilla del almendro, de una almendra que en sus entrañas lleva escrito el destino de un compartir que teñirá los campos de blanco manto, de una belleza incomparable salvo con la Belleza misma. Hemos reflexionado cómo cada día nos regala esa oportunidad en forma de semilla, también de libro sobre el que escribir páginas en blanco con infinitas letras, palabras y senderos. La novela de nuestra vida ha de ser concebida desde la inmensidad del tiempo, sabiendo que la circunstancia presente, por dura o compleja que resulte, es tan sólo una letra de nuestra particular historia interminable. Hemos reflexionado cómo este compartir de pequeños universos nos conforma en galaxias maravillosas. Y cada mundo es igual de sagrado, cada paraje también, cada oportunidad la misma Vida que se ofrece en infinitas semillas de potenciales creaciones. La clave bien podría estar en una mirada desalojada de toda pretensión y deseo, de una mirada que siendo apertura y aceptación del presente termina por conjugar un tiempo sin tiempo, una realidad que se hermana con lo Real. Hoy hemos querido volver a significar que en nosotros está toda la potencialidad y la capacidad de ver y de actuar siendo conscientes de que en nuestras manos está la pluma con que cantar las bellezas de Dios. Hoy hemos vivido una experiencia de sagrada comunión. Casi por no existir no existía ni el sofocante calor que en estas fechas nos confronta y nos exige otros modos de relación con la Naturaleza. También hemos podido hoy recoger sus testimonios de sufrimiento, de una condena sumada a otra condena, de unas condiciones de calor extremo que han de vivir irremisiblemente, de horas seguidas de horas y más horas en las que no hay consuelo posible ni remedio, salvo seguir padeciendo. Nos cabe la esperanza de que, aunque no conozcamos las respuestas, quizás podamos formular con miradas más profundas las preguntas que algún día casarán en una visión, a nuestros nuevos ojos, perfecta. Entre tanto, trataremos de buscar la perfección y sacralidad que esconde el momento en el que se nos ofrece la almendra que, como metáfora de Vida, que se regala a Sí misma para seguir viviendo, porque “nada permanece sino la Vida”, no importa en qué formas esta se goce y manifieste.

Viernes 1 de julio:

Hoy reiniciamos nuestro querido taller. Se nos regala la oportunidad de seguir siendo conscientes de estos encuentros tan enriquecedores para todos nosotros. Hemos vivido una sesión fantástica con seis hermanos. El nivel de atención es tan grande que se generan estados cercanos a la contemplación, donde uno pierde su conciencia de ser “yo fulanito de tal” y forma parte de una unidad donde la mente ya no está, donde el corazón rebosa de lucidez y de serenidad. Ya no importa tanto lo que se diga, sino que es el alma de cada uno, en perfecta sintonía con las de los demás, la que participa de una comunión, de un encuentro sin palabras cada vez más cercano, más próximo a la “Palabra”. Este compartir que nace de un silencio nos hace prójimos a cada uno, y ello nos recuerda las palabras de Cristo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy ha habido una participación de todos mucho más fluida, que es lo deseable. Cada uno no sólo ha preguntado, sino que también ha compartido reflexiones. También es de resaltar que hay alegría, que nos reímos y nos sentimos, por unos instantes, en un mundo que es un estado de conciencia de nuestra propia creación. Este sentir desde la alegría nos unifica más allá de la noción del tiempo lineal que nos ata y nos tiene a todos presos. En la cárcel pesa sobremanera que un día sea igual al siguiente, y al siguiente, y al siguiente… Una pregunta nos obligaba a tener que centrarnos en una cuestión vital: ¿Hay una segunda oportunidad? Nuestras respuestas pueden ser variadas, según quién pregunte y quién responda. Cuando nuestra personalidad con sus miedos y su memoria pregunta, la respuesta es muy parca, muy poco gratificante, llena de dudas y ninguna seguridad. Cuando nuestra alma contesta, todo se convierte en oportunidad. Hoy lo hemos querido enfatizar: Ahora, decíamos, aquí reunidos en este taller estamos gozando de una excelente oportunidad. Cuando termine el taller y vayamos a cenar, la Vida nos regala otra excelente oportunidad. Cuando nos acostemos, la Vida nos acoge en sus sueños y disfrutamos de otra magnífica oportunidad. Cada acto, cada instante, cada momento es una sagrada oportunidad de sentir la respiración de la Vida en nosotros, una Vida que es el aliento de la Naturaleza, que se perpetúa en un sinfín de modos y maneras, y que siempre permanece, no importa lo transitorio de las formas y de cada situación. El taller nos invita a comprender que no es que tengamos un alma, sino que somos un Alma en un cuerpo, y que este mirar y sentir con los ojos del alma, que este experimentar nuestra condición divina hace que el mundo y su percepción de él se transformen y podamos saber que al igual que aquí, en nuestro cotidiano vivir, existen vivencias que son un auténtico purgatorio o un infierno, también hay vivencias que nos hacen partícipes de un Cielo al que no hay que esperar. Podemos hacer que esta mejor versión de nosotros mismos se expresa aquí, entre nuestros prójimos, irradiando.

La luz, el amor y la fortaleza que están implícitas en el respirar de la Vida en nosotros. Cada respiración puede ser un simple acto físico del que no nos apercibamos o la conciencia de la Vida en nosotros, conciencia que nos unifica con la Vida y que en armonía con ella podemos sabernos Hijos de la Vida Una, partícipes del Regalo de la Existencia.

Viernes 24 de junio:

Hemos compartido con siete hermanos. Cuando hablamos de internos no es lo mismo que cuando hablamos de hermanos. Interno es la palabra de la que se sirve mi mente para nombrar clasificando y estableciendo determinada categoría. Nada hay de imperfecto en ello. Si hablamos de hermanos estoy permitiendo que mi mirada, mi conciencia, instalada en los ojos del alma vean otra realidad siempre presente pero oculta a los sentidos ordinarios. Ha habido momentos de una atención extraordinaria, quizás porque en el lenguaje del corazón, esto es en el lenguaje del alma se percibe la unidad y desaparece la forma, lo superfluo, se instala el silencio y el Silencio es el Señor del presente. La atención nos conecta y nos hace partícipes de una nueva visión. La síntesis del taller la hemos palpado hoy en la afirmación de que sólo hay una Vida. La Vida Una que se expresa multiplicándose, pero siempre como Voluntad, Amor e Inteligencia. Estos atributos son los del Alma y hemos de poder lograr vivirlos en cada vez mayor y más plena expresión. Cuando son vividos en mayúscula es el Alma la que se manifiesta. Cuando son experimentados en minúsculas es nuestra personalidad la que se manifiesta como voluntad, amor e inteligencia limitados, en un continuo ejercitarse para poder experimentar la posterior conexión con el Alma. La personalidad ha de arrodillarse humildemente ante el Alma, y convertirse en su instrumento, en su fiel servidor. Si a través de la sola y continuada práctica del centramiento (o de otras prácticas de silencio, oración o meditación) nos situáramos y reconociéramos como el testigo que observa lo que hace, lo que piensa, lo que siente, y si comprendiéramos que en esta traslación que hacemos de un plano anterior a otro plano posterior (a unos centímetros detrás de la columna vertebral) y sintiéramos los focos de Voluntad, de Amor y de Inteligencia, operaría en nosotros la transformación definitiva. El reconocimiento de este mundo profundo y elevado, de este plano de conciencia nos otorga la visión de nuevos reinos y posibilidades. Cada día hemos practicado este situarse detrás (contando hasta diez antes de reaccionar y permitiéndonos dar una respuesta con sentido, con amor y lúcida). Hemos reflexionado sobre la idea de que no hay un delante y un detrás, no hay un interior y un exterior, sino que son partes de una unidad dinámica y compleja, pero una unidad al fin.

A lo largo del taller hemos podido observar que los beneficios son muy variados y amplios. En algunos casos son de orden más psicológico lográndose sobre todo calma y paz, un bienestar muy apreciado por todos. En otros casos ha habido un beneficio más profundo, llegando a la reflexión y visión de otras realidades emocionales y mentales que son un bálsamo para el día a día, y para el vivirlos más atentamente, sin querer escapar de nuestra situación. También ha habido casos de estrechamiento y aproximación entre internos, suscitándose amistades y relaciones con un fundamento en lo espiritual; se reconocen ya no tanto como internos sino como compañeros de un viaje en el que la fraternidad tiene cabida. Esto va tomando cuerpo y se traduce también en un compartir entre ellos las reflexiones del taller a lo largo de la semana. Varios hermanos están escribiendo sus reflexiones en torno de todo lo que compartimos en el taller y nos las están haciendo llegar. Ojalá que entre todos podamos sacar provecho de este compartir. Todos hemos podido saborear (contemplar) instantes que se nos han revelado como muy sagrados. Todo un privilegio para todos y cada uno de nosotros.

Viernes 17 de junio:

De nuevo ha pasado una semana. Nos reencontramos para seguir aprendiendo, para seguir intentando profundizar y ver con los ojos internos, los del alma. La sesión ha sido hoy más participativa, cada uno ha compartido su visión de manera más espontánea. Es algo muy importante y que esperamos lograr en mayor grado.

Nuestra visión, la del momento particular es siempre limitada pero nuestra Visión, la de lo universal es siempre ilimitada. Hemos reflexionado sobre cómo cambiamos la perspectiva en función de donde percibimos, desde la visión de nuestra conciencia personal o desde la Visión de nuestra conciencia de Almas. Hemos ejemplificado nuestra visión más superficial, la de la personalidad, que estaría situada en un espacio imaginario delante, y nos permite ver lo limitado, mientras que nuestra Visión más profunda, la del Alma, estaría situada imaginariamente detrás, y nos permite ver en perspectiva. Pero ambas, la visión de delante y la de detrás están en nosotros, hay una unidad. Basta que con la atención nos situáramos en un plano más profundo para que en nosotros se produjera una respuesta y no una reacción. La personalidad reacciona automáticamente, el alma responde conscientemente. Siguiendo el hilo de las preguntas y respuestas que nos acercan a la conciencia del camino a la Casa del Padre, varios internos nos han leído sus reflexiones. Estaban cargadas de verdad, de sinceridad y de Alma, en una palabra. En ellas no había muros ni fronteras, había libertad completa, renovación interior. Creer en la reinserción es una forma de plantear una necesidad. Creer en el Alma es permitir que la Vida se exprese cada vez en mayores profundidades. Hoy hemos asistido a momentos de una gran verdad y sintonía con nuestras almas. Este trabajo de mirar en profundidad y con los ojos del Alma tiene todo el sentido del mundo, porque aprender a reconocer el camino espiritual requiere vivirlo en el paso cotidiano de cada día. Estamos en ello y muy agradecidos por poder hacer el camino juntos y unidos en el mismo propósito.

Viernes 10 de junio:

De nuevo otro encuentro. Las semanas pasan volando y entre tanto estamos animados a mirar lo que sucede entre medias. Hemos podido compartir diversas experiencias que son propuestas del taller, en particular pararnos a mirar, respirar, y no reaccionar. Un hermano nos ha compartido cómo a lo largo de la semana ha podido percatarse de sus emociones y cómo iban a dispararse. Sin embargo, ha adoptado la posición neutra del observador que silenciosamente contempla. Su relato ha sido un testimonio de que esta experiencia es posible. Desde su posición de observador se ha sentido en paz, sereno, capaz de ofrecer una respuesta a la situación completamente armónica y lejos de la reacción automática que prometía conflicto. Toda la sesión la hemos dedicada a examinar cómo tenemos la facultad de la atención y con ella podemos mirar sin juicios ni prejuicios, sin una memoria que nos condicione. La observación ha de abarcar distintos campos de conciencia en los que nos desenvolvemos, el instintivo, el emocional y el mental. La integración de estos tipos de conciencia que funcionan autónomamente unos de otros, nos ofrece un punto de equilibrio desde el que sintonizar con lo que llamamos espiritual, con los valores abstractos de la belleza, la verdad, la bondad, la libertad, la justicia. Este silencio de lo inferior, de nuestras reacciones instintivas frente a los estímulos exteriores, nos abre la puerta a una intuición donde la verdad es una realidad directa, sin razonamientos mentales que la sofoquen. El propósito es mirar desde el alma y ver la realidad de Dios en todo cuanto nos circunda. Resaltamos la gran oportunidad que nos ofrece este mirar detenidamente, que nos regala un acercamiento distinto a las personas y situaciones. Testimonio de ello ha sido un acto de corazón de uno de nuestros compañeros que se ha levantado y dirigido a otro hermano, le ha abrazado y se han reconciliado de sus distintas maneras de entender un problema. En el abrazo, desde el alma, desde el observador silencioso, pudieron encontrarse en un lugar común que había paz, serenidad y la oportunidad de relacionarse de manera armónica. Ha sido un testimonio muy valiente, espontáneo y sobrecogedor. Toda una experiencia a guardar en nuestros corazones. Ante la pregunta de la semana, decidimos alargarla una semana más, para darle más oportunidad.

Viernes 3 de junio:

Nuestro encuentro en el camino nos ha citado hoy con ocho peregrinos. La parábola del hijo pródigo, o la metáfora del camino son perfectas para nuestro mirar hacia dentro y hacia fuera, para percibir lo invisible, aunque presente en el camino. Hemos conversado sobre el Camino de Santiago. Rocío nos ha transmitido muchas de sus experiencias en su transitar por ese maravilloso sendero, abierto a todos y que también tres de los internos lo habían vivido. La mochila ha de ir bien ligera, ligera de todo aquello que llevamos por si…, por si algo sucede, por si…, en definitiva, ligera de todos los miedos que nos hacen ser tan previsores que nos desconectan de la confianza en la Vida. Ha de ir llena de hermanos, porque los hermanos no pesan en el corazón. Caminar a Santiago es caminar a la Casa del Padre, es caminar al Corazón. Compartir esas experiencias nos hace partícipes a todos de las infinitas posibilidades del viaje. Todas nos conducen a la Casa del Padre, a nuestra morada en su sagrado territorio El Camino de Santiago bien podría representar la voluntad del hijo de volver al Padre. Esta voluntad es compartida a nivel individual y colectivo y de ella participan los caminos, los senderos, las montañas y lo valles, también aquellas zonas que a nuestra vista no parecen hermosas. Hay una magia, que no es tal, que es la energía de Dios, que como Amor nos acerca a unos y otros. Hemos podido recibir los testimonios de algún hermano que ha plasmado en muy bellas notas lo que representa para él situarse en la posición del observador y desde allí, desde su alma nos ha explicado las certezas de una visión interior que se fortalece y agranda, que le permite una toma de conciencia profunda que es reconciliación y confianza en los pasos que hayan de presentarse. Algunos internos nos comentan cómo durante la semana descubren tesoros en el otro. Estamos tan cerrados a nuestra divinidad, a la posibilidad siquiera de considerarnos a nosotros y al otro como emanación divina que nos sorprende cuando alguien atestigua la belleza y la grandez del otro. En nuestro caminar la siguiente pregunta que nos invitamos a tener en mente durante la semana es: ¿Dónde está Dios en mi vida? Qué gran pregunta y qué gran reto, advertir que Dios no es ajeno a nada de cuanto sucede dentro y fuera de nosotros. Seguimos muy contentos del abrazo que significa cada jornada del taller y por ello nos sentimos privilegiados y agradecidos.

Viernes 27 de mayo:

Hoy fueron ocho hermanos los que nos han acompañado en nuestro taller. Continuamos en nuestra intención de aprender a mirar más allá de lo aparente, con los ojos del alma, para poder ver también en alma en los demás y en cuanto nos circunda. Tratamos de dar al taller una dimensión práctica, y en nuestra pregunta semanal nos hemos propuesto investigar la siguiente ¿Cuándo me doy cuenta del Observador que soy en las circunstancias de la vida diaria? Ha sido interesante escuchar las reflexiones sobre las preguntas propuestas para días pasados. Es interesante el ejercicio que hacen los asistentes al taller para volcar en papel las reflexiones, sus interiorizaciones sobre esta dimensión más profunda a la que nos queremos acercar valiéndonos de la parábola del Hijo pródigo. Cada uno da cuenta de su particular herramienta y hemos podido comprobar cómo la atención refuerza los valores internos para tomar conciencia profunda de nuestras realidades particulares y para relacionarnos de manera más completa y armónica con nuestros compañeros de viaje.

La idea de esta semana es observar, pararnos antes de actuar, antes de reaccionar, para poder elegir la mejor respuesta que cada situación nos plantee. Se trata de que podemos tomar conciencia de nosotros mismos y elegir y actuar sabiamente, no mecánicamente. El enfoque y la visión que vamos teniendo es la de que poco a poco se va advirtiendo cómo todo está íntimamente conectado y relacionado. Sólo hay Una Vida, que se expresa y manifiesta en infinitas vidas, todas dotadas de la misma esencia. Esta es la experiencia que nos proponemos investigar en el laboratorio de nuestra propia vida particular. Como reseña final, cabe indicar que el nivel de atención sigue siendo extraordinario.

Viernes 20 de mayo:

Proseguimos nuestra andadura, lentamente, sin prisas, aprendiendo a prestar atención al presente que acontece a cada instante. Cada instante es merecedor de lo mejor. Nuestra particular presencia en cualquier lugar está presidida por los hilos invisibles con que la Vida nos conecta. Aprender a ver este misterio con ojos sencillos, sin más razones que la del amor es paso necesario. Hoy fueron cuatro hermanos los que asistieron. Algunos ya no vienen, pero siguen estando presentes en cada uno de los que permanecemos. Otros están ocupados en el estudio y les animamos a que hagan de ello tarea principal. Los que estamos, siempre estamos acompañados por el Señor del Amor, que tiene un asiento reservado en nuestra habitación y en nuestros corazones. Hoy hemos mirado a esa Vida Una que todo lo preside y hemos tratado de mirar cómo esa Vida es pura evolución, cómo es extraordinariamente compleja y armónica a un tiempo, cómo está todo ordenado por Leyes cuya comprensión se nos escapa, pero que forman parte de nuestro propio ser y que en su despertar todo propicia la comprensión. Hemos mirado y puesto el énfasis en la necesidad de la comprensión, como única vía para poder trascender lo que nos despista en nuestro trayecto hacia la

Casa del Padre. Continuando con este hilo invisible que nos conecta y nos redirige hacia nuestra esencia, hemos propuesto una nueva frase, que será motivo de nuestras reflexiones y atenciones para esta semana. ¿Qué cosas nos acercan a la Casa del Padre? Esto complementa nuestra atención, por cuanto que hay cosas que nos despistan y alejan y otras que nos acercan. Sin embargo, la atención a todo ello, a cada tipo de manifestación es lo que nos dará la pauta y apertura a esa comprensión profunda que buscamos. La atención es llave maestra porque conecta con la intención Divina presente en nuestras menores intenciones, por inconscientes o conscientes que sean por grandes o pequeñas que parezcan a nuestras explicaciones. Mirar con los ojos del alma es prestar atención y vivir desde la atención, esto es unidos a la Vida y vivir la vida conscientemente.

Viernes13 de mayo.

Nos reunimos siete hermanos. La semana pasada no pudimos tener nuestra reunión y todos la hemos echado en falta. El grupo está muy cohesionado e interesado. Hoy ha venido un hermano nuevo al que le habían invitado los propios asistentes al taller. Esperan este momento como si fuera algo especial. Sin embargo, les insisto en que cada momento es especial, cada momento es sagrado.

Hoy hemos seguido con la línea de trabajo iniciada hace varias semanas. Hemos reflexionado sobre la pregunta que quedó en el aire para investigar y profundizar: ¿Qué cosas han hecho de mí lo que soy?

Hemos reflexionado sobre todo aquello que ha influido en nuestras vidas y que, aparentemente, hubiera determinado que seamos de un modo o manera en particular, que asociamos a un nombre y apellidos, los de cada uno. Cuando profundizamos en esta idea nos apercibimos de que cada uno se ha visto influenciado por particulares circunstancias, personas, familia, educación, cultura, religión, etc y que cada uno es o más bien se ha conformado de un modo, pero que lo que nos es común a todos es la conciencia de identidad que está detrás de cada modo. Esta conciencia, nuestra alma, puede tomar razón de la unidad, porque ella es unidad, puede hacerse presente en nuestra conciencia, porque ella es la Conciencia que hemos de permitir que se haga presente en nosotros, de manera que tomemos conciencia de que somos SER, no ningún modo de ser, y que en función del momento podemos adoptar la respuesta que el propio momento merezca.

La pregunta que hoy hemos dejado en nuestras mentes y corazones para reflexión durante esta semana es ¿qué cosas me despistan en el camino hacia la Casa del Padre?

Estamos retornando como hijos pródigos, y cada paso, aunque todavía no seamos conscientes de ello, es una Morada del Padre si sabemos mirarla desde Sus ojos, que son los nuestros porque ÉL se ha regalado y hecho vida en nosotros.

¿Qué cosas nos despistan?

¿Qué cosas me siguen haciendo pensar que yo soy yo y mis apellidos y no el alma que sustenta mi vida?

Hoy hemos hecho el silencio y el ejercicio de centramiento y ha sido muy gratificante. El resultado se traduce en abrazos al final de cada encuentro con el renovado compromiso y esperanza de un nuevo y más estrecho abrazo.

Viernes 29 de abril.

Hemos compartido con cuatro hermanos. Un caso de covid ha hecho que algunos no se sintieran confortables en la idea de estar en una sala pequeña. No importa, lo esencial es saber que todos estamos presentes en la misma intención, en el mismo caminar.

En el taller del viernes 22 , nos invitamos a reflexionar durante la semana sobre una pregunta ¿Cómo me siento en casa?. La idea es explorar el sentir en todas sus dimensiones y profundidades, sentir la casa u hogar donde vivimos o nos hemos criado, pero también tratar de intuir cómo es la Casa o Morada del Padre, en la que cada uno tenemos una estancia y a la que nos dirigimos. Hemos tenido la oportunidad de compartir reflexiones sobre este particular, constatando que la metáfora que empleamos es muy útil y que de una u otra forma estamos todos en la labor de observar nuestra morada, de limpiarla, embellecerla y dignificarla. Hay cosas que sobran y otras que faltan. El tránsito es el paso que cada día nos ofrece para atender esta invitación y cada vez mirar más con los ojos de la atención profunda, con los ojos del alma que perciben lo interno.

Para esta semana hemos propuesto investigar sobre otra pregunta. La pregunta de cada semana está ligada a la de la anterior y a la de la siguiente, formando parte de un hilo que si lo seguimos puede conducirnos a una mayor comprensión y profundidad de nuestras realidades. En esta semana investigaremos sobre esta idea ¿Qué cosas han hecho de mí lo que soy? Es decir, qué factores educativos, sociales, culturales, religiosos, de todo orden han influenciado o favorecido el que yo sea hoy en día lo que soy, con mis modos y maneras, con mi forma de sentir, de creer, de conducirme.

Vamos a investigar y a seguir mirando sin juicio ni prejuicio.

Hoy hemos compartido la idea de que los momentos de meditación, de oración, de recogimiento no han de ir acompañados de ninguna pretensión. Simplemente hay que gozar de ese «estar en casa», sabiendo que estamos recogidos en los brazos de la Vida que nos sustenta y cuida. Baste con sentir la paz, la serenidad… lo demás se nos dará por añadidura.

El taller sigue una dinámica que está siendo muy apreciada por los internos. Hoy nos han preguntado que hasta qué fecha dura y nos han insistido en que por favor sigamos con el taller.

Viernes 22 de abril:

«Sentirnos como en Casa». Tras una semana de ausencia retomamos nuestros encuentros. Ocho son los hermanos que hoy nos regalan su atención. Hemos realizado nuestro pequeño espacio de silencio para comenzar, tratando de comprender el porqué es tan importante el disponer nuestras mentes y corazones a un estado de quietud y abrirnos desde el mismo a un espacio sagrado. Hoy hemos comenzado con una práctica muy sencilla. Se propone una pregunta y se anota en nuestro cuaderno del taller. Durante la semana reflexionaremos sobre esta pregunta intentando profundizar y sentir. En el siguiente taller se compartirá sobre lo investigado durante estos días atrás. Así, la pregunta de esta semana, ha sido la siguiente. ¿Cómo me siento en casa? Hemos reflexionado sobre cómo nos sentimos cuando estamos en nuestra casa. La casa es un hogar, una morada donde nos sentimos seguros, a refugio de todo y de todos. Es un espacio privado, muy sagrado aunque nunca utilicemos esta palabra o se nos pueda pasar desapercibido. Pero nuestra mirada ha de conducirnos a otra morada. El evangelio de S. Juan nos dice que “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”. Nosotros como peregrinos, como hijos pródigos que experimentamos hemos de mirar con los ojos del corazón para encontrar esa otra Morada del Padre que está siempre presente, aunque no la percibamos. Hemos reflexionado y propuesto ideas sobre la posibilidad de sentirnos como en Casa, como en la Casa del Padre cuando hacemos recogimiento, oración, meditación, y también y esto es lo más relevante cuando estamos conviviendo y compartiendo nuestras vidas, no importa en qué circunstancias, si favorables o desfavorables. Se ha propuesto que cuando nos recojamos en oración o meditación simplemente nos abramos a Dios, al Padre y descansemos en Él, que sintamos la paz, la tranquilidad, la sanación, la libertad primera y última que preside nuestras vidas. Los momentos de centramiento o de oración han de

Ser sencillamente como un “sentirse en Casa”, han de proporcionarnos y por tanto debemos sentir, lo que se sentiría si estuviéramos verdaderamente en “Casa”, en la Casa del Padre. Este estado de conciencia nos permite vivir desde nuestra condición de hijos del Padre, por tanto de Hermanos, vivir y sentir que hay una Vida Una que todo lo preside y que cuando estamos en sintonía con ella todo se hace fluido, sencillo, armonioso. Hemos terminado con el ejercicio de centramiento, y nos hemos sentido todos como en Casa. Realmente estamos muy contentos de poder compartir y experimentar todos unidos las mejores posibilidades que el corazón nos tiene preparadas.

Viernes 8 de abril:

Encuentro con el espíritu de Maixabel. Diez hermanos nos han dado el privilegio hoy de acompañarles. Hemos participado de una experiencia que me atrevería a calificar de sobresaliente. Rocío nos ha regalado su vivencia en días pasados al compartir el encuentro que Maixabel Lasa mantuvo en el S1 con un grupo de autoridades y de internos. Tras la proyección de la película Maixabel de Iciar Bollaín, tuvo lugar un coloquio que sirvió para profundizar en lo que yo llamo la sagrada experiencia de la transformación interior completa. Rocío expuso admirablemente el hilo argumental de la película y nos acercó al alma de la misma y a la de sus protagonistas de carne y hueso. Hemos podido profundizar e investigar en todo el proceso de redención personal que es posible en el ser humano y en particular del protagonizado por estos valientes seres que se enfrentaron a sus fantasmas y aceptaron participar en el proceso de la justicia restaurativa. Somos deudores agradecidos de este ejemplo admirable para todos nosotros. El Dr. Carl Jung afirmó en una ocasión que el objetivo no es la perfección sino la plenitud. Nadie pretende ser perfecto, pero ante nuestros ojos aparece con todo su fulgor la prueba de un mundo mucho más pleno que permanece silente ante nuestros ojos del alma, invitándonos a traspasar el umbral de lo humano y allegarnos a ese otro reino también nuestro, el de una Justicia Verdadera y sin complejos. Esta plenitud es posible y surge del corazón y mente unificados que, silenciando todo juicio y prejuicio, y más allá de toda sentencia, dan paso a la renovada oportunidad. Nos preguntamos en voz alta ¿Quién podría resistir el Juicio de la Verdad? Sólo en la nueva oportunidad habrá posibilidad de redención, sencillamente porque la Vida nos provee de infinitas oportunidades. Craso error será negar lo que la Vida misma nos regala. No necesitamos ser perfectos, sino dar el máximo de nuestra capacidad, cada cual la suya. Las opiniones compartidas han sido de muy variado matiz y calado, pero todas ellas plenas de sentido. Los testimonios de algunos hermanos que sufrieron en sus carnes el miedo y el sufrimiento de este horror que hoy hemos evocado nos han puesto los pelos de punta. No podemos, por último, sino hacer nuestra la petición desesperada de un hermano que clamaba por su segunda oportunidad, y preguntaba porque a él nuestras leyes se la niegan. Hasta tanto pueda ser respondida esta pregunta, en nuestros corazones nosotros no se la negamos.

Viernes 1 de abril:

Nuevo encuentro con los hermanos. Nos hemos reunido con seis de ellos. Necesitamos mirar con los ojos del alma, lo que nos permitirá reconocer a Dios en todas las cosas, personas, situaciones. Este pensamiento nos lleva cada día a nuestro encuentro. Tenemos que aprender a escuchar a nuestros hermanos, a mirar desde el silencio para permitir que ellos crezcan mientras nosotros nos hacemos pequeños. Hoy hemos comenzado con el silencio habitual, hemos charlado y hemos realizado nuestra práctica meditativa. Se ha generado el espacio para un compartir cada vez más espontáneo y profundo. Debemos cuidarlo mucho y propiciar cuanto más sea posible la participación de todos. Al finalizar la reunión uno de los hermanos compartió varias reflexiones y su agradecimiento. Nos animó a proseguir porque, según nos confesaba, muchos de los hermanos están deseando la llegada del viernes para reencontrarnos en nuestro taller.

Viernes 25 de marzo:

Sexto encuentro con los hermanos internos. Creo que a partir de ahora dejaré de referirme a los hermanos como “internos”. Son estos apellidos los que nos confunden y separan. Nueve hermanos nos han acompañado, han venido a nosotros al tiempo que nosotros nos hemos acercado a ellos para transformarnos por unos minutos en una sola Presencia. Hoy se han unido tres hermanos por vez primera, acaban de ingresar en prisión. Nuevas caras, nuevas experiencias a compartir. Iniciamos con un silencio. Estamos incorporando este recogimiento como parte de nuestra práctica y

Todos la asumen y la hacen suya. Me permito sin que se den cuenta abrir los ojos para contemplarles, y ciertamente me allegan sentimientos de cercanía y de ternura, su grado de recogimiento es extraordinario. Cuando vienen nuevos hermanos por vez primera hacemos una breve semblanza de lo que pretenden ser nuestros encuentros, les damos una pincelada del propósito y les hacemos ver que el cuadro lo habremos de pintar entre todos, cada uno con su tono, con su especial color. La meditación, cualquier intento de mirar la verdad escondida, nos revela la falacia de la separación, siempre urdida en los mimbres de la memoria. Cuando silenciamos la memoria, los adjetivos y los juicios se diluyen en el propósito amoroso la Vida, revelador de la unidad, de la sacralidad del territorio que pisamos. Compartimos todos los mismos amores y desamores, los mismos deseos y anhelos. Hay muchas clases de muros, de fronteras, de barreras, de confinamientos, y lo extraordinario es que la Vida nos provee a todos nosotros de la oportunidad de elevarnos por encima de nuestras cárceles mentales, quizás las más difíciles de derribar por lo sutil de las cadenas que las conforman. Hemos dialogado sobre temas diversos, siempre conectados con nuestra humanidad, con lo que estamos viviendo tanto colectiva como individualmente. Hemos tratado de bucear y de invitarnos a buscar en nuestro interior razones para la esperanza. Hemos señalado la conciencia del alma como el arma que habrá de eliminar el resto de armas y propiciar que los deseos de los corazones se transformen en latidos convincentes, latidos de verdad que nos pongan a salvo de nuestras oscuridades como seres humanos. Un hermano ha puesto el broche final con una reflexión que era un sentir profundo, nos ha dicho “yo tengo confianza”; su confianza irradiaba confianza. Vienen a mi memoria las palabras “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”, creo que son al tiempo agradecimiento y reconocimiento, una oración que se eleva como súplica para ser latido de su bendito Corazón. Al final de la sesión han vuelto a producirse los agradecimientos y los abrazos. Rocío y yo nos sentimos privilegiados. Cuando un hermano te dice que “Dios te bendiga”, están presentes La Bendición, el hermano que se hace Dios bendiciendo, y nosotros receptáculos de la bendición; así es el regalo de Dios: participamos de Dios, del Hermano y de la Bendición misma. Sabemos que Cristo no falta nunca a nuestro taller, siempre hay una silla vacía para Él; confiamos en Él, Él nunca defrauda.

Viernes 18 de marzo: Quinta visita a los hermanos internos. Hoy han estado presentes ocho, seis de los cuales son asiduos. Alguno de los habituales no ha podido acudir por razones de estudio. Hoy nos acompañaba un hermano por vez primera; no ha dicho palabra en una hora y media de reunión, pero su silencio invitaba al acercamiento a la comprensión de cuánto podía acontecer en su interior. Ha seguido muy atentamente toda la sesión casi con reverencia. Hemos iniciado el taller con unos minutos de silencio, como forma de disponernos a mirar en profundidad, a permitir que la Vida nos hable y capacitarnos para estar atentos a ello y poder entender sus mensajes. Hemos compartido reflexiones y hemos dialogado. La participación se hace más fluida cada sesión. Las necesidades de los hermanos en forma de preguntas o inquietudes marcan el camino a seguir. Hoy el tiempo ha sido el tema central de nuestras reflexiones. La experiencia del tiempo, para quien no desea estar en un entorno y su salida del mismo está condicionada por el tiempo, ha de ser una de las más traumáticas y complicadas de asumir. Hemos considerado cómo el tiempo vuela o no pasa en función del agrado (atracción) o desagrado (repulsión) con que estamos inmersos en cada situación de vida. El planteamiento a considerar es valorar la hipótesis de si cuando vivimos muy atentos la percepción del tiempo varía; asimismo si cuando miramos la realidad desde el silencio de nuestra personalidad (silencio de nuestros modos de ser y comportarnos, silencio de nuestros hábitos, silencio de nuestros patrones de conducta, silencios de nuestros juicios y prejuicios) y miramos desde nuestra condición más elevada (desde la belleza, la verdad, la bondad, los valores superiores que todos llevamos dentro) las circunstancias adquieren otra dimensión que no se vive condicionada, ni dependiente de nada. La experiencia del alma nos libera, es decir el intento de vivir como almas, desde esa conciencia de lo más noble que tenemos y que nos une a todo cuanto existe en la vida. Esa es parte de la apuesta, del reto, de la propuesta de un mirar sin exigencias, sin juicios o valores previos. A cada instante, a cada momento le damos su mayor valor, desde la aceptación de lo que acontece en cada momento y desde la respuesta más lúcida, amorosa y plena de sentido que seamos capaces. Hoy terminamos con el ejercicio de centramiento. Como en días anteriores se respira un clima de atención y agradecimiento por parte de todos los presentes.

Viernes 11 de marzo: Cuarta reunión de hermanos. Hoy hemos compartido sesión con siete internos. Vengo observando a Rocío cómo se desenvuelve entre los internos, cómo los acoge y recoge en sí. Muchos años de amor y de servicio desinteresados constituyen para mí un ejemplo extraordinario y un estímulo para seguir aprendiendo. La he visto acercarse a ellos antes y después de cada sesión. Quizás miméticamente estoy haciendo lo mismo, y resulta que en unos minutos previos o posteriores a cada sesión tenemos la oportunidad espléndida de intercambiar con los hermanos confidencias y anhelos que resultan muy reveladores. Hay mucho sufrimiento, pero también muchas experiencias que revelan tesoros que a los sentidos ordinarios se escapan, no así al corazón.

Empezamos por un silencio. Creo que es muy positivo y el mejor medio de prepararnos para el encuentro, para bucear en nosotros. Ha habido mucha participación y muchas preguntas complejas y difíciles de responder se pusieron sobre la mesa. La guerra en Ucrania suscitó muchas preguntas que apuntan a cuestiones que, como el bien y el mal, forman parte de nuestro mundo y de cada uno de nosotros, sin que tengamos respuestas con las que poder congraciar sufrimiento con esperanzas de entender el porqué de nuestra condición y naturaleza. Uno de los hermanos con rotunda lucidez nos invitó a todos a volver a ir a lo esencial, al centramiento, a no dejarnos someter por la toxicidad que la repetición sobre las noticias de la guerra acarrea. Muchos comentaron que estas noticias les hacen sentirse impotentes para ayudar y que añaden una carga enorme de estrés y de ansiedad a sus vidas.

También hemos sido testigos de varios testimonios que, sin ser solicitados, surgen espontáneamente de los hermanos. Además del valor terapéutico que comportan, nos proporcionan muchas pistas para atender a los sucesos de nuestras vidas y poder entender en perspectiva. Buscamos aproximarnos a la perspectiva del alma, que de modo compasivo se acerca, mira, comprende y no juzga. Es de valor y así se está apreciando. Se ha sugerido la posibilidad de que los hermanos compartan sus experiencias y testimonios de vida por escrito. Muchos tienen tanto que ofrecer que nos sentimos llamados a hacerles esa petición. Estaremos expectantes.

Por último, es de resaltar el valor de algunos abrazos que al final de la sesión y de manera espontánea se producen. Hoy me conmovió uno en particular. Algunos abrazos perdurarán en mi mente de por vida, y aquí encontramos una riqueza extraordinaria que es una combinación de impulso lúcido y razón amorosa para seguir esta comunión que a todos nos enriquece.

Hemos empezado a llevar una hoja registro de los hermanos que acuden al taller para que desde la Fundación se pueda hacer valer ante el Centro a efectos de beneficios penitenciarios.

Viernes 4 de marzo: Tercera visita a los hermanos internos. Están presentes nueve de ellos, de los cuales siete ya asistieron anteriormente, y uno ha abandonado el módulo por acceder al tercer grado. Seguramente algunos dejarán de asistir, pero otros los reemplazarán. De momento parece que hay un núcleo muy sólido e interesado. La sesión se inició con un silencio; pretendíamos simplemente que hubiera un recogimiento previo que nos facilitara el abordar la reunión de manera más apta, distendida,

Preparando un espacio de acogida. Nos sorprendió que este silencio se extendió por más de quince minutos, sin que nadie pestañeara. Resultó muy sobrecogedor percibir tanta atención, tanto anhelo, tanta necesidad.

Seguidamente comenzamos con una charla, siempre con la finalidad de intentar lograr una perspectiva que nos permita ser observadores imparciales de cuanto vivimos, sin pretensiones de nada más que de tratar de ver, de mirar sin sentimientos de culpabilidad o de dolor que nos limiten. Se trata de ir ganando en profundidad para poder conectar con nuestros mejores atributos y valores.

Los minutos pasaron volando y nos dimos cuenta de que ya no quedaba tiempo para hacer el ejercicio de centramiento, de meditación. Sin embargo, en un último cambio de impresiones los internos nos mostraron su agradecimiento a nuestra presencia de manera muy sentida, muy real. Nos conmovió cuando uno de ellos nos dijo “por favor no dejéis de venir”. Esas palabras dan respuesta al valor de cada encuentro, de cada aproximación en un intento de que todos estemos más próximos unos a otros. Invocación y evocación se hacen uno, es un “pedid y se os dará” del que todos formamos misteriosamente parte, y del que la gracia nos ha proveído para que la unidad exista, más allá de cada uno de nosotros.

Viernes 25 de febrero: En esta segunda sesión también contamos con la presencia de diez internos, de los cuales ocho habían asistido a la primera sesión. En esta segunda reunión se ha iniciado ya una comunicación y diálogo más activos. Muchos de los internos se manifestaban y preguntaban, al tiempo que mostraban sus inquietudes. A diferencia de la primera sesión no llegamos a realizar el ejercicio de centramiento porque la charla estuvo muy animada y literalmente se nos pasó el tiempo volando.

La impresión es muy buena. Los internos han mostrado un interés y atención dignos de remarcar. Nos han acogido con los brazos abiertos y han estado en todo momento muy expectantes. Entre ellos varios nos han manifestado que conocen y practican meditación y oración.

La idea es seguir explicando la meditación y sin perder esta perspectiva o la finalidad implícita de la misma, que cada día nos ofrezca su particular necesidad. Se trata en última instancia de tener un acercamiento lo más estrecho y profundo posible para ofrecer espacios de tranquilidad, de reflexión, de paz y de búsqueda interior.

Viernes 18 de febrero: Esta primera sesión del taller contó con la presencia de diez internos. El clima de atención fue realmente sobresaliente. Básicamente consistió en una charla sobre el propósito de la meditación como instrumento de conocimiento de nosotros mismos, y que tiene efectos muy beneficiosos en todos los órdenes, desde el meramente físico al psicológico y eventualmente en el espiritual. Explicamos que se trata de una toma de conciencia, de un mirar en profundidad y perspectiva, para ver más allá de lo aparente y conectar con la naturaleza más profunda de nosotros mismos. Se plantea todo como una mera hipótesis de trabajo que nos permita a cada uno verificar la bondad de la meditación y hacer de la atención una herramienta importante para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos en nuestro cotidiano actuar.

Tras la charla, realizamos un ejercicio de centramiento, como herramienta o técnica clave en la comprensión de nosotros mismos y del proceso de la toma de conciencia de nuestra identidad más profunda. El ejercicio tuvo unos efectos muy tranquilizadores y suscitó el agradecimiento de los interno

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