Dioses en el destierro

J.J. Van Der Leeuw

EPÍLOGO     Parte 30

La exploración del mundo de nuestra conciencia, tan poco conocido de la mayoría de las gentes, es de necesidad para quien quiera conocerse tal como realmente es, como el ego residente en su propio mundo, usando los tres cuerpos como vehículos de su conciencia, pero sin dejarse dominar por ellos.

En efecto, la mística jornada descrita en las precedentes páginas es un ejercicio que han
de practicar todos los aspirantes hasta ser tan expertos en él que puedan mantener sin interrupción la conciencia egoente. El ideal es que una vez alcanzado el nivel del ego, debemos permanecer allí y negarnos a volver a los rutinarios caminos de esclavitud corporal. Hay quienes logran éxito la primera vez que practican este ejercicio. Otros pueden quedar sorprendidos por alguna excitación o trastorno y recaer en la antigua actitud antes de que hayan tenido tiempo de prevenirse. En ambos casos es necesaria la práctica regular de la conciencia del ego. En el primer caso para conservar lo conquistado; y en el segundo para recuperar lo que estuvo a punto de perderse. Aunque en los precedentes capítulos hemos explicado ampliamente diferentes puntos, acaso no comprendan bien el efectivo ejercicio espiritual quienes traten de practicarlo.
Por lo tanto, no estará de más repetir las principales puntos del ejercicio como una ruta de prueba para quienes anden en busca de la egoente conciencia. Se ha de entender que hay muchos medios de lograr el mismo fin, pero el que hemos descrito ha resultado eficaz en muchos casos ya propósito para personas: de muy distinto temperamento. Prefiero llamarlo ejercicio a meditación, aunque toda meditación debe ser un ejercicio. Si lo llevan a cabo varias personas, convendrá que una de ellas indique en voz baja las etapas del ejercicio para que se hagan simultáneamente todos los esfuerzos. Como en toda meditación, la comodidad del cuerpo físico es más ventajosa que la violencia de algunas posturas orientales; pero bueno será escoger un lugar quieto y tranquilo y al abrigo de toda perturbación.

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