Cartas que me han ayudado – W.Q. Judge

Libro II  – Parte 21

Carta XX

A aquellos que amo y que trabajan conmigo.

Mis últimas palabras antes de ir a la Convención.

Desde que las actuales nubes se han agregado, surgieron dudas y preguntas acerca de algunas cosas. Entre otras afirmaciones, se ha dicho que hubiera sido mejor que Olcott hubiese dejado el cargo de Presidente, que sería bueno, para él, abdicar y así sucesivamente. No deberíamos tener tales opiniones y si las tuvimos debemos abandonarlas. En la Sociedad Teosófica, como en el mundo y en el ser humano, existen dos fuerzas activas: el bien y el mal. Esto no podemos evitarlo ¡es la Ley! Sin embargo, tenemos reglas y hemos predicado el amor, la verdad y la bondad, pero sobre todo, hemos hablado de gratitud, no sólo de los Maestros; sino entre nosotros. Ahora bien, esto es aplicable a dichas cuestiones concernientes a Olcott, ya que al mismo tiempo intervienen los principios de la conducta del Movimiento. Concédeme comunicarte lo que me dijo una persona en la cual creo y con cuyas palabras convengo:

“El mantiene su posición por dos razones: (a) Para pagar una deuda de gratitud y porque (b) la Sociedad Teosófica no debe dar la impresión al mundo exterior que está a punto de escindirse o de transformarse en entidades separadas. Debe permanecer un todo único sólido e indivisible de un lado a otro, aun manteniendo a su ‘incompetente presidente.’ No se debe saber que es totalmente incapaz. El puede, si bien asistido, seguir realizando su pequeña parte del trabajo hasta el final. El trabajo no puede fallar porque aquí y allá las personalidades yerran, pecan y no son sabias. La Verdad permanece y Es, quien sea el que falle, la multitud mira siempre al líder visible. Si cae en pedazos como un rompecabezas desarticulado, de inmediato ellos dicen ‘la verdad no existe, no hay nada lo cual Es,’ arruinando el trabajo de un siglo que se debe volver a construir desde los fundamentos y años de una tendencia regresiva deben interponerse entre el fracaso de una empresa y el comienzo de otra. El mismo poder que invalidó su proyecto de resignación anulándolo, solucionará la actual dificultad. Permíteme decir una cosa que SÉ: sólo el sentimiento de verdadera hermandad, de verdadero amor hacia la humanidad, despertado en el alma de alguien suficientemente fuerte para detener esta marea, puede ayudarnos a superar las dificultades. Ya que el AMOR y la CONFIANZA son las únicas armas capaces de vencer a los REALES enemigos en contra de los cuales el verdadero teósofo debe luchar. Sin embargo, fracasaremos si tú o yo emprendemos este combate inducidos por el orgullo, la voluntad personal, el deseo de mantener nuestra posición en la faz del mundo, es decir: cualquier motivo que no sea el más puro. Examinemos muy bien nuestra alma y observémosla como nunca hicimos antes. Veamos si en nosotros reside la realidad de la hermandad que predicamos y que supuestamente debemos representar.”

Recordemos estas famosas palabras: “Sed sabios como serpientes e inocentes como palomas.” Tengamos presente la enseñanza de los Sabios que la muerte en la realización de nuestro deber es preferible al cumplimiento del deber ajeno por bien que lo efectuemos, ya que el deber ajeno está lleno de peligro. Seamos seres de paz y en favor de la paz y no sólo de la guerra.

Como siempre, sinceramente tuyo,

William Q. Judge

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