Cartas que me han ayudado – W.Q. Judge

Libro I – Parte 1 de 15 

 

                                             Prefacio

En la búsqueda por la libertad, me dirijo a aquel Dios
El cuál es la luz de sus propios pensamientos. Un ser humano que
Lo conoce verdaderamente transciende la muerte, no existe
otra senda que recorrer.
                                                         Upanishads

En el “Path” del mes de Mayo de 1886, encontramos las siguientes
palabras: “Necesitamos una literatura no sólo para las personas
intelectualmente elevadas, sino que también para las de un carácter
más simple y que trate de interesar a las mentes ordinarias dotadas del
sentido común, que aspiran, verdaderamente, a encontrar tal asistencia moral
y mental que las obras más pretenciosas no alcanzan.”

Por lo general, la experiencia de un estudiante es aquella de todos. Sin
embargo, los detalles difieren. Algunos se enriquecen más rápidamente que
otros, ellos son los que emiten un más vigoroso y generoso esfuerzo o poseen
un depósito Kármico que les ayuda. Esto lo decide lo que los teósofos
conocen como Karma o la ley de acción y reacción espiritual que opera
similarmente sobre todos los planos: físicos, morales, mentales, psíquicos y
espirituales. Es posible agotar nuestro Karma en cualquiera de dichos planos
cuando nuestra vida se concentra principalmente en uno de estos, no
importando sobre cual otro plano se originó algún impulso inicial o su
ramificación.

El autor, cuando por primera vez se convirtió en un estudiante teosófico, en
sus estudios se benefició de la ayuda de un ocultista adelantado. Este amigo
le envió, junto a los demás, las cartas que aquí imprimimos, esperando que
puedan asistir a otros, como asistieron al receptor original. Ellas no son
tratados minuciosos, son simplemente sugerencias expresadas por una
persona la cual sabía que la primera necesidad de un estudiante consiste en
aprender como pensar. Indican la verdadera dirección y toca al estudiante
esclarecer sus percepciones, recurriendo y ampliando sus intuiciones para
desarrollarse, ya que cada cosa creada debe, al final, desplegarse mediante
sus esfuerzos internos. Dichos estudiantes han pasado el punto en el cual su
medio ambiente externo puede afectar, favorablemente, su crecimiento. Ellos
pueden aprender de esto, pero ha llegado, también, el momento de resistirlo y
dirigirse al ajuste interno hacia (sólo) relaciones superiores.

El hecho que tales cartas sean breves, no debe extraviar el lector. Cada
declaración contenida en ellas es una aserción de la Ley. Indican las causas
de las cuales la vida es un efecto, esa vida que emerge de la acción del
Espíritu en la Naturaleza y que debemos comprender como se manifiesta en
nosotros, antes de poder adelantar a lo largo de la Senda. En todos estos
preceptos piadosos o éticos, se encuentra un sentido científico, ya que la
Religión-Sabiduría nunca relaja su dominio sobre la ciencia, ni intenta
separar un efecto de su causa. La mayoría de tales directivas se cimienta en la
constitución del Archaeus, o Alma del Mundo y en la correlación de sus
energías, mientras que otras se adhieren al Eterno.

Al mismo tiempo, el lector debería prevenirse de descuidar estas cartas,
inducido por la extrema modestia de Z. Un ocultista nunca es un ser
verdaderamente poderoso hasta que no haya completamente aprendido y
manifestado la siguiente verdad:
“Y el poder que el discípulo debe desear, es aquel que lo haga aparecer
como nada a los ojos de la humanidad.”

El ojo interno, el poder de ver, penetra más profundamente en la fuente del
conocimiento de un ser, considerándolo según su verdadero valor. Estos
hombres que participan en lo Divino, cuyo primer oficio consiste en dar,
teniendo un aspecto externo que engaña a los sentidos terrenos, muy a
menudo están protegidos de las exigencias y la curiosidad de personas
descuidadas. Algunos seres son grandes por el Poder que los respalda: las
energías divinas que fluyen a través de ellos. Son grandes en cuanto
comprendieron como recibir tal influencia celestial de las esferas superiores
del Ser. Son los oficiantes designados, los verdaderos servidores de la Ley y
discípulos de los Maestros cuya función es humanitaria y universal.

Tal ayuda nunca se ofrece voluntariamente, sino que obedece a la
necesidad Kármica y una vez impartida, deja al estudiante libre de seguirla o
no, según su intuición. El asunto carece de toda sombra o vestigio de
autoridad según el sentido común de la palabra. Aquellos que viajan por la
senda desconocida, envían mensajes y el que puede, los recibe. Aquí se han
grabado sólo pocos de los primeros pasos y se han superado únicamente los
obstáculos iniciales. No se encuentra ninguna sugerencia relativa a la
fascinación de la magia, ninguna fórmula de creencia o de poderes ocultos,
se contesta simplemente a las interrogantes de un alma que se está
despertando, mostrando al peregrino donde se encuentre la entrada al
Sendero. El mundo en general busca los hechos de la ciencia oculta, sin
embargo, el estudiante que ha decidido alcanzar la meta, desea encontrar el
verdadero camino. Lo que a los ojos de otras personas puede parecer simple
ética, para él es instrucción práctica, en cuanto al seguirla, pronto percibe su
relación con los hechos y las leyes que puede verificar; y lo que le parecía
simplemente el lenguaje de la devoción, resultará ser aquello de la ciencia,
pero la ciencia es espiritual ya que la Gran Causa es Espíritu puro.
En algún momento, muchos estudiantes se encontrarán donde se halló el
escritor, al principio de la senda. Divulgamos públicamente esta
correspondencia para todas dichas personas, rogándoles discernir en las
palabras impresas, su imperecedero sentido. Quizá se alegren en descubrir las
huellas de un compañero a lo largo del tortuoso Sendero sobre el cual
resplandece constantemente la luz de la Verdad. Sin embargo, aún dicha luz
no siempre es un claro esplendor. “Durante el día” puede parecer “una nube
y por la noche una columna ígnea.” Debemos interrogar cada aspecto
externo, aún aquel de la Fe, en cuanto el secreto y el germen de las cosas se
hallan en su esencia. Purifiquemos también nuestra Fe, busquemos la Verdad
misma, y no nuestras preconcepciones de la Verdad. En su espejo nunca
veremos nuestro rostro familiar, lo que discernimos es aún nosotros mismos
porque nuestro verdadero ser es verdad.

Mientras que el movimiento teosófico obtiene un nuevo impulso, los
neófitos pueden encontrar una ayuda en estas cartas que tanto me
sostuvieron, o ser animados por una cierta similitud de pensamiento, el cual
los ayudará en el verdadero problema que encararán. Inmediatamente,
consideramos que tal asunto sea la adquisición del conocimiento oculto. Muy
pronto, nos percatamos de que el sentido de todos los escritores ocultos
verdaderamente informados se nos escapa. Constatamos que los libros sirven
sólo para hacernos recordar lo que sabíamos en el pasado remoto, quizá
cuando “paseábamos con la Divinidad” y los ecos despertados en nosotros
son tan débiles que raramente se captan.

Al estudiar la filosofía, la metafísica, la física, la ética, la armonía, la
astrología, las ciencias naturales, el astralismo, el magnetismo y todo el resto,
encaramos una interminable contradicción y diferenciación, por lo tanto,
siempre necesitamos alcanzar el equilibrio de nuestra intuición. Descubrimos
que aún, no se ha escrito la última palabra sobre cada uno de los temas
superiores (a menos que se hable de la matemática y muy poco allí también)
y que todo nuestro aprendizaje es simplemente una señal hacia aquel
conocimiento supremo de la Verdad que sólo se encuentra en el corazón
humano donde se le custodia cuidadosamente. Confiando en nuestras
percepciones internas para una continua readaptación, en cada experiencia
nuestra se nos presenta la misma advertencia: ¡Prepárate a abandonar todo
lo que aprendiste! Al ignorar el único centro, no podemos conocer
precisamente algún subcentro. Como desconocemos la causa, los efectos nos
extravían. Entonces, nos dirigimos hacia aquel misterioso centro en el cual el
Uno se manifiesta en el ser humano y empezamos el estudio del corazón, en
sí mismo y en la vida que ha organizado a nuestro alrededor.

Actualmente, la necesidad más impelente del estudiante consiste en
ponerse en comunicación más directa con el mundo de las causas. Sólo una
cosa lo obstaculiza, él mismo. Su fibra es tan burda que no puede ser
“receptivo al pensamiento y capaz de absorber el mar de luz.” Por lo tanto,
dirige su voluntad para refinar y disolver su ser inferior, o sea: el individuo
con el cual ahora se identifica. Con respecto a esto, cada persona opera de
manera distinta, pero todo individuo que adelanta descubre que, durante cada
nuevo período de su vida interna, emerge delante de sí un ser inédito. Al
considerar algunas semanas o meses pasados, se sorprende al notar la clase
de individuo que era entonces y sonríe de manera piadosa, como se hace con
las descoloridas cartas de nuestra juventud.

Sin embargo, existen algunos que se fosilizan en su rutina, que luchan
poderosamente para destrozar la masa que ha resistido a todo medio
ambiente, cambios y a todas las condiciones de la vida en progreso. Ellos se
han hecho lo que los enemigos desean perpetrar en los demás, son la piedra
en su propia senda.
Lo que nuestros hermanos orientales llaman “las envolturas del corazón,”
se separan una a una y cuando la última se abre violentamente, caerá un
silencio, el silencio de la muerte mística. Sin embargo, “los muertos
resucitarán” y de aquella muerte emergerá el primer crecimiento suave de la
vida eterna.

En las páginas siguientes, no iremos más allá de este punto. Sin embargo,
el escritor, habiéndose percatado de los verdaderos problemas de manera tan
violenta, al principio dirigió toda su fuerza hacia el autoconocimiento y el
correcto uso del pensamiento, ofreciendo entonces una parte de sus primeras
instrucciones a sus compañeros que, sinceros de corazón y animados por una
fe superior, consideran la Verdad más preciosa que toda vida material,
buscándola a lo largo del sendero oculto. En el universo no existe vínculo
igual a aquello que ata a tales compañeros. Se ha forjado en los fuegos de
inexpresable angustia, se ha asegurado con firmeza para un propósito
indomable y un Amor único en su género porque Divino. El odio feroz de los
mundos visibles e invisibles no puede alterar a un ser mientras permanezca
fiel a sí mismo, en cuanto esta vida más amplia es él y, a medida que crece
hacia ella, sus limitaciones autoimpuestas desaparecerán, y al final será un
alma libre en la Luz celestial que es la Libertad misma, obediente sólo a la
Ley de su Ser divino. Para alcanzarla, obedezcamos a la Ley de nuestro
propio Ser, ya que en verdad el Ser es Uno.

Mis compañeros, en cualquier lugar que os encontráis, os saludo.

JASPER NIEMAND
Miembro de la Sociedad Teosófica.

 

 

                                    
                                         

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