Dioses en el destierro

J.J. Van Der Leeuw

Capítulo 4  Parte 25

EMPLEO DE LA VOLUNTAD EN OCULTISMO

Cuando aplicamos todo esto al empleo de la voluntad para llegar a la meta de la perfección, vemos fácilmente por qué tan a menudo fracasamos. Determinamos llegar a la meta, alcanzar nuestro espiritual destino. Al efecto nos trazamos una línea de conducta según ciertos principios que consideramos esenciales.
Pues bien, si mantuviéramos la voluntad enfocada en este único propósito, con exclusión de cuanto amenazara contrariarlo, no tropezaríamos con dificultades ni necesaria fuera la lucha. Lo que en realidad hacemos es que cuando se nos depara ocasión de seguir la línea de conducta que nos hemos trazado, comenzamos a pensar en las ventajas e inconvenientes, en lo agradable y desagradable de la particular acción que nos proponemos realizar, y una vez forjadas las imágenes mentales o formas de pensamiento, las vigorizamos con la emoción y el deseo, de modo que se interponen en el camino de realizar nuestra primera intención. Entonces comienza la lucha con todos sus adyacentes males, con sufrimiento propio, fatiga de los cuerpos y el riesgo de fracasar en la empresa. Desde luego que debemos considerar las circunstancias, empleando siempre el buen sentido y el deliberado juicio, pero no hemos de permitir que extrañas influencias nos desvíen de nuestra línea de conducta.

Por lo tanto, tratad de reconocer esta voluntad en vuestro interior. Considerad que ocupa vuestra conciencia como una deslumbrante luz blanca; imaginad la irresistible y capaz de mantener firme el propósito hasta su completa realización.

Una vez reconocido y experimentado este genuino poder de la voluntad, ya nunca podremos hablar de flacas, voluntades, porque la voluntad es una potencia verdaderamente divina, y si no comprendemos sus funciones y su significado en nuestra vida, no podremos cumplir nuestro destino.

Así pues, emplead el poder de la voluntad para mantener en vuestra conciencia el único propósito de perfeccionaros en servicio del mundo. Tal debe ser vuestra absorbente y dominante pasión sin consentir que nada la contraríe ni entorpezca. No ha de ser un deseo egoísta, como lo sería mientras no entrarais en el mundo del ego ni comprendierais lo que significa la unidad. Únicamente cuando comprendemos, cuando conocemos que toda la creación es completa e indestructiblemente una echamos de ver la imposibilidad de la salvación individual. Salvación equivale a perfección y significa unión con la divina Vida presente en todas, las cosas, y por tanto nunca puede ser individual y restringida a unos cuantos elegidos. El éxito de uno es el éxito de todos. Cuando un ser humano alcanza el adeptado, toda la humanidad, la creación toda triunfa en él, y un nuevo cordón viene a enlazar la humanidad con Dios, surge un nuevo poder para aliviar la carga de los sufrimientos del mundo. Cuando en La Divina Comedia de Dante sale un alma del purgatorio y entra en el paraíso, todo el purgatorio se estremece de júbilo. Esto es literalmente verdad. El éxito de un ser humano es motivo de alegría para la creación toda, y nunca se contrae a un éxito individual. El anhelo de perfección es el anhelo de desvanecer la ilusión de separatividad y reconocer la realidad de la vida universal, de suerte que egoísmo y perfección son términos contradictorios.

Por lo tanto, procurad emplear en bien de todos los seres este poder verdaderamente divino que todos poseemos, y mantened la conciencia enfocada en la idea de perfección, y que esta idea predomine en cuanto hagamos.
Al principio nos será algo difícil efectuar nuestra ordinaria labor mientras mantengamos la conciencia enfocada en las cosas superiores; pero no tardaremos en contraer este hábito, y el anhelo de perfección será el permanente fondo en que bordaremos el dechado de nuestra vida diaria.

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