DIOSES EN EL DESTIERRO – J. J. VAN DER LEEUW – Parte 12

MUDANZA DEL CUERPO ASTRAL

Capítulo 2

Cuando mudamos nuestra actitud respecto del cuerpo físico, le substraemos el centro de
la conciencia, aunque no enteramente porque entonces nos quedaríamos dormidos o extáticos; pero ya no mantenemos nuestra conciencia en el cuerpo físico; sino en superior nivel, y actuamos por medio del cuerpo físico, lo cual es muy diferente.

Después hemos de proceder respecto del cuerpo astral o emocional lo mismo que procedimos respecto del cuerpo físico, con objeto de llevar a cabo análoga mudanza.

De nuevo tropezamos con la misma dificultad. Generalmente consentimos que nuestro cuerpo emocional pertenezca al mundo emocional y que este mundo lo influya y determine en él deseos y emociones dimanantes de causas exteriores. Por supuesto que no siempre somos conscientes de ello, pues todavía no distinguimos entre el "Yo" y el "no- yo" con referencia a lo que llamamos los mundos "interiores" o sean los de la emoción y el pensamiento, y en consecuencia nos parece que las emociones y pensamientos "surgen de nuestro interior" cuando en realidad provienen de fuera o por lo menos los excita el mundo exterior .

Visto por clarividencia, el resultado es que el cuerpo astral ofrece diversas manchas de color, irregularmente distribuidas, que cambian fácilmente por externas influencias. Todo esto ha de mudarse. Debemos considerar el cuerpo emocional como nuestro vehículo en el mundo astral. Hemos de someterlo firmemente al dominio del ego y efectuar en él la misma mudanza que llevamos a cabo en el cuerpo físico. Hemos de vitalizar el cuerpo emocional desde el interior y manifestar por su medio las emociones que determinemos.

Procurad experimentar esta mudanza en vosotros mismos. Daos cuenta de que vuestro cuerpo astral está ya libre de todos aquellos mezquinos deseos y emociones que tan conturbadores son, y determinad qué emociones ha de consentir el ego en dicho cuerpo. Sentid estas emociones e irradiadlas conscientemente.
Ante todo sentid amor, no el amor que desea poseer, sino el amor profesado generosamente a todos los seres y todas las, cosas. Después, sentid devoción al Maestro, a la magna obra, a cuanto de mejor conozcáis y henchid vuestro cuerpo astral de esta devoción. Además, compadecéos de los que sufren; sentid que vuestro corazón rebosa de piedad por cuantos sufren en el ancho mundo. Finalmente, sentid aspiración espiritual; sentíos intensamente anhelantes de las cosas superiores, y suponed que la verdadera espiritualidad irradia de vuestro cuerpo emocional, que será en verdad muy diferente cuando manifieste los sentimientos y emociones que el ego le determine conscientemente a manifestar. En vez de agitarlo fluctuantes y nebulosas emociones que cambian a cada momento, será un radiante cuerpo que firmemente emita las emociones determinadas por el ego y que palpite rítmicamente bajo los impulsos interiores.

Visto clarividentemente resulta también muy distinto el cuerpo astral, pues en vez de sucias manchas de color, muestra emociones claramente definidas y concéntricamente ordenadas que sin cesar irradian del centro del cuerpo astral. Así se opera en este cuerpo mudanza análoga a la efectuada en el físico.
También en este caso cabe comparar la mudanza operada a la que se observa en una masa de limaduras de hierro, cuando se la somete a la influencia de un campo magnético. En el modificado cuerpo astral hay una céntrica, dominante y directora voluntad que por intususcepción lo vitaliza. Ya es nuestro siervo y ninguna influencia excitante ni tentadora del exterior venida podrá despertar en él emociones o deseos que no consintamos.
Ya no es entonces nuestro cuerpo astral parte ni parcela del mundo astral circundante, sino que de él está desglosado para armonizarse con el ego. Cambió la polaridad. Está ahora vitalizado desde el interior e irradia constantemente emociones superiores en auxilio del mundo.

Al efectuar esta mudanza en el cuerpo astral hemos dado otro paso adelante en el vencimiento de aquella dualidad de los yos superior e inferior que tanto nos atribuló en el pasado y que provenía de nuestra ignorancia en consentir que parte de nuestra conciencia estuviese dominada por los cuerpos. Al someter el cuerpo astral a la voluntad del ego, le substraemos el centro de la conciencia, desenredamos por decirlo así la conciencia del cuerpo en que estaba embrollada, la conducimos un paso más cerca del mundo a que pertenece y hacemos del cuerpo astral, vitalizado desde el interior, nuestro siervo.

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