Libro I – Parte 10 de 15
Carta VII (continuación)
Después de algún tiempo, un estudiante de ocultismo entra en lo que podríamos llamar un vórtice psíquico o de ocultismo. Al principio le afectan los sentimientos y las influencias a su alrededor. Cuando estos empiezan a agotarse, él pasa al vórtice causado por el poderoso esfuerzo del Ser Superior para hacerle recordar las vidas pasadas. Entonces, éstas lo afectan. Se convierten en nubes que arrojan sombras en su senda. En un momento parecen tangibles y luego desaparecen, sólo una nube. Enseguida, empiezan afectando a su impulso hacia la acción, de muchas maneras diferentes. Hoy, siente un vago deseo por hacer algo y, mirándose críticamente, no puede percibir en esta vida ninguna causa. Es el eco de una vida pasada arrojada casi en su cara. Lo hace sobresaltar y podría tirarlo abajo. Entonces, delante de él se presenta un fantasma que lo mira sobre su hombro, como si fuera una persona que se encuentra detrás mientras que te miras al espejo. Aunque muertas y pasadas, estas vidas tienen todavía poder. El también logra un poder y una elección. Si todas sus vidas pasadas estuvieran llenas de bien, entonces la fuerza benéfica será irresistible. Sin embargo, todas, de igual manera, desfilan delante de él, el cual acelera su llegada mediante sus esfuerzos. Otros se ven atraídos en el vórtice alrededor de él, y sus gérmenes por el bien o el mal, maduran activamente. Esta es una fase de la operación del vigor Kármico. Esta es la elección: dichos sucesos se subsiguen uno tras otro ofreciéndose, por así decirlo. Si él elige lo equivocado, la lucha se hace áspera. La cosa seleccionada atrae otras antiguas, tal vez semejantes, ya que todas tienen su propia vida. ¿Te extrañas si en el caso de aquellos que se precipitan en el “círculo de los ascéticos” sin estar preparados y antes de su momento oportuno, a veces se vuelven locos? Sin embargo, aquella demencia es su seguridad para la próxima vida o para su retorno a la razón. Recibe mis fraternas promesas y mi constante deseo de ayudarte.
En lo que concierne a la acción Kármica, es bueno recordar lo que Patanjali declaró: “las obras existen sólo en la forma de depósitos mentales.” (Libro 2, Aforismo 12, A.) En este caso, el término “obras” significa Karma, el conjunto acumulado de obras o Acción. Sus resultados permanecen como depósitos mentales o potenciales energías en la parte superior del quinto principio y, cuando se reencarna, dichas semillas están ahí para “madurar sobre las tabletas mentales” cada vez que estén expuestas a circunstancias adecuadas. A veces permanecen dormidas por carecimiento de algo que las despierte, como acontece con los niños. “Cuando los depósitos mentales de las obras, reunidos en el campo mental desde un período sin principio, llegan gradualmente a la maduración, existiendo, también, en escala menor o mayor (la suma del mérito es inferior a la del demérito, o vice versa), conducen a sus efectos induciendo el nacimiento en un estado social inferior o superior […] o a la experiencia en el bien o en el mal.” (Libro 2, Aforismo 13, B.)5
La mente nos da energía y nos induce hacia la nueva acción. El impulso descansa en el interior, en germen, y puede madurarse por medio de la sugerencia interior o exterior. ¿Podemos entonces ser demasiado cuidadosos en vigilar el campo de la mente, velando con atención sobre nuestros pensamientos? Los pensamientos son dinámicos. Cada uno de ellos, una vez que deja la mente, tiene una vis viva propia, proporcional a la intensidad con la cual fue emitido. Como el trabajo ejecutado por un cuerpo móvil es proporcional al cuadrado de su velocidad, podemos decir que la fuerza de los pensamientos es medible por el cuadrado o la cuarta potencia de su espiritualidad, ya que, siendo impersonal, fluido y desvinculado de todo centro limitante, actúa con una rapidez inimaginable. Se dice que un pensamiento, al dejar la mente, se asocia con un elemental y es atraído a cualquier lugar en el cual se encuentre una vibración semejante o, digamos, un terreno favorable, como acontece con la semilla del cardo, la cual flota hasta que se siembra en un lugar y no en otro, en el suelo de su elección natural. Por lo tanto, el ser humano virtuoso, al admitir un pensamiento material o sensual en su mente, aunque lo expele, lo envía a incrementar los impulsos negativos del ser vicioso, del cual se imagina separado por un gran abismo, mientras que, quizá puede haberle proporcionado un nuevo impulso hacia el pecado. Muchos seres humanos son como esponjas, porosos y absorbentes, listos a permearse con cada elemento que su naturaleza prefiera. Todos nosotros tenemos más o menos tal cualidad, atraemos lo que amamos y, cuando nuestra vitalidad nerviosa se agota, podemos derivar una fuerza más grande desde la vitalidad de los pensamientos procedentes del exterior, que de aquellos auto reproducidos internamente. El pensamiento de nuestra responsabilidad para el impulso ajeno es de índole solemne. Vivimos los unos en los otros y nuestras acciones ampliamente diferentes, a menudo tienen un origen común. El ocultista no puede avanzar un amplio tramo a lo largo de su sendero, sin percatarse hasta que gran nivel es “el custodio de su hermano.” Nuestras afinidades son nosotros mismos, en cualquier suelo que puedan vivir y madurar. J. N
5 Los pasajes anteriores no se extrapolaron de la interpretación de Patanjali por Judge, sino que de alguna otra edición. Para un estudio paralelo, consultar los aforismos correspondientes en la versión de Judge, Libro IV., aforismos 7-11. Editores.

